LITERATURA Y FRAGA.

FUCO Y FENDETESTAS

LA LITERATURA ESPAÑOLA Y LA FRAGA DE CECEBRE.

Pocos libros han descrito el mundillo literario español como “El bosque animado” de Wenceslao Fernández Flórez. Novela publicada en 1943, es una hermosa metáfora de ese mundo culto, retórico, poético e intelectual, que, de forma pedante y afectada, llamamos la Literatura Española, donde nadie es lo que es, y todo el mundo ansía parecer un personaje al que le faltan sus virtudes definitorias.

Los escritores en España viven permanentemente en la fraga:< Se describe la fraga, un lugar que “es toda vida: una legua, dos leguas de vida entretejida, cardada, sin agujeros, como una manta fuerte y nueva, de tanto espesor como el que puede medirse desde lo hondo de la guarida del raposo hasta la punta del pino más alto”, en la que los árboles de diversas especies formas y edades tienen protagonismo, luchando y relacionándose entre ellos, y entablando conversaciones como si de seres humanos se tratara.>

Allí andamos todos, emboscados, buscando el duro que perdió la Pilarica:<Al volver Pilara de vender la leche de Juanita Arruallo, pierde un duro. Juanita obliga a Pilara a “desandar el camino, buscándolo cuidadosamente. Pero antes tenía que dar de comer al ganado, preparar la olla del caldo, extender tojo cortado sobre la era, que se estaba convirtiendo en un barrizal, y limpiar el horno…” Sin embargo, es, al final, el malvado y haragán aprendiz de ladrón Fendetestas quien encuentra el duro antes que Pilara.>

Cuanto aspirante a bandido te cruzas en estos lares, todos cubiertos de mugre y negociando con la perjudicada víctima a la que intentaba sacarle los cuartos a punta de una falsa pistola. Al final todo queda en un triste y denigrante pacto, chalaneo, concierto o convenio, donde nunca queda claro quién es el taimado malhechor y quién el ingenuo inocente.

Funcionarios de Carrera, de inocua catedra infecunda, andan llorando a los pies de la cama de la Moucha, la meiga enferma cuasi finada, con la pretensión de que la vieja les enseñe y les haga “meigas honoris causa” antes de morir. Cediéndoles el afamado “Libro de San Ciprián”, reputado por libro de brujería, cuando en realidad no es otra cosa que un libro escrito en latín de los comentarios de Julio César de la Guerra de las Galias-, que pasará a pudrirse en cualquier depósito de una Universidad de segunda, donde las sardinetas o “pececillos de plata”, darán debida cuenta de él.

Mucho intelectual pocero cojo, sin cojones, que intenta que todo el mundo comprenda lo imposible: El inicio del discurso sofista erudito que tiene su base en el materialismo dialéctico. Gran teórico del arte amatorio, que no se ha comido un rosco en su vida…

Están los señores de los grandes Pazos, esos caciques monopolísticos, que controlan la edición, y que siempre van acompañados de una caterva de locos bufones, que son la alegría de la casa y disfrute de las visitas.

Y por último estamos los fantasmas, las almas en pena de “Fiz de Cotobelo”, un ánima perdida que suspira por no haber cumplido en vida sus dos sueños: ir en peregrinación piadosa a San Andrés de Teixido, y viajar a las Américas. Somos miles, millares de espectros, que no cumplimos nuestros sueños y caminamos errantes por la fraga, poniendo en peligro con nuestra molesta presencia, los espurios negocios de los señores de los Pazos, los bandidos “Fendetestas”, y los resabiados lectores de manuales de autoayuda, los “Fucos” de la fraga, aprendices de rufianes, que son los listos de la historia, porque no tienen estudios, o los justos para mercadear el señuelo de un timo…

Y todo se sostiene por la moral de los animales, los árboles y las plantas, que nunca llegan a entender del todo el estúpido proceder de los humanos, sobre todo el de los pedantes intelectuales materialistas…

FIX DE COTOBELO

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El Retraimiento y el Apoliticismo bajo la luz de Machado.

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DEL RETRAIMIENTO Y EL APOLITICISMO.

Pocas fórmulas políticas hemos inventado los españoles. Es más, frente a las opciones constructivas, nosotros nos hemos especializado en el sabotaje cíclico del sistema.

