LA CONFIANZA DEL CANDIDATO.

RAJOY

EL CANDIDATO.

Hemos escuchado el discurso de investidura del candidato a Presidente del Gobierno, Don Mariano Rajoy Brey, un hombre que en cualquier país democrático estaría apartado de cualquier cargo público por su responsabilidad directa con la trama de corrupción y financiación ilegal de su partido.

Hoy también se ha escuchado en la cámara parlamentaria a sus aliados y sobre todo a sus detractores, que son mayoría.

Este tecnócrata engreído, hijo de la rancia derecha gallega, que considera que es la única persona capacitada para gobernar España. Sigue en su árida tarea de convencernos que si no gobierna él, estaremos votando, eternamente, hasta que consiga la mayoría absoluta.

Me da mucha pena, por que sigue rodeado de una cuadrilla de adláteres alabadores que desde su propio partido no son capaces de decirle: “Mariano, debes dar un paso atrás y dejar paso a otra persona que renueve el mensaje de la derecha española”.

Es difícil en un partido donde llevan años esperando un congreso nacional que nunca llega, y que tiene por sistema de designación de su jefatura, el viejo y estéril método del “dedazo” mejicano.

El artículo 99 de nuestra Constitución describe con claridad como se debe designar al Candidato a la Presidencia del Gobierno, una vez renovado el Congreso de los Diputados y después que el Rey, habiendo escuchado a todos los representantes designados por los Grupos Políticos. Es el Jefe del Estado, el que designará al Candidato, que debe pedir la confianza del Congreso exponiendo su programa de gobierno.

Nuestra Constitución no habla nunca de que sea un partido u otro, primero o último, tenga más o menos representación, el que esté legitimado por ello para ser Candidato.

Es el Rey el que debe escoger a la persona que tenga la mayor confianza del Congreso de los diputado. Sea quién sea.

Como los Católicos, cuando se elige Papa, cualquier miembro de la iglesia puede ser designado como Pedro, cabeza de la iglesia, lo normal es que los cardenales encerrados en cónclave elijan a uno de los miembros de la curia, pero hasta en la institución más antigua de occidente, cualquiera puede ser designado Papa.

Es triste ver como aquí en España, llevamos un año dando vueltas a un tema, que debería haberse resuelto en dos meses. Es vergonzoso escuchar al Candidato, que se presenta sin tener los apoyos suficientes.

Es responsabilidad del Rey, que ya ha fallado dos veces, escoger a candidatos que no gozan de la confianza del Congreso. Tal vez, si estuviésemos en una República, el Jefe del Estado, ya hubiese dado un golpe encima de la mesa y hubiese presentado su dimisión.

Pero cómo dimite un Rey, que no tiene ni siquiera arreglado el derecho de sucesión, cuya hija mayor, podría ser rechazada como sucesora, según dispone nuestra propia Constitución.

Así que tal vez no le quede otra que hacer lo que hizo su bisabuelo, coger un tren, irse a Valencia y embarcar al exilio.

Si fuese Presidente de la República, no sería la primera vez, que se produce una espantada, el señor Estalisnao Figueras y Moragas, se subió en un tren y dejó a los españoles, compuestos y sin Jefatura.

El Rey, como Jefe del Estado, debe resolver esta situación, sin volver a convocar nuevas elecciones, debe buscar a un Candidato, español, diputado o no, político o carnicero, que sea capaz de recabar la confianza de la mayoría de la cámara. Debe tener la seguridad de los representantes de los Grupos Políticos lo van a apoyar, y luego designarlo Candidato.

Yo creo que hay personas, independientes, tal vez no miembros del Congreso, que serían capaces de recabar la confianza de la mayoría de la cámara, pero hay que tener, los redaños, la independencia y la fortaleza para cumplir y hacer cumplir lo que dice nuestra constitución. Que casi nadie conoce, pero que todo el mundo quiere reformar, cuando tenemos una Constitución que es un marco que permite el desarrollo de nuestra vida como Democracia.

No creo que una Constitución, más detallista, más intervencionista, fuese mejor. Hay Estatutos de Autonomía de alguna Comunidad, que son más amplios que el Quijote, y cuya normativa, es tan detallada, que tienen el mismo valor que la Constitución más grande del mundo, que es la de Corea del Norte, modelo de Estado moderno.

A veces lo breve bueno, es dos veces bueno.

Espero que el Rey nos saque de este “día de la marmota”, cumpliendo y haciendo cumplir la Constitución que los españoles nos dimos en 1978, cuyo preámbulo es modélico, y que casi nadie conoce. Habrá texto más bello y amplio de miras, que este que aquí transcribo:

PREÁMBULO:

La Nación española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía, proclama su voluntad de: Garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo. Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular. Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones. Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida. Establecer una sociedad democrática avanzada, y Colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra.

CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA Aprobada por Las Cortes en sesiones plenarias del Congreso de los Diputados y del Senado celebradas el 31 de octubre de 1978 Ratificada por el pueblo español en referéndum de 6 de diciembre de 1978 Sancionada por S. M. el Rey ante Las Cortes el 27 de diciembre de 1978

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EL MURO DEL MIEDO.

