LA FAMILIA NO SE ELIGE.

Monumento

LA FAMILIA NO SE ELIGE.

En mitad de la llanura de Santa Fe,

la Reina vencedora de los moros,

decidió alar las velas de Colón,

y mandarlo a la búsqueda de seda.

No encontró su singladura las indias,

un mundo nuevo, dijo, al mirarlo,

sin entender que lo nuevo era él,

que era mancha de aceite en un estanque.

Se robó y se mató en nombre de Castilla,

sembrando las selvas tropicales, de miseria,

el hambre de los pobres del imperio

envenenó la sangre limpia de los indios.

Lo peor de esta madre vieja y cana,

fueron los señores de una tierra fértil

y de mujeres que parieron el futuro,

los criollos de sangre íbera e indígena.

Cuando España quiso romper con las cadenas,

las tierras americanas eran la juventud,

diputados criollos libres en las Cortes de Cádiz.

Padres de una libertad que nació muerta.

La familia tomó caminos diferentes,

los héroes americanos fueron libertadores,

los héroes españoles fueron traicionados,

allí se gritó libertad, aquí que vivan las cadenas.

Bolívar creaba naciones y repúblicas.

Carlos IV vendía su reino a los franceses.

Mientras en nombre de un mismo Dios,

andaban dos mundos buscando un mismo cielo.

Creció la tierra joven y el orgullo criollo,

mientras se agostaba Castilla y perdía su imperio.

Solo la lengua y la fe seguía siendo la misma,

solo los pobres sentían el hambre en los dos mundos.

Hemos sufrido como hermanos el dolor,

la bota militar que nos ha pisoteado,

y sin embargo seguimos siendo Quijote y Sancho.

El loco señor y el fiel escudero.

Lo mismos gigantes nos atacan,

y molinos o enemigos, no sabemos,

la familia no se elige, locos estamos,

viejos miedosos y niños asesinos.

A veces no sabemos hablar entre nosotros,

un mismo idioma y no nos entendemos,

sin embargo nuestros abuelos los cuidan

ecuatorianas, colombianas y filipinas.

Nos avergüenza llamarnos comunidad,

reconocernos como hermanos,

seguimos queriendo ser señores de la nada,

maldita soberbia castellana, hija del hambre y la pobreza.

Yo no entiendo mi vida sin Macondo,

sin las visitadoras y sin Borges.

En mis venas hay gotas de sangre Jacobina,

de Guevara, de Allende y de Zapata.

A veces como hermanos discutimos,

pero cuando sufrimos desapariciones,

encontramos acogida en la casa del hermano.

La cristiana parábola del hijo pródigo.

Dedicado a una amiga Mejicana que me pidió un poema.

Y yo, torpe escritor, junté estas cuatro letras con cariño.

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Cicatrices — Blog de Jesght

Creo que estamos definidos por nuestras cicatrices. Cuando era niño, nunca me imaginé como iba a ser mi futuro, ni cuantos obstáculos tendría que sortear. Todo futuro era incierto y lejano, y sentía que la niñez era un estado que iba a durar para siempre. A medida que el tiempo avanzaba, quizás demasiado rápido, aunque…

a través de Cicatrices — Blog de Jesght

JESÚS VIVE EN EL PUCHE

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JESUCRISTO VIVE EN EL PUCHE.

En cuanto vi el mensaje en el móvil supe que se me había jodido el fin de semana. Cuando el Colegio de Abogados te requiere, ya sabes que te toca turno de oficio.

Mi cliente me esperaba en el calabozo, así que me tomé mi tiempo para recoger las cosas del despacho y ponerme en camino.

Era viernes por la noche, no es hora de joder a los funcionarios y menos si llevan pistola.

– Buenas, agente, soy el letrado de oficio del señor…

– ¿No es usted un poco mayor para ser abogado del turno de oficio?

Ni buenas noches. Y con ganas de bronca.

– ¿No es usted demasiado mayor, señor agente, para ser solo un agente? ¿No hay Generales, ni tenientes, ni capitanes en este cuerpo?

