LA PRUEBA.

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FIN DE SEMANA ALIENADO.

Mi amigo Pedro me convenció en último momento. La verdad, es que no era un buen momento. Pero quién puede negarse a cumplir un sueño.

Sus argumentos eran sencillos, con Ryanair los billetes a Londres nos costaban 50 euros y ahora que los dos estábamos libres y con trabajo, era la ocasión perfecta.

Yo intenté convencerlo de que no era mi mejor momento, mi divorcio me había dejado sin recursos, ni reservas. Pero eso no hizo más que darle armas para atacarme con el fin último del viaje.

Y así fue, dos viejos cincuentones, con dos mochilas de Decathlon, rememorando nuestros años universitarios, nos encajamos en Londres, la capital del Imperio Británico.

Los dos habíamos sido marxistas con dieciocho años, íbamos a la Universidad, con el cigarro pegado a la boca, El País bajo el brazo y los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, entre los libros de texto.

Fuimos de los Movimientos de Izquierda Estudiantil que le hicieron la huelga al ministro socialista Maravall, cuando tenía de Secretario de Estado a un barbilampiño Pérez Rubalcaba. Y tomamos café con un novato profesor de Derecho Político en la Universidad de Granada, un canario que luego fue ministro de Justicia con Zapatero.

Que viejos somos y cuanto hemos cambiado. A veces nos cuesta reconocernos cuando discutimos de filosofía y de política. Mi amigo Pedro se ilusionó a la vejez con el proyecto político de Podemos, aunque últimamente tuerce la boca, cuando tiene que converger con los viejos comunistas (que escondían sus hoces y martillos, desde que defenestraron a Santiago Carrillo), curas de sotanas rojas, que siempre te hablan de un cielo que asaltar, que nunca llega.

Lo mío fue peor, una crisis existencial, que casi se lleva todo por delante, me ha hecho desconfiar de todas las verdades absolutas y hoy estoy más cerca del Distributismo de G.K. Chesterton, que del Estado Moderno. Sorpresas te da la vida, dice la vieja canción.

Como dos críos con zapatos nuevos nos encajamos en Londres, en un Hotel penoso (no voy a decir el nombre por no hacer daño) pero ahora entiendo porqué los ingleses alucinan con los hoteles y servicios de España. Lo único bueno del hospedaje era que estaba en el centro, justo al lado de los sitios que queríamos visitar.

A las ocho, después de tomarnos las pastillas para la tensión arterial, nos encajamos las mochilas y nos fuimos al Museo Británico que estaba cruzando una plaza repleta de ardillas.

Se nos llenaron los ojos de lágrimas cuando en la biblioteca del Museo vimos la mesa donde Carlos Marx redactó gran parte del Capital y la mayoría de sus obras sobre el materialismo histórico. Por supuesto nos hicimos varios fotos con el movil (con la misma ilusión que una niña junto a Pablo Alborán). Tuvimos que tomarnos un desayuno inglés completo (con alubias pintas y tocino) para recuperarnos de aquella impresión. Por un momento recordamos lo bonita que era aquella democracia de los ochenta, casi empezamos a cantar la internacional en la cafetería, pero los pakistaníes dueños del establecimiento, llamaron al fregaplatos español, un joven pelopincho, que nos pidió por favor que no montásemos follones, que con lo del Brexit, los españoles no estábamos bien vistos.

Pedimos perdón por nuestra euforia momentánea, fruto tal vez del chute de colesterol del desayuno y nos fuimos con nuestras mochilas a otra parte.

Nos costó bastante encontrar el cementerio de Highgate, encerrado entre barrios antiguos de la ciudad, allí, el 17 de marzo de 1883 fue enterrado Carlos Marx, en la pobreza total y la miseria absoluta, tres días tardaron en buscar el dinero suficiente para enterrarlo, murió el 14 de marzo. Solo nueve o diez personas fueron a su entierro.

Ahora hay una gran tumba sufragada por el Partido Comunista Inglés en 1955, fea y gris, como el comunismo de aquellos años.

Nosotros estábamos callados, aturdidos, como un hombre que tanto influyó en la historia contemporánea, tuvo un fin como aquel. Muerto por no poder curarse una bronquitis.

Cuando hoy hablamos de Seguridad Social, no tenemos ni idea de las luchas, que se tuvieron que entablar para su mera existencia.

Hoy nadie, recuerda nada, nos fuimos a comer, esa mierda de comida inglesa, que sirven en esas horrorosas tabernas. Yo no sé como Chesterton amaba tomar cerveza discutiendo con los otros bebedores de mejillas sonrojadas, supongo que su afán por entablar la dialéctica de la que nacen las mejores paradojas lo hacían merodear por estos penosos lugares.

Hablamos poco, después de visitar el cementerio, la comida fue sobria y espartana. Llegamos al Hotel con ganas de dormir y poner en orden tantos sentimientos.

Al día siguiente nos subimos a otro avión que nos trajo a nuestra andalucía nazarí. El sol de Almería, nos trajo la alegría, nos partimos de risa recordando como habíamos arrasado con todas las flores de las tumbas cercanas para dejarle al amigo Carlos un recuerdo de dos jovenes viejos españoles, que creyeron en sus escritos más humanos, cuando hablaba de la alienación de los trabajadores y de las putas de Londres.

Antes de que los curas hiciesen de su obra la biblia roja. No hay un tonto más grande que el intolerante que convierte la dialéctica y las ideas en las tablas de la Ley.

Andábamos a carcajadas por la plaza de la Catedral de Almería, cuando escuchamos la discusión apasionada entre dos trabajadores de la empresa de limpieza municipal. Aferrados a sus respectivos carros de limpieza andaban ensartados en medio de una disputa dialéctica de altura. Uno de los obreros de limpieza, esgrimía con pasión que la palabra de Dios solo estaba recogida en la biblia evangélica, haciendo uso de sus conocimientos sobre Mateo, Lucas y el Apocalipsis, el otro limpiador, católico, renegaba a voces diciendo que Biblia solo había una, la que escribió Dios y está en todas las iglesias. El operario evangélico, hinchado como un pavo, gritaba que los Papas habían agregado veinticuatro libros que no eran originales y que eran unos mentirosos que trabajaban para el maligno, iba a responder el católico, cuando las campanas de la Catedral respondieron por él, la tradición católica resonó en la mañana de domingo.

Nosotros empezamos a reír a carcajadas, estábamos en andalucía y tuvimos constancia de que la alienación del trabajador quedaba probada. La teorías científicas tardan años en cumplirse, pero siempre hay pruebas que las ratifican.

Gracias Pedro por el viaje.

tumbaMarx

t_22_04_2011

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