Roma - El muro de Adriano 2

EL MURO DE ADRIANO (Valores versus Derechos)

Desde hace algún tiempo venimos observando como el miedo dirige gran parte de nuestras actuaciones como sociedad moderna. Eso lo saben nuestros dirigentes y utilizan ese mismo miedo para legislar en contra nuestra, limitando cada vez más nuestra propia libertad.

Hay un tonto pelirrojo por allá, por América, que anda lanzando sandeces, todas bajo el triste manto del miedo. Su mayor idea, levantar un muro. Cómo si los muros sirvieran de algo. Que se lo pregunten a Adriano, que construyó una muralla para dividir Bretaña, o la gran muralla china, o más cercano, Papaito Stalin y su muro de Berlín.

El hombre es un ser libre, no hay muro que lo pare. Cuanto más alto sea el muro, más saltará la libertad.

Algunos nos dicen temblando “Qué vienen los bárbaros”, cuando hace años que comemos, dormimos y morimos con nuestros presuntos “enemigos”.

Yo vivo en Almería, bella ciudad, parida desde la Alcazaba y atravesada por su rambla. Yo vivo en un barrio de mayoría interracial, donde musulmanes, cristianos y gitanos convivimos, con los mismos problemas. La mierda de las calles y el abandono por parte de las Administraciones, que solo vienen a tirarse la foto.

Yo le compro el agua a un hermano musulmán que me vende un pack de seis litros por un euro. ¿Es éste mi bárbaro enemigo?… Lo dudo es un hombre emprendedor, que tiene abierta su tienda casi 24 horas, sin días festivos, ni descansos. Vuelvo a preguntar ¿Es éste el bárbaro que me va a cortar el cuello?… Lo dudo, para él soy un buen cliente, que le compra a deshoras artículos baratos de marcas “raras”.

Ahora vienen y me dicen que si la mujer de mi tendero se baña con burkini hay que legislar en su contra. Por seguridad, por los derechos de la mujer, por que son distintos a nosotros…

Que poca memoria tenemos. El sur de España es una tierra donde hemos vivido mezcladas siempre miles de culturas. La costumbre es que cada cual viva, pero siempre hay un gerifalte, que aprovechándose del miedo nos invita a legislar en contra del vecino diferente.

Como somos tan vagos hemos dejado nuestra libertad en manos del Estado de Derecho. (El Estado de derecho es la forma política de organización de la vida social por la que las autoridades que lo gobiernan están limitadas estrictamente por un marco jurídico supremo que aceptan y al que se someten en sus formas y contenidos. Por lo tanto, toda decisión de sus órganos de gobierno ha de estar sujeta a procedimientos regulados por ley y guiados por absoluto respeto a los derechos fundamentales.)

Hemos construido un muro de leyes, que nos asegure. Sin saber que somos como los berlineses del Este, prisioneros de nuestro propio muro.

El Derecho es algo muy divertido. Hace unos días vi una buena película sobre el héroe de Berlín (Jesse Owens), ese negro americano que ganó cuatro medallas de oro delante de los bigotes del mismísimo Hitler, que andaba por esos tiempos sometiendo a sus compatriotas teutones al miedo a las razas inferiores, que habían reducido el Estado de Weimar a ser un país de segunda. Aquel loco Führer, llegó de unas elecciones efectuadas en un Estado de Derecho, y ese mismo Derecho lo utilizó para masacrar a miles de judíos, gitanos, rojos, gays y gente distinta.

Pero los mejor de la película sobre el héroe de Berlín estaba en su final, cuando este negrito volvió a su país, “Tierra de las Libertades”, y ni siquiera fue recibido por los dirigentes, porque las leyes en ese momento no permitían que un negro se codeara con los blancos en los grandes salones de Norteamérica.

El Estado de Derecho americano, hijo de la Declaración de Derechos del hombre, obligaba a los negros a viajar en autobuses públicos en los últimos asientos, no podían entrar en la mayoría de los recintos públicos, y por supuesto no podían estudiar en las mismas escuelas que los blancos.

Estados Unidos mandó un cohete a la Luna, lo vimos todos por la tele, el 20 de julio de 1969, mientras se daban mangerazos a los negros en las calles por pedir acabar con las leyes de segregación racial.

Y queremos que el Estado de Derecho resuelva nuestros problemas. El Derecho no es más que un instrumento de la clase poderosa para mantener sus posesiones. Lo cubren con esa liturgia, de la Declaración de los Derechos del hombre, que en su momento sirvió para que la guillotina cortara la cabeza de los aristócratas que no entendían que los nuevos ricos habían tomado el poder. Hubo que matar a Dios, para explicar que aquellos reyes, nacidos de la voluntad divina, no eran nada más que personas. Y cuando la guillotina cortó la cabeza de Dios, el miedo cegó a los hombres.

Desde Robespierre hasta Trump, el miedo es el arma utilizada por la clase dirigente para llevarnos por el camino que ellos nos señalan, y válgame el cielo que lo consiguen.