El retraimiento (gran invento español del siglo XIX) es una estrategia política mediante la cual un partido no se presenta a las elecciones con el fin de denunciar la falta de legitimidad de un partido gobernante o de un régimen político en el poder. Consiste en abstenerse de participar en el juego político animando a los seguidores a abstenerse de votar.

Durante el siglo XIX, en un momento en el cual, en nuestro país, estaba poco desarrollado el sistema parlamentario, todos los partidos políticos promovieron en algún momento esta estrategia. Los liberales lo hicieron antes de 1868, causando la caída de la monarquía y la llegada de la revolución de septiembre; y los alfonsinos, republicanos y carlistas lo hicieron en 1872 con el fin de provocar la caída de la monarquía de Amadeo de Saboya.

En ocasiones el «retraimiento» fue practicado en combinación con la insurrección o los pronunciamientos militares. El no reconocimiento del régimen político establecido, la denuncia de que dicho régimen no permitía el libre juego político, por ejemplo, a base de manipular las elecciones, o, en fin, las escasas posibilidades de lograr un buen resultado electoral, fueron las razones para boicotear el proceso político y promover la abstención.

De tal forma que Don Antonio Machado pone en boca de su “maestro”, Don Juan de Mairena este dialogo:

“—Alguna vez se ha dicho: las cabezas son malas; que gobiernen las botas. Esto es muy español, amigo Mairena.

—Esto es algo universal, querido don Cosme. Lo específicamente español es que las botas no lo hagan siempre peor que las cabezas”.

Y no mejoramos, Mairena les dice a sus alumnos:

La política, señores -sigue hablando Mairena-, es una actividad importantísima… Yo no os aconsejaré nunca el apoliticismo, sino, en último término, el desdeño de la política mala que hacen trepadores y cucañistas, sin otro propósito que el de obtener ganancia y colocar parientes. Vosotros debéis hacer política, aunque otra cosa os digan los que pretenden hacerla sin vosotros, y, naturalmente, contra vosotros. Sólo me atrevo a aconsejaros que la hagáis a cara descubierta; en el peor caso con máscara política, sin disfraz de otra cosa; por ejemplo: de literatura, de filosofía, de religión. Porque de otro modo contribuiréis a degradar actividades tan excelentes, por lo menos, como la política, y a enturbiar la política de tal suerte que ya no podamos nunca entendernos.

    Y a quien os eche en cara vuestros pocos años bien podéis responderle que la política no ha de ser, necesariamente, cosa de viejos. Hay movimientos politicos que tienen su punto de arranque en una justificada rebelión de menores contra la inepcia de los sedicentes padres de la patria. Esta política, vista desde el barullo juvenil, puede parecer demasiado revolucionaria, siendo, en el fondo, perfectamente conservadora. Hasta las madres -¿hay algo más conservador que una madre?- pudieran aconsejarla con estas o parecidas palabras: “Toma el volante, niño, porque estoy viendo que tu papá nos va a estrellar a todos -de una vez- en la cuneta del camino”.

Estamos pues ante un problema, al parecer, endémico de una sociedad que no logra despegar, anclada en una mala praxis que perdura en el tiempo y cuya regenaración no puede sino venir de mano de la pureza y la inocencia de los espíritus jóvenes aún no contaminados por un sistema político caduco y corrupto. Esta es la tesis de don Antonio Machado que, en la situación que hoy se está viviendo, cobra toda su actualidad.

Vivimos en un país esperpéntico al más puro estilo valleinclanesco. Quienes debieran ser los representantes de los valores puros del juego democrático han apostado por asentar un sistema que impide la democracia incurriendo así en un espejismo de manipulación. En una democracia deben primar los valores éticos, que quienes gobiernan lo hagan cuidando los intereses de los gobernados sin engaños y sin mentiras. Hoy todo está permitido para perpetuarse en el poder. Vemos cómo nuestros políticos han dilapidado un ciclo de bonanza económica en continuas malversaciones e inversiones sin sentido y sin futuro. Han gestionado pésimamente el fruto del trabajo de sus ciudadanos. Han cometido todo tipo de delitos económicos pero no hay ninguna responsabilidad civil para quienes nos han llevado a la ruina. Por no haber, no hay ni una dimisión. La solución que nos ofrecen está en alentar la apariencia de posiciones ideológicas enfrentadas.