– Pero si nos ha tocado un letrado gracioso y todo. Pues las llevas claras con tu cliente, menudo bicho te llevas…

– Perdone mi General, pero yo no vengo a llevarme a nadie, vengo a ver al señor…

– Si hombre, si. Tu eres el abogado de Jesucristo, no sabes donde te estás metiendo…leyista

– Manuel, respete usted al señor letrado -dijo el jefe de la policía judicial que me conocía de vista- Perdone, al agente, pero es que su cliente nos trae locos toda la tarde… ¿Cómo ha tardado usted tanto en llegar?

Le miré asombrado, como si fuera la primera vez que lo veía, ¿cuándo se ha preocupado la policía judicial de la tardanza de un letrado de oficio? Algo raro estaba pasando.

– Le acompañaré a ver al acusado, tome el expediente, mientras, le pondré en antecedentes de lo que se va a encontrar.

Yo cogí la carpeta y no hice ni por abrirla, esperaría a estar con mi cliente para verla. No entendía a que venía este comportamiento.

– Supongo que estará acostumbrado a tratar con todo tipo de personajes, el turno de oficio, ya se sabe… pero quisiera que en este caso estuviese un poco preparado para lo que va a ver.

Viernes por la noche y empezaban a complicarse las cosas, yo seguía al oficial, que me abría el camino entre pasillos vacíos, al final de una escalera llena de desconchones y suciedad, un agente sentado junto a la puerta se puso en pié al vernos llegar.

– ¿Se ha calmado un poco? – preguntó el oficial.

El guardia, como recién salido de un sueño, respondió entrecortado.

– Ha estado chillando y dando patadas hasta hace media hora. Era insoportable. Pero después de lo que le ha hecho a Martínez, cualquiera entra.

– Por eso he querido acompañarlo, señor letrado – me indicó el jefe – Su cliente es un poco especial. Han tenido que traerlo entre ocho personas y cinco de ellas han tenido que ser atendidas por lesiones. Es un pequeño narcotraficante que trapichea en el Puche, nada del otro mundo, si no fuese porque no está bien de la cabeza. Estuvo demasiado tiempo en aislamiento en un centro penal de Sevilla y desde entonces oye voces, y dice cosas sin coherencia. Unas veces es el hijo de un faraón egipcio y otras, el mismísimo Jesucristo. Ya ve, la mezcla de droga e incultura… que le voy a contar… El problema es que es un tipo violento, que cuando pierde la cabeza no conoce a nadie, nos ha llamado su propia mujer porque temía por la integridad de sus hijos. Tenga cuidado, señor letrado, está esposado y el forense de guardia lo ha sedado, pero es una mole de casi doscientos kilos, no se preocupe este agente y yo mismo, estaremos junto a usted.

Estas cosas solo me pueden ocurrir a mí, pensé, mirando fijamente a los dos policías. ¿Es qué no había senegaleses sin papeles vendiendo en el Paseo? ¿Tenía que tocarme el hijo de un Faraón?

– ¿Está preparado señor abogado?

No, la verdad, es que en ese momento hubiese preferido estar tomando una cerveza fresquita en las Almadrabillas, no estaba preparado.

Asentí de forma mecánica y el agente empezó a abrir la puerta con recelo, comprobó que todo estaba en orden y nos indicó que podíamos pasar.

La escena era irreal, un hombre de unos treinta años, con casi doscientos kilos de peso, se hallaba arrodillado ante la silla situada frente a su camastro. Una frondosa cabellera morena le tapaba el rostro y se podía escuchar como hablaba en una lengua extraña.

– ¿Es extranjero? – pregunté.

– Cortés, de raza gitana y nacido en el Puche. Lo tiene todo en el Expediente, señor letrado…

El detenido cesó en su extraño rezo. Como un resorte se puso en pié y se vino hacia nosotros. Sus ojos eran claros y marrones y su barba recortada y cuidada. Era el retrato de un Jesucristo obeso, un Jesús, cabreado, apunto de atizarle a los mercaderes del templo…

– ¡Vosotros, basura, ¿que venís a hacer aquí? ¡Estaba hablando con mi Padre, cabrones! Dejadme solo con este hombre – dijo el gigante con voz grave, mientras me señalaba- Este hombre sufre como yo, es de los míos, vosotros sois escoria, iros de aquí.

– Lo siento Luis, pero no te vamos a dejar solo con el abogado – le dijo el oficial de forma firme – Ya bastante has liado esta tarde.

– Tengo derecho a ver a mi abogado a solas, cabrón. No creas que no me se tu leyes romanas, yo soy el hijo de Dios, a mí no me vengas con artimañas.