Pero como antes he dicho, vivo en Almería, tierra de acogida, y los otros días, vi una imagen que me emocionó como persona. Una madre musulmana con su hija en un carricoche se cruzaba de acera para saludar afectuosamente a una monja católica. La caridad las había hecho amigas, más aun, eran como hermanas, una con su velo y la otra con su tocado. La alegría de aquellas dos mujeres, me reconfortó como hombre. No hay muros para los pobres, Jesucristo, no ando sobre las aguas en pelotas, ni con bañador, iba vestido, y seguro que algún gendarme francés lo hubiera detenido por escandalizar a los buenos republicanos franceses, hijos de la razón y la ciencia.

Yo acompañé a mi abuela muchas veces, por las calles de su pueblo, vestida de negro riguroso y con velo, por que su padre y su hermano habían muerto, eran los años setenta en España, entonces en Semana Santa, no se veía la televisión, se cubrían las imágenes de los santos, y se rezaba el rosario.

Donde está la ley que acabó con el luto, con la Semana Santa, y con el Rosario… No existe. Hemos avanzado, y hoy es normal que nadie vaya de negro (solo Raphael en sus conciertos) y algunos jóvenes góticos.

Hoy vemos bien que todo el mundo vaya tatuado hasta en sus genitales y que las niñas vayan con pantaloncitos que enseñan un 15% de sus traseros juveniles, pero nos dan miedo los burkinis.

Creo que algún día me dirán que mi tendero es el enemigo, y pondrán una marca en la puerta de su establecimiento, pero yo le seguiré comprando el pack de seis botellas de agua por un euro. Los pobres, al final siempre acabamos en el mismo campo de concentración, uno hecho por alemanes altos y rubios que en su puerta reza “El trabajo os hará libres”.

Benditos alemanes, siempre tan escrupulosos en cumplir y hacer cumplir las leyes.

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De mujer a mujer. — Nina Peña

Cuando comencé a escribir, supe que quería escribir sobre mujeres de hoy en día, de nuestros pensamientos, nuestra forma de pensar, vivir, amar, y siempre de una forma que pudiera ser real, con la que yo o cualquiera que lo leyera pudiera sentirse identificada, pero, también es cierto, que no quería que mis libros […]

a través de De mujer a mujer. — Nina Peña

PEOR PARA EL SOL.

Colabora con nosotros el escritor vasco Gasteizkoa.

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PEOR PARA EL SOL

El trabajo. Otra vez el maldito trabajo le llevaba a la capital. A Juan le gustaba ese sitio, pero odiaba tener que hacerlo para reunirse con esos engreídos encorbatados. Habían hablado mil y una vez sobre la venta de esas acciones, pero aún quedaban esos flecos que había que solucionar.

Cuando entró a la sala de reuniones casi todos los actores le eran conocidos. Salvo un tal Ernesto, con una corbata elegida por el mismo demonio, y un tal Eugeny, con una cara sacada de una película de terror, el resto de la jauría eran los de casi siempre.

Así que Juan repitió lo que tantas veces les había explicado por videoconferencia, pero enseguida notó que algo raro pasaba. Don Pedro gesticulaba con desaprobación en repetidas ocasiones, y Juan iba perdiendo poco a poco la templanza que le caracterizaba, hasta acabar su exposición un tanto nervioso.

Supo que esa reunión no iba a fructificar y, efectivamente, así fue. Cuando todos se levantaron, vio incrédulo como Don Pedro le felicitaba por su exposición. ¿cómo es posible??? Si este hombre ha sido quien ha echado todo al traste…

Se había hecho bastante tarde, así que se le pasó por la cabeza ir directamente al hotel y dormir cuanto antes para olvidarse de todo aquello. Sin embargo, y aunque tenía un largo trayecto, decidió volver a pie para tratar de distraerse de lo ocurrido.

Pasó por delante de una tasca de esas de toda la vida cuando comenzaba a llover, así que decidió hacer una parada y degustar las “croquetas caseras” que anunciaban en esa pizarra. Al entrar, casi se dio media vuelta al ver las manchas de grasa de la camisa de aquel camarero, pero como éste ya le había saludado, su exquisita educación le impidió marcharse.

Las croquetas, sin pena ni gloria. De hecho, dudó seriamente que fueran caseras, así que se dispuso a pagar para continuar con su camino. Pero algo le llamó la atención: sentada al principio de la barra, una mujer compartia anécdotas con el camarero. Juan, acostumbrado a reconocer a la gente por su acento, no era capaz de ubicar ese gracioso acento andaluz.

Le pudo la curiosidad y, aprovechando que un grupo de turistas distrajo al camarero, se acercó a hablar con aquella mujer.

– Disculpa, te estaba oyendo hablar pero no acabo de localizar ese acento… ¿de dónde eres??

– Soy de Úbeda, Jaén, ¿¿lo conoces??

– Úbeda. Lo conozco. Antes no sabía ni que existía, pero estuve allí hace un par de años en varias ocasiones intentando cerrar un negocio que, para más inri, no salió adelante. La verdad es que le cogí un poco de manía y no he vuelto a acercarme por allí.