No existe democracia real cuando el poder judicial está instrumentalizado por el poder legislativo -véase el Fiscal General o el Tribunal Supremo-, tampoco la hay cuando los ciudadanos no tienen otra opción que votar listas cerradas con independencia de que algunos componentes puedan, incluso, estar imputados en causas judiciales; tampoco la hay cuando la disciplina de voto de partido merma las funciones del Parlamento obligando a las personas elegidas, incluso, a votar en contra de su conciencia a favor de directrices concretas orquestadas por la demagogia del momento. Tampoco puede existir libertad de expresión y de presión cuando los sindicatos están sostenidos por el Gobierno. Todo es políticamente correcto, pero cívicamente inútil.

No cabe reacción desde la población adulta porque ha sido adiestrada en una bipolaridad partidista en la que “los suyos” siempre tienen razón hagan lo que hagan. Mensajes sencillos mueven los sentimientos y la visceralidad sin que la razón intervenga en la votación. Los grandes partidos se perpetúan, los dirigentes también. No hay regeneración de ideas, de principios, de conceptos. Hemos asistido a ministros y ministrables sin una mínima titulación universitaria que los capacitase, por encima de ideologías, para el trabajo en el ámbito en que fueron destinados. Tampoco una mínima preparación profesional puesto que nunca antes trabajaron en nada que no fuera la política. Con casi cien años de antigüedad, Antonio Machado está retratando el “tipo” que aún hoy sigue siendo el lastre del país.

Y si esto existe -la mentira, el dispendio, el abuso, la dilapidación…- es porque lo consentimos. La conciencia social, que debiera ser árbitro de tanta barbarie, está desviada como en el espejo cóncavo del callejón del gato. El pueblo admira al arribista y piensa que es un listo por aprovecharse de la ocasión que le brinda el cargo, y lo reelige. No es de extrañar, a la manipulación de la tribuna decimonónica se le ha sumado la de la televisión con su información focalizada y sus partidos de fútbol o sus programas de “famosos”. No interesa aplaudir el esfuerzo ni la inteligencia, sino la estulticia elevada a “princesa del pueblo” sin que el pueblo se dé cuenta de que así lo están llamando “imbécil”.

Por todo esto, la regeneración política y espiritual de España no puede venir de la mano de los viejos, sino de la ilusión y la energía de las mentes jóvenes. Si es cierto que la televisión es una pantalla de deformación permanente, no lo es menos que contamos en la actualidad con medios técnicos para coordinarnos e intentar, entre todos, un cambio radical. Las redes sociales, la telefonía móvil, Internet, los mensajes que conectan instantáneamente realidades distantes son las nuevas bases para la formulación de propuestas globales y con ello, la organización de protestas colectivas mundiales. Es necesario promover la conciencia social de la urgencia en esta transformación porque el tiempo se nos agota y serán nuestros hijos, las próximas generaciones, las que pagarán las consecuencias. Y si miramos al pasado, sea para aprender de nuestros errores, no para seguir siendo víctimas de ellos condenando nuestro futuro. Y urge, además, porque el terreno ya está abonado y no lo dudéis: “Si no sembramos trigo, vendrá quien se aproveche para sembrar cizaña”.

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El gancho de Heinrich Böll

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OPINIONES DE UN PAYASO.

Así se llama el libro de Heinrich Böll que más me ha afectado, tanto emocional, como psicológicamente.

De golpe entendí de lo que habla Kafka cuando entiende la literatura como “un hachazo”.

Dos semanas estuve noqueado, como si el campeón de los pesos pesados me hubiese endosado un gancho en la boca del estómago, haciéndome doblar las rodillas.

Desde entonces, cada vez que leo algo del escritor alemán, mantengo la guardia alta y la distancia prudente. Sus golpes son demoledores, y otra vez me volvió a tumbar con «Billar a las nueve y media».

Y mira que me he ido fajando con obras que creía que me prepararían para aguantar la llamada “literatura de escombros” del Nobel germano, pero le das un resquicio, y te tumba…

Es normal, Böll con 15 años vivió el ascenso de los nazis al poder, tuvo que soportar en directo la Noche de los cuchillos largos, la cual establece definitivamente el terror, sobre Alemania. Sus deseos de estudiar filología alemana, se frustran cuando en el verano de 1939, fue reclutado para la Wehrmacht. Ya nada volvería a ser igual, intentó recuperar sus estudios tras la guerra, pero acabó trabajando en la carpintería de la familia, soportando de primera mano la mentira de la postguerra germana, donde los nazis reeducados, seguían acaparando los cargos de relevancia.