La cosa iba a ponerse fea, el detenido avanzaba amenazante, mientras el agente ya había sacado la porra, y el oficial blandía un paralizador eléctrico.

– ¡ Bueno, vamos a tranquilizarnos todos ! – dije con una voz que no supe de donde me salió – El detenido tiene razón, tiene derecho a hablar en privado con su abogado, así que yo les pido amablemente… que nos dejen solos.

El oficial mi miró con extrañeza, mientras el agente murmuraba “Este tío es gilipollas…” Estaban petrificados junto a la puerta.

– Ya habéis escuchado a mi abogado… a la mierda… ya estáis saliendo, mariconazos.

– ¿De verdad quiere quedarse solo con esta bestia? – me preguntó el oficial ojiplático – Yo no me hago responsable de su seguridad. Allá usted, señor letrado.

– ¡A la mierda, bofia asquerosa! – gritó el hombretón, avanzando hacia los policías que instintivamente se refugiaron en la puerta.

– Déjenme solo, por favor- dije con un tono de voz apenas audible.

– De acuerdo, – dijo a regañadientes el oficial – pero no vamos a cerrar la puerta, estaremos tras ella por si nos necesita. No se haga usted el héroe abogado, este tipo no se lo merece…

Los dos policías salieron dejando la puerta entreabierta. El detenido en el centro del calabozo me indicó con un gesto la silla donde acaba de estar arrodillado y el se sentó en el camastro.

– ¿Tiene tabaco, abogado?

– No, – le dije titubeante- acabo de dejarlo… hace apenas un mes… lo siento.

– Yo ya lo sabía, pero le estaba poniendo a prueba, su ropa sigue oliendo a tabaco, pero su cabeza me dice que lo ha dejado.

– Bueno esto va a ser rápido, entonces. Si tienes la capacidad de leer mi mente, ¿cuéntame lo que nos ha traído hasta aquí?

– A mi la droga, a ti… tu padre.

Aquello fue un golpe en el estómago, un gancho inesperado que me dejó sin aire.

La muerte de mi padre había puesto patas arriba mi existencia, me había hecho replantearme mi forma de vivir, había iniciado mi divorcio, había cambiado de ciudad y había iniciado un nuevo camino desde cero. Le había hecho un reset a la vida. Pero eso ,nadie que no me conociera muy personalmente, podría saberlo y sin embargo este gordinflón con ínfulas mesiánicas, me había cazado al vuelo. ¿Casualidad? Yo no creo en las casualidades.

– Veo que tus dones divinos son reales…

– Sin choteos, letrado, que yo soy el hijo de Dios. Necesito saber si eres buena persona y hasta que no esté seguro no diré nada.

– Pues no tenemos tiempo para hacer un examen…

– Calla gentil, necesito saber si eres de fiar… respondeme a esta sola pregunta – y se me acercó con su inmensa mole, fijando su ojos color café, sobre los míos – ¿Que prefieres?¿meterte un consolador o estar con una prostituta?

Su mirada me taladraba el cráneo y en ese momento su presencia cercana, su inmensidad como hombre, hizo que casi tuviese pavor a ser atacado. En qué momento, le dije yo al oficial que me dejase solo.

– ¿No respondes, letrado? Es fácil – dijo serio mientras pegaba su cara a la mía, hasta sentir el agrio de su aliento – ¿Consolador o puta?

Me retrepé en la silla intentando separarme de su inmensidad amenazadora y con voz entrecortada intenté argumentar, en medio de de un principio de ataque de pánico.

– Bueno… es una cuestión que nunca me he planteado… sabe no soy muy atrevido en el sexo, y los juguetes sexuales no me tientan… en cuanto a las prostitutas… nunca he tenido que utilizar sus servicios… y además considero que es una humillación para las mujeres vender el sexo… no es fácil… nunca me lo he planteado…

– Necesito que contestes. – dijo echándose para atrás en el camastro, mientras en su grasienta cara de nazareno melifluo amanecía una siniestra sonrisa – ¿Consolador o puta?

La verdad, me sentía asqueado por tener que hablar de aquello, no soportaba el cariz de la situación. Yo siempre he sido, desde joven, un enemigo férreo del mercado del sexo, no entiendo que algo como el sexo, se mercantilice, bajo ningún concepto entendería ni justificaría una transacción económica basada en el sexo. Y sin embargo allí, estaba yo, sin poder contestar.