¡¡Maldito ignorante¡¡, pensó María. Siempre que ella le decía a alguien que era de Úbeda, salía a relucir el nombre del poeta de “Princesa” y “Calle Melancolía” y sin embargo, aquel hombre encorbatado y algo desgarbado no habría sido capaz de ubicarla en el mapa si no hubiese sido por un puñado de monedas, cuan mercader de Venecia.

A pesar de todo siguieron charlando y se dieron cuenta que compartían muchas aficiones: deportes, especialmente los de riesgo, viajar por el mundo, bailar, escribir… Curiosamente, a María le llamó mucho la atención que los dos hacían gala de un humor muy sarcástico. Nunca lo hubiese pensado de un hombretón del Norte como Juan.

Cuando llegó el momento de salir del bar, María se sorprendió a sí misma invitando a Juan a seguir con su encuentro en otro bar cercano, al que había acudido alguna vez con una de sus mejores amigas. Ella debía madrugar, ya que esa semana se encontraba en Madrid en una convención, y era una de las primeras ponentes el día siguiente.

Ella no solía permitirse esas licencias, acostumbrada siempre a una vida ordenada y con mucho autocontrol. Sus últimas experiencias con los hombres habían acrecentado esa desconfianza y no quería que Juan pensara que de ese encuentro saldría algo más.

Sin embargo, cuanto más tiempo pasaba más cerca se encontraban el uno del otro, más conectaban y más reía cada uno con las ocurrencias del otro. Juan, de manera intencionada, rozaba sus manos con las de María de vez en cuando para intuir su reacción, y ella no las apartaba, si bien tampoco daba pie a más.

En esto pasaron al menos un par de horas. Era miércoles, y ese bar debía echar ya el cierre, así que salieron y ambos decidieron que compartirían un taxi que les acercara a cada uno a su hotel. Durante el trayecto siguieron compartiendo risas y alguna que otra confidencia, hasta que el taxi llegó al hotel de María. En esos momentos Juan hizo amago de despedirse, pero miró los ojos color miel de María y lo que vio ahí le hizo cambiar de opinión. Pagó el taxi y se bajó con María, ante el asombro de ésta.

Juan apreció la cara de desconcierto de María en esos momentos, y pensó que se había equivocado y enseguida buscó una excusa tonta:

– Bueno, María, un placer haberte conocido. He preferido bajarme del taxi porque así voy caminando al hotel, que me va a hacer falta caminar un poco para bajar las dos copas.

– ¡Qué tonto eres! ¿por qué no subes conmigo y descansamos juntos, que ya es un poco tarde?? – se sorprendió diciendo María

Juan no contestó. Sólo se limitó a besarla. Un beso interminable, de mil segundos, que había deseado darle desde hacía ya tiempo. Sin darse cuenta, y sin haberse despegado, ambos estaban ya en la habitación de María. Juan ni siquiera recuerda haber tomado el ascensor.

Allí se desnudaron con la misma ansiedad que lo hubiesen hecho dos quinceañeros que se descubren por primera vez. Se tocaron, se sintieron, conectaron… Parece mentira que dos desconocidos fluyan de la manera en la que lo hicieron ellos. No se conocían de nada, pero se conocían de todo.

Miradas, caricias, besos… mucha complicidad, más de la que hubiesen imaginado. María se preguntaba cómo había podido aguantar los últimos meses sin tener esas sensaciones, y Juan disfrutaba de cada segundo. ¡¡Qué rápido pasaba el tiempo cuando uno se quitaba la corbata que tanto le atenazaba¡¡

Aquella desnudez les había hecho libres, les había quitado sus ataduras y les había vuelto terrenales. Nada de complejas operaciones financieras, ni discursos estudiados hasta el último detalle. Ella y él, solos, y de la manera en la que se sentían más cómodos.

Pasaron una, dos, tres, cuatro horas, no saben muy bien cuánto, no hay sentido para mirar el reloj en esos momentos. Pero se hizo el amanecer y volvió la realidad.

Se ducharon juntos aprovechando de nuevo cada segundo, y María trató al menos de adecentar su melena para acudir implacable a su conferencia.

Esa mañana no le salieron las palabras, quizá fue una de sus peores ponencias en público, pero no le importó lo más mínimo. La única palabra que le venía a la cabeza era “química”, mucha “química”.

Juan volvió en el AVE a su ciudad norteña, con una sonrisa de oreja a oreja; una vez que llegó, le costó explicar ante sus compañeros esa sonrisa idiota, conocedores como eran del fracaso de las negociaciones para la venta de las acciones. Juan les contestó con una palabra: “Pasión”

Pasó la mañana, y María cayó en la cuenta de que, con tanta prisa y con tantas pausas, ni siquiera se acordaron de pedirse los teléfonos. Tendrían que conservar el recuerdo de aquel día, porque sería difícil que el destino les concediera otro encuentro.

Esa noche, María volvió a la tasca de las “croquetas caseras”. Sabía que Juan ya se había ido, pero seguía con la esperanza de que se hiciera realidad la voz del poeta…

“Volví al bar a la noche siguiente,

A brindar con su silla vacía,

Me pedí una cerveza bien fría,

Y entonces no sé…

Si soñé o era suya la ardiente voz

Que me iba diciendo al oído

Me moría de ganas querido,

Por verte otra vez”

Peor para el sol” – Joaquín Sabina

 

Gasteizkoa. Agosto de 2016.-

sin sexo

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OTRO LADRIDO PROVINCIANO.