El nunca creyó en el milagro alemán de los sesenta, que sepulta con mentiras y vasallaje, convertir al dividido pueblo germano, en el muro inexpugnable de la guerra fría.

Su compromiso moral y político, lo hacen un escritor molesto para los nuevos mandatarios. Y durante los años de plomo del terrorismo alemán, fue uno de los pocos intelectuales que supo mantener una cierta imparcialidad, frente a la ferocidad que la prensa exigía al Estado Alemán.

El 10 septiembre de 1972, Heinrich Böll fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo. Dado el resurgimiento de escritores e intelectuales perseguidos en todo el mundo, en Occidente y en Oriente, Böll reivindica el abandono del concepto hipócrita de no interferencia en los asuntos internos de otros estados. Entre los países en los que se procesa a los intelectuales cita a la Unión Soviética, Turquía, España, Brasil y Portugal.

Un referente moral, un escritor de principios, siempre cercano a la gente del pueblo (vivió en una casa en el pueblo de Langenbroich, cerca de la ciudad de Düren), se convirtió con el tiempo en esa molesta conciencia que siempre avisa de las mentiras que hacen correr a las masas. Escritor ágil y de estilo fino, desde una posición católica fue crítico con la xenofobia y el extremismo de derecha en Alemania.

Desencantado con la forma de gobernar de la socialdemocracia alemana, acabó apoyando a los “verdes”, que se constituyeron en una nueva fuerza política.

Si vas a leer a Heinrich Böll, prepara tus defensas, pues los golpes duros irán cayendo como mazazos. No es un narrador de tres al cuarto, es un “peso pesado” y en un solo párrafo te hará sentir la lona. Su escritura no son juegos florales, ni filigrana, es la intrincada labor de un maestro carpintero-escritor, que nos ofrece una visión aceradamente crítica de esa Alemania del siglo XX que, en aras de la gloria militar y de la prosperidad material, simbólicamente designadas como el “sacramento del búfalo”, ha sacrificado y escarnecido tantas veces los principios de la moral y el respeto a la libertad de los hombres, simbolizados en el “sacramento del cordero”.

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EL CUENTO DEL SHERPA…

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LA MENTIRA DEL SHERPA.

Que conste que uno es muy viejo y ha visto cosas indescriptibles, sobre todo en el devenir político de este acuartelamiento chusquero llamado España.

Tuve la suerte (o la desgracia), cuando era joven e indocumentado, de asistir a uno de esos cónclaves políticos que fueron claves en el desarrollo de nuestra malograda transición.

Era una reunión de una fuerza “progresista” (maldita palabra que desde entonces abomino) que, gracias al ruido de sables, la manipulación de las masas y el apoyo financiero del “lado oscuro”, había conseguido “asaltar los cielos” con una mayoría absoluta tan incontestable que podía haber cambiado al Estado español, como se da la vuelta a un calcetín.

A aquella convención llegaba un carismático charlatán sevillano, rodeado de toda una cohorte de adláteres serviles dirigidos por un flaco “goebbelsliano”, que dirigió la función teatral de tal manera, que lo que debía ser una asamblea, se constituyó en un culto al amado líder tragasables.

Entre vítores y abrazos, subió a la tribuna aquel engreído y felón “tribuno de la plebe” a contarnos una fábula hueca que solo algunos entendimos. Empezó por poner distancia con aquellos que le habían votado, indicando que ahora gobernaría para todos, y que, y ahí utilizó por primera vez la maldita palabra, “una fuerza progresista que llegaba al poder con un apoyo tan importante, debía seguir la doctrina de los sherpas nepalíes, a la hora de intentar hacer cumbre en la cima del Everest, su camino debía ser tan lento y seguro como el paso de un anciano de noventa años…”

Los aplausos, jaleados y dirigidos, sazonaron la vacía mentira del falaz sevillano, que, con el cuento del sherpa, nos alertaba que durante su gobierno no habría cambios relevantes, solo espurios alardes del folclore “progresista”.

