Ignorantes históricos.

SERES DE SEGUNDA. ¿Le pongo el café, jefe? Como siempre Ignacio, con la leche fría, por favor. “Ratio”, uno con leche. ¡Ya voy coño! ¡Que no dices ni buenos días, contra! ¡Y “ratio” lo será tu puta madre, cabronazo, que encima que vienes a quitarnos el pan no aprendes ni hablar cristiano! Ignacio, hombre que... Leer más →

EL DAÑO YA ESTA HECHO.

LA BOFETADA. Todavía me silba el oído, ese pitido sordo, que parece no querer irse. El dolor ya se fue, el ardor de la cara me duró un instante. El daño ya está hecho, nunca me había llegado a poner la mano encima. Y mira hoy por dónde. Delante de los niños, y por una... Leer más →

Conversación con la Galería.

Sigo pensando que esa no era mi vida. Era una pesadilla, de la que solo quedan esas fotos sin alma, en la memoria de una maquina electrónica. ¿Qué voy a decirte? No sé cómo soporté tanto tiempo a tu lado. Supongo que los adictos a la droga suelen decir lo mismo. Sabes que te está... Leer más →

Una comedia negra ligera.

- Hora de la muerte, las 12:30. - ¿De la mañana o de la tarde, Señoría? - Tus muertos, Serafín, tus muertos ... Hay que ser muy cafre para no tener consideración con un cadáver por levantar, que todavía parece, que nos va a decir a todos: “váyanse a tomar por culo, funcionarios de mierda, que no se puede morir uno en paz”. Esta mañana, en cuanto me he despertado y he visto el día, me he dicho, hoy levantamos algún fugitivo. No se cual es la razón pero los días plomizos, que si llueve o no llueve, son días propicios para el suicidio. Pero quien me iba a decir a mí que tendría que levantar a Federico, mi colega de profesión. Como el solía decir con su sonrisa de gato siamés “Compañero y sin embargo, amigo”. Ni una cosa, ni la otra. Era un cabrón el puñetero, un mal juez, medrando siempre detrás de los políticos de turno, y puteando a los colegas que consideraba sus rivales. Y miraló, ahí tirado, con los ojos de vidrio abiertos de par en par, con el susto aún de ver que se moría de verdad.   Federico, hombre, si te pegas un tiro en la sien, aunque sea con un revólver de señorita, tienes muchas opciones de matarte.   Es siempre doloroso el ver como la gente huye espantada de la vida. Ese don que dicen que nos dieron, y que algunos nos jodieron hace tiempo.   No creo en la evolución de los más fuertes, pero sí, de los más perros. Los que se adaptan, de los que se amoldan. El camaleón y la cucaracha sobreviven. Los salmones, como idiotas vamos saltando río arriba para morir hechos pedazos contra los cantos del camino.   Ya están aquí los de la funeraria, por fin, esto se acaba.   Adiós Federico, no pienso ir a tu entierro. No me gusta el compadreo de hacer bueno al muerto por decoro. Fuiste siempre un cabrón y un hijo de puta, y hasta en la muerte has sido perro, seguro que sabías que hoy me tocaba a mi, puñetero.   Lo único que siento de verdad es no poder saber a que ha venido esto. Como buen funcionario no pienso mover un músculo para investigar tu muerte, y si es por la policía judicial, la llevas clara. Tu secreto se irá contigo a la tumba.   Si es que hay secreto, que lo mismo no. Hoy es un día plomizo, de panza de burro, dicen, muy acorde para quitarse de en medio, sin más explicaciones.   “Guadalupe, escupe, que t’ has tragao un pelo”, que decía Arniches.  

Amanezco escribiendo a Faulkner.

“Y esa es precisamente, la maldición de nuestra civilización actual: las cosas. Las posesiones nos esclavizan, nos exigen trabajar por lo menos ocho horas por día o cometer ilegalidades para mantener esas cosas en buenas condiciones, pintadas o vestidas a la última moda y llenas de combustible o de whisky.”   Willian Faulkner. La Paga de los Soldados.

IDUS DE MARZO.

Era marzo, los idus y sangraba. Nunca hubiese esperado esa reacción. Todavía dudaba de lo que estaba pasando y sin embargo, la humedad caliente que bajaba por su torso le escupía la realidad. Se quitó las gafas, se secó el sudor y se sentó temblando. Nunca hubiese pensado que algo así podría pasar. El peor error de una hombre es no saber ser padre y que peor padre que la víctima de un hijo. Los idus de marzo. El mejor mes para matar a un padre es marzo. Sintió la sangre empapándole la camisa y recordó el chasquido del cuchillo al salir de su vientre. La mirada de susto, la perplejidad, el horror y la certeza de que parte de la culpa también era suya. Hasta en eso padre. Era marzo, los idus, y lo supo de repente. Era parte de una vieja tragedia que trasciende los siglos. La lucha de lo nuevo contra lo viejo, subvertir el orden, atacar lo más cercano, el beso de judas. Un agrio estertor salió de su garganta y reconoció en su boca el dulce sabor de la sangre. Apenas quedaba tiempo. ¿Qué decir que no hayan dicho ya los bardos? Y entonces, rebuscando en su memoria, arañó los recuerdos de la tragedia de Shakespeare. Y cayendo sobre el suelo frió, constató que su puñalada llevaba escrita un firma. “También tú, Bruto, hijo mío.”

LOS GATOS DEL ZAPILLO

LOS GATOS DEL ZAPILLO. El primer caso del que se tuvo conocimiento fue en febrero de este año. Por lo que nos contaron, el contagio se produjo en uno de los espigones del Zapillo, uno de los pescadores que pululaban con sus cañas de pesca de madrugada fue mordido por un felino infectado. Su familia... Leer más →

Considérame un gato.

Desde hace días hay una idea que no deja de rondarme por la cabeza, pronto me veré pidiendo en la calle, viviendo de lo que te da la gente, como los gatos del paseo. No hace mucho yo tenía una vida, una familia, una casa y un trabajo. Parece que han pasado siglos, y fue... Leer más →

El Pescador y el arcángel.

EL PESCADOR Y EL ARCÁNGEL - Te voy a quitar las esposas ¿Te vas a portar bien, verdad? - Que sí Gabriel, joder, que no es para tanto. Mira que te gusta la parafernalia. - Las normas son para cumplirse Pedro, y todavía no sé a que ha venido la historia que has montado hoy.... Leer más →

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