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¿DÓNDE ESTÁ EL SOCORRO ROJO?

Esa es la espinosa pregunta que la nueva izquierda española no sabe, o no quiere contestar.

El Socorro Rojo apareció en España como una organización asistencial durante la revolución de Asturias de 1934. Era una organización asistencial creada por artistas y escritores como un servicio social que actuaba como un organismo altruista alejado de cualquier organización o confesión religiosa.

En España, sobre todo en la industrializada Cataluña, el Socorro Rojo se ocupaba de la asistencia social de niños y necesitados. Se crearon bibliotecas para los trabajadores en donde se intentaba que no solo se repartiera la cultura sino también el pan a los que no lo tenían.

Durante la Guerra civil, se crearon 275 hospitales bajo el control del Socorro Rojo, un gran servicio de ambulancias, se crearon bibliotecas para los soldados y se ocuparon de dar de comer sobre todo a los menores y los incapacitados. Las campañas de salubridad, de salud, de sanidad para las mujeres, eran transmitidas a través de esta organización obrera, en donde los profesionales, los escritores y los artistas participaban de manera voluntaria.

Por supuesto, esto era España, y rápidamente la élite del Partido Comunista dirigida entonces por el dictador Stalin (el padre del Capitalismo de Estado) quiso controlar la organización y hacerla depender de las órdenes soviéticas. Solo el partido trotskista (POUM) mayoritario en Cataluña, siguió manteniendo una total independencia de sus establecimientos asistenciales.

Eran otros tiempos, cuando en las sedes de los partidos de izquierdas, los partidos obreros, lo primero que había era una gran olla comunal. No se puede discutir de política con hambre y es difícil entender el materialismo dialéctico con la barriga vacía.

Por eso la izquierda española está perdida. Sus dirigentes son funcionarios públicos y profesores universitarios que no han pasado hambre nunca.

Esos ingenieros de la nueva revolución, nos siguen vendiendo las mismas viejas recetas que no funcionaron en los países del “socialismo real”.

No hay ningún partido que abra sus sedes para alimentar a los hambrientos, de eso que se ocupe Cáritas o la Cruz Roja, una, dependiente de la Iglesia Católica y la otra, de los Comisarios Políticos de turno.

Total que los obreros han perdido su conciencia de clase y no saben lo que son. Y estos funcionarios de barriga llena, no tienen, ni las ganas, ni el compromiso, de un trabajo altruista y solidario.

Si cuando vas a tu casa montado en tu coche y ves rebuscar en la basura, o ves las colas en las sacristías de las Iglesias, o ves a los necesitados mendigando al comisario político una migaja; y te echas a dormir, no preguntes luego porqué la gente vota a la derecha, sabiendo que los roba. POR LO MENOS LES DA DE COMER, ¿TU QUÉ HACES POR ELLOS?

Ahora los catedráticos de la complutense, algunos que son funcionarios del Estado desde los 22 años, quieren arreglar el país diciendo que ellos son la regeneración política y moral de la sociedad. Rápidamente empiezan a salirles las goteras por todos lados.

No, la izquierda tiene primero que recuperar su conciencia solidaria, su condición de clase, y hasta que esto no ocurra estamos echando margaritas a los cerdos.

El sistema Capitalista y el sistema Socialista, son como los viejos tableros del Parchís y La Oca, un mismo tablero con dos juegos, con las reglas totalmente distintas, lo único que son iguales son las fichas. Esas fichas son los trabajadores, la gente, y mientras no tengamos conciencia de que no nos van a dejar voltear el tablero sin que se caigan los dados, no seremos conscientes de cual es nuestro camino.

Los nuevos filósofos anticapitalistas, constituidos en élite salvadora, intenta decirnos que con la reglas del Parchís, (la democracia burguesa con su parlamento, su división de poderes y el Estado de Derecho Moderno) podemos llegar a asaltar los cielos (el viejo Palacio de Invierno) e ir transitando hasta llegar a jugar a un Parchís “Ocarizado”.

Dicen que son Marxistas, pero no leen a Marx, lo interpretan, y vuelven a la misma estupidez del Papaito Stalin. “Cuando estemos en el poder cambiaremos el sistema”. Nadie puede aguantar esa presión, por eso Marx tenía bien claro que nunca se podía producir un cambio social en una sociedad no industrializada en donde el trabajador no tuviese conciencia. Más difícil, en este momento, en el que los trabajadores han asumido los valores del sistema que deben destruir.

Hace pocos días recibí un correo animando a participar a la gente en los debates políticos de los “Círculos”, tiene guasa la cosa.

Yo propongo que cada “Círculo” cree una olla comunal, una guardería para los niños donde se les aseguren tres comidas al menos y un ateneo sociocultural, para que los trabajadores tengan contacto con la cultura y las ideas.

Pero claro eso no viene bien a nadie, no se pueden hacer ollas comunales por “telegram”, ni se pueden cuidar niños, ni ancianos, ni refugiados virtualmente. No vayamos a meternos en un lío, y luego salga el Comisario Villarejo a través de sus comandos periodísticos diciendo que no hemos cotizado a la Seguridad Social.