Solo un viejo profesor, de vuelta ya en ese agrio mar de los sargazos que eran aquellos momentos históricos y políticos, aprovechando que era el alcalde de la ciudad que daba cobijo a aquel circo de fieles romanos, fue capaz de alzar la voz ante la mentira del sherpa. “Hoy, desde la dirección de esta organización se nos invita a seguir el camino lento y pausado de un nonagenario, con el peligro que conlleva, qué ante tan larga y penosa travesía, se nos olvide hacia dónde íbamos, cual era nuestro destino, y, sobre todo, para qué y para quién, habíamos iniciado aquella peligrosa expedición…”

Hubo apagados aplausos y algunos silbidos… Los menos entendimos que el viejo profesor, que sería relegado a una “larga travesía por el desierto” había intentado advertirnos de la advenediza mentira del sherpa, y que, como Unamuno en su día, defendía la inteligencia, ante los gritos de aquellos mutilados intelectuales, compromisarios comprados por la púrpura del poder del joven César, que, desde sus nuevos despachos, empezaban a desgañitarse implorando la muerte de cualquier tipo de inteligencia ajena a la doctrina del sherpa.

Parafraseando al gordo fumador inglés: “Nunca tan pocos engañaron a tantos…”

Desde aquel día, cuando escucho la palabra “progresista” me echo a temblar…

Cuantas felonías, desmanes y corrupciones, se han propiciado en su nombre…

Pero como dije al principio, soy demasiado viejo, tal vez algo raro, por eso cuando veo a esas cuadrillas carnavalescas de intelectuales “progres” a sueldo del erario público, no me creo nada…

El cielo nunca lo asaltarán los funcionarios, puesto que ellos son los esbirros que atizan las calderas de Pedro Botero…

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La pesca y la moral del trabajo…

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Anécdota acerca del descenso de la moral del trabajo.

En un puerto de la costa occidental de Europa descansa, dormitando en su barca de pesca, un hombre pobremente vestido. Un grupo de turistas bien vestidos coloca una nueva película de color en su nuevo aparato fotográfico para retratar la idílica escena: cielo azul, verde mar con blancas y pacíficas crestas de olas, barca negra y boina roja de pescador. Clic. Otra vez clic y, como no hay dos sin tres, un nuevo clic. Este ruido frágil, casi hostil, despierta al pescador adormecido, que se levanta amodorrado y busca, perezosamente, su paquete de cigarrillos.

Pero, antes de que haya encontrado lo que busca, el diligente turista ya le ha puesto una cajetilla bajo la nariz, y si es verdad que todavía no le ha embutido el cigarrillo en la boca, sí se ha depositado en la mano, y un cuarto clic, el del mechero, pone punto final a tan apresurada cortesía. A través de este desmesurado y nunca demostrable exceso de vivas atenciones, se ha creado una extraña confusión, que el turista, conocedor de la lengua del país, intenta salvar por medio de una conversación.

-Hoy pescarán mucho.

Su interlocutor sacude la cabeza negativamente.

-Pero se me ha dicho que el tiempo es bueno.

El pescador, esta vez, asiente con la cabeza.

-¿No saldrá a la mar, pues?

El pescador sacude de nuevo la cabeza y aumenta el nerviosismo del turista. Con seguridad le preocupa el bienestar de aquel hombre tan pobremente vestido, al mismo tiempo que le roe el remordimiento por la oportunidad perdida.

-¡Oh! ¿Acaso no se encuentra bien?

El pescador pasa, por fin, del lenguaje de los signos a la palabra verdaderamente hablada.

-Me siento fantásticamente bien -contesta-; nunca me he encontrado mejor.

Se levanta, se despereza como si quisiera demostrar su atlética constitución.

-Me siento magníficamente.

La expresión del semblante del turista se hace cada vez más sombría y no puede reprimir la pregunta que, por decirlo así, está a punto de hacerle estallar el corazón:

-Pero ¿por qué no se hace entonces a la mar?

La contestación llega pronta y clara:

-Porque ya he salido esta mañana.

-¿Pescó mucho?

-Tanto que ni siquiera tengo que volver a salir; cuatro langostas han ido a parar a mis cestas, y casi dos docenas de caballas…

Por fin despierto, el pescador se levanta y da unas palmadas en el hombro del turista para tranquilizarle. La preocupada expresión de su rostro le parece producida por una congoja injustificada, pero que le atormenta.

-Incluso tengo lo suficiente para mañana y para pasado mañana -dice, para aligerar el alma del extraño-. ¿Fuma uno de los míos?

-Sí, gracias.