– Tranquilo abogado, yo ya he leído tu respuesta en tu mente. Eres un hombre honrado, serías incapaz de pagar a una puta, aunque eso supusiera verte violado. Prefieres hacerte daño a dañar a otra persona. Si, tu eres mi abogado. El abogado de Jesucristo en la tierra.

Tragué saliva y empecé a sudar, este hombre no era normal. Supongo que es de esos gitanos que tienen el arte de venderte el futuro junto a una ramita de romero, mientras su compadre te distrae la cartera. Trileros del alma.

– No es tan fácil, letrado, no es tan fácil… solo tu sabes el miedo que llevas dentro… Aquella vez que tu padre estando borracho estuvo a punto de caerse en el puerto, o la noche que tu madre tropezó junto a la parada de autobuses y tu lloraste asustado porque estabas en una ciudad extraña y tu madre yacía tirada en el suelo.

– ¿Quién eres tú?- grité asustado, como esa noche, que aquel extraño me había recordado – ¿Como mierda sabes tu esas cosas? ¡DIME!

La puerta se abrió y el oficial preguntó si todo iba bien.

– ¡Déjanos solos! – gritó el gigante.

Y yo con una cara de bobo, asentí. El oficial volvió a entrecerrar la puerta.

– No pasa nada, abogado, tu padre y tu madre están con mi Padre ahora. No temas, están bien.

– Me alegro, – dije, recomponiendome – siempre tranquiliza saber que los tuyos están en un buen sitio…

– En el mejor de todos, en el cielo, junto a mi Padre. No lo dudes nunca.

De pronto me tranquilicé y un golpe de risa sacudió mi cuerpo, viejos trucos de gitana. Al final el argumento falla, yo siempre dudo, la verdad es que soy una duda con piernas. Si hay un más allá. Si existe Dios, lo sabré en su debido momento, mientras tanto dudaré.

– Eso no es malo letrado, hasta yo tuve dudas en el monte de los olivos, y le pedí a mi padre que apartara de mi ese cáliz, y en la cruz, antes de morir, le reprendí a mi padre haberme abandonado ante tanto dolor. Dudar está en la condición de los hombres, solo la fe la mitiga, a veces.

– Dime, ¿qué truco utilizas?¿Me has drogado?

– Solo te miro el alma, abogado, porque eres un hombre cargado de culpas y de miedos. Además eres hijo de pescador, como mi Pedro, eres de los míos.

Lo miré y no supe que pensar, el moho de las paredes seguro que me estaba afectando.

– Bueno, ya que lo sabes todo, ¿qué quieres que haga por ti?

Aquel hombretón sonrió, con un gesto bonachón y alegre como un niño travieso, me dijo de forma clara y concisa.

– No necesitas abrir mi expediente, ahora cuando salgas te vas a la Bola Azul, al Departamento de Salud Mental y le pides un informe psiquiátrico al Doctor Blas Salvatierra. Anota el nombre, con su informe no te será difícil convencer al Juez de Guardia para que me mande al Centro Psiquiatrico de San Juan de Dios de Málaga. Necesito unas vacaciones para reponerme. Mi familia lo está pasando mal con este asunto y no está bien que arruinen el negocio de menudeo de mierda por el hecho de que yo tenga que estar siempre con los más necesitados de esta tierra.

Lo miré a los ojos marrones claros y a su cara risueña. Era imposible pensar que ese hombre era un loco violento, pero más difícil era creer que era el hijo de Dios hecho carne.

– Vete no te retrases, el Doctor Blas, está en el hospital hasta la diez y media. Aparca al principio de la calle, junto a la entrada hay gorrillas.

– Algo más quiere su… ¿cuál es el tratamiento del hijo de Dios?…

– Vete a la mierda letrado…

Y los dos no echamos a reír como dos niños traviesos. Entonces colocó una mano inmensa sobre mi hombro y me susurró al oído.

– Tranquilo abogado, él, con el tiempo te perdonará.

Lo miré asustado, ese era mi mayor miedo, mi herida escondida y sin embargo…

– Vete – me dijo empujándome a la salida- que no llegas.