Hace menos de un mes que murió el cantaor flamenco José Menese, que era un luchador incansable, el tenía un fandanguillo que no recuerdo del todo bien (si hay algún compañero que lo recuerde, le rogaría que me lo indicase), que decía algo parecido a esto:

Todo lo van a arreglar

en almuerzos de trabajo,

todo lo van a arreglar,

si el que está harto de pan

nunca se puede acordar,

del que sufre desde abajo”

Descanse en Paz, este compañero, que seguro, sería uno de esos artistas que no les importaría trabajar para un nuevo SOCORRO ROJO.

El Zagal Proscrito.

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POBRES NIÑOS POBRES.

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LOS NIÑOS Y LA MUERTE.

Hoy recorre la red y los informativos la imagen impactante de un niño sirio que ha sobrevivido a unos bombardeos. Lo sorprendente es que el niño ni siquiera lloraba, era como un muerto viviente, preocupado de que sus manos manchadas de sangre no le llenasen la poca ropa quemada que llevaba encima. Frotando sus pequeños dedos sobre la silla de la ambulancia.

No se por qué esa imagen me ha recordado unas fotos que vi hace tiempo sobre los niños muertos en los bombardeos de la Legión Cóndor, durante la guerra civil. Eran fotos de cientos de niños, destrozados puestos en filas para ser fotografiados.

Nos hemos acostumbrado a la muerte de los niños, es tan normal, tan fácil de olvidar, que creo que ya no nos afecta.

Son siempre los mismos los que mueren, los niños pobres, de esos que como hay tantos, sabemos perfectamente que mañana morirán otros, que serán más interesantes que este de hoy, que no ha tenido si quiera la dignidad de morirse. Con lo que le habrá costado a la República Francesa, o la República de Rusia el misil que han tirado para nada, trescientos mil euros echados a la basura.

Supongo que si fuera un niño europeo, uno de esos con una enfermedad rara, que los médicos han dictaminado que tendrá una vida de perros, durante tres o cuatros años, que será un conejillo de indias de alguna investigación sin posibilidades, nos mataríamos a recoger tapones de botellas para que viviese aunque fuese un minuto más.

Pobres niños pobres, nadie recoge tapones para ellos. Al revés necesitamos que nuestra economía funcione cada vez mejor. Nos hemos imbuido de esa idea de para que nuestra economía vaya bien, se debe hacer lo que sea, de hecho la Unión Europea, ya computa en los Ingresos Netos de la naciones, el dinero del narcotráfico y la prostitución (no sé que funcionarios tiene hacienda que fiscalizan a los narcotraficantes y los dueños de burdeles), lo importante son que los datos sean positivos, eso nos ha dicho Alemania. Todo vale. Así resulta que España es uno de los países que vende más armas. Legales e ilegales, somos los proveedores más serios de bombas de racimo, que hace años fueron denunciadas por la ONU.

Pero es que si la economía no funciona, no habrá trabajo, nuestros hijos no tendrán futuro, y no vamos a ser todos camareros y limpiadores de los alemanes e ingleses, algo más tendremos que vender. Aunque sean rifles, balas y granadas.

De todas las maneras hay tantos niños pobres.

Gracias a Dios, aquí, ya lo hemos resuelto, la Europa culta y moderna, cada vez, tiene menos hijos, de hecho, solo los que económicamente son viables, y como la cosa esta mal, cada vez menos. Gracias a Dios, somos gente culta y moderna, y tenemos Derecho al Aborto, así los niños pobres no tienen ni que nacer. No hay que gastar misiles luego en matarlos. Gracias a Dios, que tenemos un Estado democrático, social y sobre todo de Derecho.

Para dentro de poco empezaremos a estudiar la legislación del final, para matar a los viejos que están solos y la mayoría con demencia mental, total no se van a dar cuenta de nada, hoy tenemos unos servicios paliativos que los sedan y se mueren con una tranquilidad que da gusto verlos.(Lo que se va ahorrar el Estado Moderno en pensiones) Les prometo que si los sacaran en televisión, los últimos suspiros de un viejo, esos estertores de la muerte, son más fotogénicos que esos niños extranjeros de cara sucia. ¡Donde va a parar! No hay comparación entre la regulada muerte de un viejo europeo bien nutrido, que la muerte aleatoria de esos niños sucios, que corren como conejos.

Ahora caigo…. Por eso me he acordado de aquella foto, supongo que aquellos alemanes rubios y arios, en sus bellos aviones de la Lutfwaffe, veían a los niños españoles, sucios, feos, morenos, pobres… ¿Cómo se iban a resistir a matarlos?

No se por qué decimos que somos cultos, que somos modernos, que somos democráticos, que tenemos derechos, si siguen muriendo los mismos muertos, podridos de suciedad.

Para esto tanto avance, tanta ciencia, tanta red, tanta mierda…

Es la economía, estúpido

Iros a la mierda, con vuestra economía… prefiero al hombre…

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LA TITA MARÍA TERESA.