Se meten los cigarrillos en la boca, se produce un quinto clic, y el extranjero, moviendo la cabeza, se sienta en la otra orilla, junto al bote. Deja a un lado la cámara, pues necesita ahora las dos manos para poder subrayar su conversación.

-No es que yo quiera meterme en sus asuntos -le dice-, pero imagine que hubiera salido hoy en seguida, una segunda, una tercera, acaso, incluso, una cuarta vez, con lo que hubiera pescado tres, cuatro, cinco, tal vez diez docenas de caballas. ¿Imagina lo que le estoy diciendo?

El pescador asiente.

-Si usted -prosigue el turista-, no solo hoy, sino mañana, pasado mañana; bueno, cualquier día favorable, se hiciera a la mar dos, tres, cuatro veces, ¿sabe usted lo que ocurriría?

El pescador le interroga con el gesto.

-En un plazo máximo de un año podría comprarse un motor, en dos años otro bote, en tres o cuatro años quizá podría tener una gran barcaza. Con dos botes o con la barcaza pescaría usted, naturalmente, mucho más, y algún día tendría dos barcazas, y entonces… -la emoción le priva de la voz durante unos instantes- podría construir una pequeña instalación frigorífica, quizá una planta de ahumados, y, más tarde, una fábrica de conservas de pescado, mientras usted volaría en un helicóptero para descubrir los bancos de peces y daría órdenes a sus barcazas por radio. Podría conseguir derechos de pesca sobre el salmón, abrir un restaurante marinero, exportar las langostas a París directamente, sin intermediarios, y entonces… -la emoción deja de nuevo sin palabras al extranjero.

Impresionado en lo más profundo de su corazón, sacudiendo la cabeza, temeroso de perder su ilusión, mira hacia la pacífica marea que se acerca una y otra vez, donde alegremente se desplazan los peces aún no capturados.

-Y entonces… -repite, pero de nuevo el entusiasmo le deja sin palabras.

El pescador le da unas palmadas en el hombro como si fuera un niño que se hubiera atragantado.

-Y entonces, ¿qué?

-Entonces -responde con emoción contenida el extranjero-, entonces podría sentarse tranquilamente aquí, en el puerto, dormitar al sol y contemplar este mar esplendoroso.

-¡Pero si eso es lo que ya hago ahora! -exclama el pescador-; estoy sentado tranquilamente en el puerto, dormito y lo único que me estorba es el clic de su cámara…

El supuestamente instruido turista se aleja pensativo, pues él siempre había creído que trabajaba para que llegara un día en que no tuviera que trabajar más, y no queda en él huella alguna de compasión hacia el pescador pobremente vestido, sino, más bien, un poco de envidia.

FIN


“Anekdote zur Senkung der Arbeitsmoral”, 1963


HEINRICH BÖLL

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El Expediente INDALO.

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EL EXPEDIENTE INDALO…

Desde hace unos meses hay una carpeta de piel negra que permanece inamovible sobre el escritorio Resolute del Despacho Oval del ala oeste de la Casa Blanca.

Dicen que el rubicundo líder del mundo libre revisa, diariamente, los centenares de documentos que la inteligencia americana ha ido añadiendo al grueso cartapacio, nominado por Director de la CIA, como EL EXPEDIENTE INDALO…

En las imágenes de los satélites militares es apenas una esquinita plateada en la península ibérica. Un mar de plástico que refulge bajo los rayos del sol de Portocarrero, justo junto a la herradura natural que forma el Cabo de Gata, en rojo en los libros de la inteligencia americana desde enero de 1966, cuando un B52 de la fuerza aérea perdió cuatro bombas termonucleares, en un incidente clasificado.

Desde hace meses, ese pequeño trozo de Europa, preocupa enormemente al vigía de occidente, le quita el sueño…

Una tasa de paro de las más altas del continente europeo, grandes diferencias sociales, inoperancia de las políticas humanitarias, sanidad deficiente, barrios marginales cargados de mezclas interraciales, aumento del número de seguidores del islam, políticos corruptos mezclados tanto en tramas urbanísticas como en el fomento del narcotráfico, problemas en los suministros básicos que afectan a la propia educación de los menores, desencanto de la población, y surgimiento de fenómenos fascista que suponen un alto riesgo de violencia en las calles…