Al cruzar la puerta el Jefe de la policía judicial me miró extrañado.

– Parece que haya visto un fantasma.

– O al hijo de Dios.

– Menos guasa, letrado, que esa mala bestia es de lo peor, está para encerrarlo y tirar la llave.

– Usted lo ha dicho, jefe, usted lo ha dicho…

– ¿Y que dice en su defensa?…

– Que no es de este mundo… su reino no es de este mundo…

– Como un cencerro. Lo que yo digo, pues hay que hacer algo, aquí no puede estar, hoy ya ha lesionado a cinco y no estoy dispuesto a que me cueste más personal. Si está loco, que el Juez disponga su traslado…

-Tranquilo jefe, voy a cumplir con lo escrito a la mayor brevedad. Me marcho a la Bola Azul a ver a Caifás, y luego presentaré el caso ante Pilato…

– Lo que yo digo, o se lo llevan de aquí o nos vuelve a todos locos, esta mierda es contagiosa…

Me sonreí y mientras me alejaba, me volví y le dije:

– Muy contagiosa, lleva dos mil años transmitiéndose de padres a hijos…

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LA FILOSOFÍA PROVINCIANA DE JUAN DE MAIRENA.

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LA BLASFEMIA (JUAN DE MAIRENA)

La blasfemia forma parte de la religión popular. Desconfiad de un pueblo donde no se blasfema: lo popular allí es el ateísmo. Prohibir la blasfemia con leyes punitivas, más o menos severas, es envenenar el corazón del pueblo, obligándole a ser insincero en su diálogo con la divinidad. Dios, que lee en los corazones, ése dejará engañar? Antes perdona El —no lo dudéis— la blasfemia proferida, que aquella otra hipócritamente guardada en el fondo del alma, o, más hipócritamente todavía, trocada en oración

Mas no todo es folklore en la blasfemia, que decía mi maestro Abel Martín. En una Facultad de Teología bien organizada es imprescindible —para los estudios del doctorado, naturalmente— una cátedra de Blasfemia, desempeñada, si fuera posible, por el mismo Demonio.

—Continúe usted, señor Rodríguez, desarrollando el tema.

—En una república cristiana —habla Rodríguez, en ejercicio de oratoria— democrática y liberal, conviene otorgar al Demonio carta de naturaleza y de ciudadanía, obligarle a vivir dentro de la ley, prescribirle deberes a cambio de concederle sus derechos, sobre todo el específicamente demoníaco: el derecho a la emisión del pensamiento. Que como tal Demonio nos hable, que ponga cátedra, señores. No os asustéis. El Demonio, a última hora, no tiene razón; pero tiene razones. Hay que escucharlas todas.

De la obra Juan de Mairena de Antonio Machado.

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LA PRENSA CANALLA.

HOMBRE PRESIDENTE

TODOS LOS HOMBRES DEL COMISARIO.

Hace unos días cayó en mis manos una edición antiquísima de Todos los Hombres del Presidente, ese libro de los periodistas Carl Bernstein y Bob Woodward que relata pormenorizadamente la investigación del caso Watergate que acabó con la presidencia de Richard Nixon.

No es un libro ameno, yo diría que es árido y demasiado detallista, escrito por unos periodistas, a los que les dieron tantos palos que medían cada palabra de cada párrafo. Lo que hace que durante su lectura te sientas perdido entre miles de datos que no consigues hilvanar.

El trabajo de estos periodistas fue exhaustivo y terriblemente complicado. Por eso la novela que relata este trabajo llega a convertirse por momentos en un libro farragoso.

He de decir, con vergüenza, que la película de Alan J. Pakula, protagonizada por Robert Redford y Dustin Hoffman, es más fácil de ver que el libro. Entre otras muchas cosas, porque se pierden los miles de datos que el libro nos muestra.

Lo que hace grande ese libro, es precisamente, la descripción detallada del trabajo de un periodista, la labor de investigación, la obligación de comprobar y contrastar lo que se va a publicar y la gran responsabilidad que supone investigar cerca de los círculos del poder.

El respeto a las fuentes, base de periodismo moderno, tiene como base la labor de estos dos paladines de la información escrita.

Hoy el periodismo español es desgraciadamente un esperpento, una sombra difuminada, un espejo de circo.