Colaboración de la escritora almeriense MIA. (TE SORPRENDERÁ)

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LA TITA MARÍA TERESA.

Toda su vida había sido al servicio de los demás; de pequeña ayudando en los quehaceres con sus cinco hermanos y una madre que solo se miraba el ombligo; de joven cuidando a los hermanos que todavía no habían volado del nido y añadiendo a los hijos de sus hermanos; y ya de mayor a su madre hasta que la muerte se la llevó. Y ahora a sus 60 años se despierta cada mañana sin rutina, y sin nadie cerca. No le pesan los años, toda su vida ha sido activa y sabe la edad porque lo indican las matemáticas; se mira al espejo y lo que ve es la mujer que siempre ha mirado al espejo para peinar a alguno de los niños pero con arrugas ahora. Su gran familia, sus hermanos, sus sobrinos , todos los que han pasado por sus manos y sus mimos ya no la necesitan. Abre la puerta de su casa y no hay ruido, entra en las habitaciones y el silencio la persigue aunque ella lo intenta despistar con el ruido de la televisión. Al principio la llamaban unos y otros pero ya el móvil no suena e incluso el ruido de las notificaciones calla; todos han volado y han creado a su estilo su propia familia. Ella no tiene cabida en esas nuevas estructuras, ni siquiera se ha hecho con una despedida, ha sido tal dejadez que ni ella misma lo ha sentido, es cada día que va descubriendo un nuevo sentimiento de dolor , poco a poco como la muerte que acude al enfermo en cama

Estaba mirando la mecedora en la que acurrucaba a alguno y con sus nanas lo llevaba al sueño, cuando la rabia a una velocidad vertiginosa subió y la hizo tambalear a la misma vez que le dio una energía que le hizo gritar y dar un puñetazo en la mesa. Demasiado tiempo entrando el dolor poco a poco. Y con otro grito se giró buscando como canalizar tanta rabia y dolor; abrió el armario y buscó una pequeña maleta sin estrenar, regalo de algún cumpleaños; y sin ella misma creérselo se dijo en voz alta e imperativa:

-Lo vas a hacer, esta vez lo vas a hacer ,lo que tenías que haber hecho en su momento. Vas a hacer esta maleta y te vas a ir a un sitio, da igual, te vas a ir ahora mismo a la estación del tren y te vas a ir al primer sitio que salga pero bien lejos. ¡Vas a salir!. Tu no vas a esperar la muerte, todavía no ha terminado la película. ¡Tú te vas!. Toda la vida cuidando a todos …, tanta responsabilidad…, era tu obligación…para eso estabas…¡Haz la maleta! ¡Te vas! Aunque sea lo último que hagas en tu vida, a ver mundo, a hacer turismo y todos los pequeños placeres que se te han negado lo vas a hacer ahora. ¡Ahora mismo!

Y se presentó en la estación del tren vestida con unos vaqueros, camiseta blanca y unas zapatillas de deporte que lo mismo pasaba por una quinceañera por su delgadez, sino fuera por las marcas del paso del tiempo en su cara. No tenía curvas, muy seca y solo le destacaba unos ojos verdes gatunos marca de la casa genética de su padre. Siempre se había preguntado donde estaría la valentía, la bravura que caracterizaba su apellido y ahí estaba sin un ápice de duda, ni de miedo, y con tan claro su objetivo que reconoció de lo que hablaban sobre su apellido.

Entró en el vagón destino a la capital de España, Madrid, solo ocho horas de viaje pero le daba exactamente igual, para eso estaba el vagón bar y el pasillo para dar paseos.

Su asiento estaba en un grupo de cuatro, dos frente a dos. A su lado no se llegó a sentar nadie pero frente a ella estaba una monja de mediana edad con el habito clásico de color negro y a su lado un hombre corpulento con gesto rudo que al saludar comprobó que era extranjero.

La situación era un poco tensa ante la presencia de la monja pero fue la propia monja la que empezó y dio conversación. Se presentó como Sor Candelaria, iba a Madrid a reunirse con su congregación después de visitar a su familia, había muerto una hermana suya. Recibió el pésame de ambos e inmediatamente empezó a preguntar al extranjero corpulento. Su nombre era Gabriel, rumano , viudo y sin hijos que iba a Madrid a montar con su hermano una empresa de transporte de camiones. Era parco y seco en palabras , a la misma vez que educado, contestaba a todo lo que se preguntaba e intentaba terminar esbozando una sonrisa. No preguntaba ni añadía comentarios e intentaba despegarse de la conversación mas no tardó en tener curiosidad y cada vez su postura era de estar atento y un poco más cercano. María Teresa expresó que toda su vida se la había pasado siendo hermana, hija y tita de toda su familia y parecía ser que se habían caducado todos sus títulos con lo que había decidido ir a ver mundo, que ya era hora.