En las últimas semanas, los satélites militares americanos, han visto como ardía el mobiliario público de la Calle Altamira, sin que las fuerzas de orden público hayan localizado a los terroristas, y en estos últimos días: la voladura de dos vehículos aparcados en la calle aledaña al Ministerio de Defensa, que provocaron grandes daños en la farmacia de la Calle Pedro Jover, 49…

La situación empeora por momentos, y el paso de violencia de baja intensidad a estallido social está prácticamente confirmado…

Donald Trump ha convocado varias veces a su gabinete de crisis para intentar encauzar la situación, la cual se deteriora por momentos, puesto que no paran de llegar barcazas de inmigrantes de países islamistas a las costas de este enclave estratégico. El vicepresidente Mike Pence, ha intentado que las fuerzas militares locales, los mandos de la BRILEG de Viator, asuman el control de la capital, negándose estos a intervenir, puesto que las calles están llenas de bolardos, marmolillos, socavones, jardineras y rotondas, que hacen inoperantes los vehículos pesados de combate (Leopardos 2E) que serían blanco fácil para cualquier francotirador o señora con carrito de la compra…

Tras largas reuniones, cargadas de humo, hamburguesas y alitas de pollo, y una vez acabada la Super Bowl, con la victoria de los New England Patriots (Patriotas de Nueva Inglaterra), el Presidente de los Estados Unidos de América ha comunicado su solución para este grave problema estratégico global: En el plazo de ocho días, reconocerá a Mario Vaquerizo como Presidente en funciones de Almería, e iniciará el envío de ayuda humanitaria (Biblias protestantes, papel higiénico para los colegios y nuevos puntales para las casas del Patio), que llegarán a los puertos de Almería capital, Adra y Garrucha, a cambio del control total por empresas americanas de los suministros de pepinos del Poniente y la gamba roja…

AMERICANOS, OS ESPERAMOS CON ALEGRÍA…

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POBRES ALIENADOS…

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POBRES PAQUITO Y CARLITOS.

A día de hoy hay muy pocas personas que sean capaces de levantar la voz contra el capitalismo dominante.

Está el Papa Francisco (Paquito, para los amigos) que de vez en cuando pone a caer de un burro a los soportes monetarios e ideológicos de este sistema criminal, en donde es básico que para que exista una élite que viva como Dios (a su imagen y semejanza) es imprescindible que millones de personas vivan al borde de la indigencia o simplemente mueran, como el destrío humano (se destruye la fruta fea)

Al vicario de Cristo se le perdona todo, ya sabemos que la Iglesia de Pedro es bipolar, un día es el siervo de los siervos, y les lava los pies; y al otro, es el potentado Príncipe de los Apóstoles…

Al otro lado, cada vez más repudiados, están los sacerdotes del materialismo dialéctico, hijos de la Escolástica Soviética, que han unido con sangre, el marxismo y el leninismo, rechazando cualquier brecha crítica en la teoría (convertida en dogma) de un Carlos Marx interpretado por Vladímir Ilich Uliánov, alias Lenin…

Si el nazareno tuvo mala suerte al escoger la “piedra” donde edificar su iglesia, no digo nada del pobre (murió de inanición y falta de medicinas) filósofo alemán Carlos Marx, que vio, como su crítica dialéctica de un momento temporal del capital industrial europeo, se convertía en mandamientos esculpidos en piedra, con la que partir la cabeza, a todo aquel que no reconocía a la élite revolucionaria que transformaba la “pasajera” dictadura del proletariado, en un sistema endogámico de Capitalismo de Estado y elevación a los altares del Dictador popular…

Pobre Carlitos, tan amigo de la vida feliz de la Escuela de Epicuro (al que dedicó su tesis doctoral), del estoicismo y del escepticismo…

Ir a caer en manos de sacerdotes de lo empírico, y soluciones deterministas…

Total, que si Paquito y Carlitos son tigres de papel para el Capitalismo dominante, nos queda muy poco margen para la crítica, para la reformulación de ideas y para el replanteamiento de nuevos valores…

Hoy la dialéctica la utilizamos para otras cosas, elegir el tipo de leche (sin lactosa, de soja, de arroz o con calcio…) escoger la serie y la plataforma digital donde la emiten y evaluar que aparato móvil (no HUAWEI) nos permite utilizar con suficiente memoria las redes sociales…

Somos simplemente APPs de un Sistema Operativo que nos controla, gracias al Dios INTERNET…

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