Cada día pienso en las palabras de Valle Inclán en Luces de Bohemia, puestas en la boca del anarquista catalán “¿Qué dirá de nosotros, mañana, la Prensa Canalla?

Canallas, si, canallas, todos los hombres del Comisario, esa patulea de periodistas bien vestidos, ricamente perfumados, que se pasea de tertulia en tertulia, difundiendo las mentiras que les transmite la garganta profunda del comisario pendejo (ese que se tapa la cara cuando va al Juzgado y que tiene millones de euros en sociedades en paraísos fiscales).

Todos los días, sacan una verdad a medias, una mentira, o una filtración encauzada, dirigidas todas, a acrecentar ese espectáculo que mantiene a la verdadera casta de España.

Estos miserables, que se pasan el día de plató en plató, esparciendo sus basuras, ¿cuándo investigan?, ¿cuándo comprueban sus fuentes?, ¿cuándo son responsables de sus palabras? Nunca, no tienen tiempo.

Simplemente son los voceros de lo que se ha dado en llamar las cloacas del Estado, que son lo peor de los servicios secretos junto a lo más corrupto de la policía, simplemente los mamporreros de la Casta. Y me refiero a la Casta, con mayúscula, porque no son los políticos corruptos, son esos tecnócratas y funcionarios que llevan mandando en España desde los años sesenta y que son los responsables de la corrupción reinante.

Hace poco tiempo un funcionario del norte de Europa, me indicaba que en su país sería imposible que un político tuviese relaciones especiales con un empresario sin que los funcionarios cercanos al político denunciaran estos hechos a la fiscalía.

En España, el funcionario es el que hace corrupto al político, porque así lo tiene controlado, al final el político se va y el funcionario se queda acumulando trienios y mordidas.

Por eso cuando escucho la radio, veo la televisión y veo a esos profesionales de la tertulias, que se pasan la vida, comiendo con las dietas de las televisiones y viajando en taxis pagados por los grupos editoriales, no puedo esconder esa nausea que me producen. Estómagos agradecidos y celestinas restañadoras de virgos. Seres de la peor calaña, eso sí bien vestidos y perfumados, tan fatuos como sus ventosidades orales.

Entiendo por qué Mariano José de Larra se pegó un tiro y además delante de un espejo. Con esa mente preclara que tenía el maestro, seguro que tuvo una visión del futuro del periodismo español y se voló los sesos.

Entiendo que la juventud empiece a enamorarse de Nietzsche y que los viandantes pongan sus vidas en manos del Sálvame y Juan Y Medio.

Es que estos hombres del comisario, los nuevos periodistas españoles, son vomitivos. Los escuchas unas horas y, o te pegas un tiro, o votas a Mariano. No hay salida.

Las sombras de Mordor oscurecen la Tierra Media.

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PRIMERO EL HOMBRE.

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LIBERTAD, IGUALDAD, LEGALIDAD Y GUILLOTINA.

El 14 de julio es la fiesta nacional de la República Francesa. Una fiesta que conmemora el inicio de la Revolución Francesa con la toma de la Bastilla, la prisión arbitraria situada en en centro de París y que representaba la arbitrariedad del Antiguo Régimen.

Nace pues el Estado Moderno, se crean la Asamblea Nacional, que a través de la Declaración de los Derechos Humanos y los Ciudadanos, fueron el germen de las Constituciones Modernas.

Como dice Machado corren por mis venas gotas de sangre Jacobina y cuando escucho hablar de la Revolución de Francesa, hay dos imágenes que vienen a mi cabeza. La primera es el magnífico cuadro de Delacroix “La Libertad guiando al pueblo”, la otra la del brillo fugaz del sonido metálico de la guillotina y los gritos de la muchedumbre cuando caían las cabezas de los nobles en las cestas.

Paradojas de la historia, la libertad, la igualdad y la legalidad, vinieron de la mano de la terrible guillotina.

En España solemos decir que no se puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos.

El nacimiento del Estado Moderno, está bañado en la sangre del uso del mecanismo mortal y su afilada cuchilla.

Hoy que no queremos que nadie sufra, los tontos moralistas quieren cambios sociales a base de besos.

Que bonito es el amor, sobre todo en primavera…

Los grandes cambios sociales se han ganado después de grandes luchas y a base de regar los campos de sangre humana. Los pueblos pequeños han rechazado la ocupación de grandes imperios a base de sangre y hasta la democracia española viene lastrada de un reguero de sangre que todavía está fresca. Hace pocos días recordábamos la muerte de Miguel Angel Blanco.