La monja arqueó las cejas y se bajó las gafas para verla mejor mientras el rumano abrió los ojos e inmediatamente fue muy expresivo denotando entendimiento. Sor Candelaria le llegó a preguntar si estaba enfadada con el mundo y que debía entender que todos estábamos en la tierra para cumplir una misión y que debía estar muy orgullosa de haber sido una buena hija, una buena hermana y una buena tía que claramente esa había sido su misión …

La respuesta vino cargada con toda ironía y una mirada penetrante de los ojos de gata

– Sí, al final he sido la Tita María Teresa para todos; sí, muy orgullosa de ser la tita María Teresa…

La monja no supo como continuar, no sabía donde pisar y sabía que estaba entre arenas movedizas así que optó por contar anécdotas de su congregación y volvió al ataque al cabo de un rato sobre Gabriel. Iba preguntando hasta que consiguió un mapa orientativo de su vida, hijo mayor de cuatro hermanos todos varones, criado en la religión católica y con novia desde los dieciocho años, se casó a los treinta después de emigrar a España y ahorrando todo lo que podía hasta que pudo traer a toda la familia a vivir con él. Su código era la familia unida y vivir con los valores que le dieron de pequeño, trabajó siempre muy duro para tener toda la familia junta. Después de diez años casado y sin traer descendencia su mujer pasó por una fiebres y en pocos días falleció. Fue muy duro y ya a sus 45 años seguía sin querer casarse otra vez. Y ahora emprendía un nuevo reto con su hermano y dos cuñados con una empresa de camiones.

A medio trayecto cuando ya habían transcurrido más de cuatro horas Gabriel y María Teresa se tomaron un café en el vagón bar, Sor Candelaria se había quedado dormida en su asiento y así sin las miles de preguntas investigadoras de ella tomaron café y un dulce pero sin presiones hablando de lo que se les pasaba en ese momento por la cabeza, se pasó el tiempo tan rápido que cuando volvieron a sus asientos quedaban solo veinticinco minutos para llegar. Los niños que habían en el vagón no paraban ya de corretear y gritar jugando porque no aguantaban ya más tanto viaje.

Fue nada más llegar a la estación cuando detonó la bomba del atentado. Los cristales estallaron, todo se llenó de humo, los asientos volaron, la gente salió disparada golpeándose de tal forma que algunos murieron en el acto, el estruendo dejó sordos a los supervivientes durante un rato, y algunos al mirarse descubrieron hierros atravesados en sus cuerpos, otros vieron a su familia muerta a su lado e incluso encima de ellos. Al principio desconcierto, luego miedo al descubrir la realidad y seguido de un pánico que hacía huir a los que podían moverse sin fijarse en los heridos más graves.

Sor Candelaria fue la primera en despertar y ayudar tanto a Gabriel como a María Teresa. Todos maltrechos pero bien. Haciéndose señales, no oían, fueron a por los niños, uno había muerto y otro desvanecido tenía una herida en la pierna y la sangre le salía a borbotones. No dudó María Teresa en quitarse y darle su sujetador a Gabriel que con las gomas de éste le hizo un torniquete. Se quedó entonces en el regazo de la monja mientras ellos dos fueron a por el último niño; se había quedado aplastado entre dos sillones y uno de los hierros le había atravesado el hombro. Estaba llorando y convulsionaba por el pánico, llevaba casi treinta minutos así desde la explosión. La única forma de acceder a él era una abertura muy pequeña entre los dos sillones por la que María Teresa se puso a reptar y a moldearse a los huecos hasta que llegó. Avisó a Gabriel que fuese en busca de ayuda que ya había llegado hasta el niño y se quedaba a consolarlo.

Así fue, Gabriel fue en busca de ayuda y ella se quedó acurrucándolo, besándolo e incluso le cantó una nana, ambos entrelazados y de fondo la canción… Hasta que llegaron los bomberos y un médico.

Al salir le asaltaron miles de cámaras. Ella pequeña ,flaca; la camiseta blanca y sucia se ajustada a su cuerpo señalando sus pechos; la melena pegada a su cara ennegrecida que destacaba esos ojos verdes brillantes felinos fue la foto de portada que más vueltas dio entre los distintos medios de comunicación: LA HEROÍNA DEL TREN

Los micrófonos le asaltaron. Gabriel se puso a su lado como escudo de protección y rozó su mano que ella aprovechó para agarrarla con fuerza y así con las manos entrelazadas empezó a contestar a la primera pregunta de quién era ella y su nombre.

-Todos en mi familia me conocen por la Tita María Teresa; desde pequeña cuidé a mis hermanos y luego a los hijos de estos, así que me quedé con el nombre de la Tita María Teresa.

Curiosa la vida, desde pequeña me dediqué a cuidar, educar, proteger, alimentar a todos a costa de vivir mi propia vida… No jugué, no me enamoré, no formé mi propia familia, no conseguí un sueldo y… Nunca nadie lo reconoció ni agradeció… Era invisible y ahora… Durante unas horas he hecho lo que se debe hacer en caso de peligro, proteger, cuidar y soy una heroína para todos. Paradojas de la vida.

Las palabras no salieron ni con rabia ni con odio solo una descarga del peso llevado. Respiró hondo y el beneficio del aire entro en todo su cuerpo, se llenó de felicidad.

La voz en susurro y pegada a su oído de Gabriel preguntándole que quería hacer le hizo girarse con toda la sensualidad y picaresca que pudo para responder

“Por favor sorpréndeme”

MIA. Agosto de 2016.

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