La libertad, la igualdad y la legalidad, siempre van acompañados de su siniestra cuota de hemoglobina.

No creo que los hombres estemos preparados para resolver los problemas, con flores y besos. Nuestra educación, nuestra alienación no nos encaminan a la solidaridad y conciencia, sino a la división y al sálvese el que pueda.

Solos no somos nadie, pero en cuanto nos unimos cinco o seis y nos sentimos envueltos en el tumulto, la masa revuelve en nuestras venas la sangre Jacobina, y montamos la guillotina en un santiamén.

Libertad, igualdad y legalidad. Palabras. Cuanto me gustaría que el lema del Estado Moderno fuera, Hombre, Hombre y Hombre (hombre como ser humano genérico que ya empezamos con el folclore sexista), tal vez si el hombre fuese el centro de cualquier cambio social correría menos su sangre.

Somos libres, pero libres para morirnos de frío en el banco de un parque o libres para ahogarnos huyendo de la miseria.

Iguales ante la ley, incluso iguales entre hombre, mujeres y otros seres humanos, pero unos van a la cárcel por 79 euros y otros defraudan millones y son ídolos de la sociedad.

En cuanto a la legalidad, la esclavitud fue legal, el apartheid fue legal, la segregación racial fue legal y el desahucio es legal.

Prefiero al hombre, a la humanidad.

Solo una cosa más, gracias a la libertad, la igualdad y la legalidad la guillotina estuvo funcionado en Francia hasta 1977. Si, el último ajusticiado fue un inmigrante ilegal tunecino y la pena de muerte fue abolida por Francois Mitterrand en 1981.

Primero el hombre ¿En que rincón del camino se nos quedó tirada la fraternidad?

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LA PRUEBA.

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FIN DE SEMANA ALIENADO.

Mi amigo Pedro me convenció en último momento. La verdad, es que no era un buen momento. Pero quién puede negarse a cumplir un sueño.

Sus argumentos eran sencillos, con Ryanair los billetes a Londres nos costaban 50 euros y ahora que los dos estábamos libres y con trabajo, era la ocasión perfecta.

Yo intenté convencerlo de que no era mi mejor momento, mi divorcio me había dejado sin recursos, ni reservas. Pero eso no hizo más que darle armas para atacarme con el fin último del viaje.

Y así fue, dos viejos cincuentones, con dos mochilas de Decathlon, rememorando nuestros años universitarios, nos encajamos en Londres, la capital del Imperio Británico.

Los dos habíamos sido marxistas con dieciocho años, íbamos a la Universidad, con el cigarro pegado a la boca, El País bajo el brazo y los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, entre los libros de texto.

Fuimos de los Movimientos de Izquierda Estudiantil que le hicieron la huelga al ministro socialista Maravall, cuando tenía de Secretario de Estado a un barbilampiño Pérez Rubalcaba. Y tomamos café con un novato profesor de Derecho Político en la Universidad de Granada, un canario que luego fue ministro de Justicia con Zapatero.

Que viejos somos y cuanto hemos cambiado. A veces nos cuesta reconocernos cuando discutimos de filosofía y de política. Mi amigo Pedro se ilusionó a la vejez con el proyecto político de Podemos, aunque últimamente tuerce la boca, cuando tiene que converger con los viejos comunistas (que escondían sus hoces y martillos, desde que defenestraron a Santiago Carrillo), curas de sotanas rojas, que siempre te hablan de un cielo que asaltar, que nunca llega.

Lo mío fue peor, una crisis existencial, que casi se lleva todo por delante, me ha hecho desconfiar de todas las verdades absolutas y hoy estoy más cerca del Distributismo de G.K. Chesterton, que del Estado Moderno. Sorpresas te da la vida, dice la vieja canción.

Como dos críos con zapatos nuevos nos encajamos en Londres, en un Hotel penoso (no voy a decir el nombre por no hacer daño) pero ahora entiendo porqué los ingleses alucinan con los hoteles y servicios de España. Lo único bueno del hospedaje era que estaba en el centro, justo al lado de los sitios que queríamos visitar.

A las ocho, después de tomarnos las pastillas para la tensión arterial, nos encajamos las mochilas y nos fuimos al Museo Británico que estaba cruzando una plaza repleta de ardillas.

Se nos llenaron los ojos de lágrimas cuando en la biblioteca del Museo vimos la mesa donde Carlos Marx redactó gran parte del Capital y la mayoría de sus obras sobre el materialismo histórico. Por supuesto nos hicimos varios fotos con el movil (con la misma ilusión que una niña junto a Pablo Alborán). Tuvimos que tomarnos un desayuno inglés completo (con alubias pintas y tocino) para recuperarnos de aquella impresión. Por un momento recordamos lo bonita que era aquella democracia de los ochenta, casi empezamos a cantar la internacional en la cafetería, pero los pakistaníes dueños del establecimiento, llamaron al fregaplatos español, un joven pelopincho, que nos pidió por favor que no montásemos follones, que con lo del Brexit, los españoles no estábamos bien vistos.

Pedimos perdón por nuestra euforia momentánea, fruto tal vez del chute de colesterol del desayuno y nos fuimos con nuestras mochilas a otra parte.

Nos costó bastante encontrar el cementerio de Highgate, encerrado entre barrios antiguos de la ciudad, allí, el 17 de marzo de 1883 fue enterrado Carlos Marx, en la pobreza total y la miseria absoluta, tres días tardaron en buscar el dinero suficiente para enterrarlo, murió el 14 de marzo. Solo nueve o diez personas fueron a su entierro.

Ahora hay una gran tumba sufragada por el Partido Comunista Inglés en 1955, fea y gris, como el comunismo de aquellos años.

Nosotros estábamos callados, aturdidos, como un hombre que tanto influyó en la historia contemporánea, tuvo un fin como aquel. Muerto por no poder curarse una bronquitis.

Cuando hoy hablamos de Seguridad Social, no tenemos ni idea de las luchas, que se tuvieron que entablar para su mera existencia.

Hoy nadie, recuerda nada, nos fuimos a comer, esa mierda de comida inglesa, que sirven en esas horrorosas tabernas. Yo no sé como Chesterton amaba tomar cerveza discutiendo con los otros bebedores de mejillas sonrojadas, supongo que su afán por entablar la dialéctica de la que nacen las mejores paradojas lo hacían merodear por estos penosos lugares.

Hablamos poco, después de visitar el cementerio, la comida fue sobria y espartana. Llegamos al Hotel con ganas de dormir y poner en orden tantos sentimientos.

Al día siguiente nos subimos a otro avión que nos trajo a nuestra andalucía nazarí. El sol de Almería, nos trajo la alegría, nos partimos de risa recordando como habíamos arrasado con todas las flores de las tumbas cercanas para dejarle al amigo Carlos un recuerdo de dos jovenes viejos españoles, que creyeron en sus escritos más humanos, cuando hablaba de la alienación de los trabajadores y de las putas de Londres.

Antes de que los curas hiciesen de su obra la biblia roja. No hay un tonto más grande que el intolerante que convierte la dialéctica y las ideas en las tablas de la Ley.

Andábamos a carcajadas por la plaza de la Catedral de Almería, cuando escuchamos la discusión apasionada entre dos trabajadores de la empresa de limpieza municipal. Aferrados a sus respectivos carros de limpieza andaban ensartados en medio de una disputa dialéctica de altura. Uno de los obreros de limpieza, esgrimía con pasión que la palabra de Dios solo estaba recogida en la biblia evangélica, haciendo uso de sus conocimientos sobre Mateo, Lucas y el Apocalipsis, el otro limpiador, católico, renegaba a voces diciendo que Biblia solo había una, la que escribió Dios y está en todas las iglesias. El operario evangélico, hinchado como un pavo, gritaba que los Papas habían agregado veinticuatro libros que no eran originales y que eran unos mentirosos que trabajaban para el maligno, iba a responder el católico, cuando las campanas de la Catedral respondieron por él, la tradición católica resonó en la mañana de domingo.

Nosotros empezamos a reír a carcajadas, estábamos en andalucía y tuvimos constancia de que la alienación del trabajador quedaba probada. La teorías científicas tardan años en cumplirse, pero siempre hay pruebas que las ratifican.

Gracias Pedro por el viaje.

tumbaMarx

t_22_04_2011