Una mentira…

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UNA MENTIRA POR DÍA.

  • Te estaba esperando…

  • No todos tenemos la vida resuelta como tú… – me sentí un capullo por decirle aquello en ese momento.

Estaba peor de lo que yo esperaba… Por eso no quería venir. Ya tengo demasiadas experiencias acumuladas en hospitales. Ninguna buena.

  • Cómo llevas la película…

  • Esperándote – mentí.

  • Sabes que esta vez tendrás que hacerla sin mí…

  • O no hacerla…

Intentaba mirarle a los ojos, pero no podía. El llanto de su mujer al verme llegar ya me había alertado, pero no esperaba encontrarme a mi amigo en estas condiciones. Que mierda de vida… no era justo.

  • ¿Vas a salir huyendo de esto también?, cabronazo…

  • Tu eres el Director, yo no soy más que el loco que escribe tus guiones – le dije sin mirarlo a la cara.

  • Vete a la mierda, cabrón, tu sabes que desde hace más de un año venimos trabajando en esta película y ya sabias que yo estaba enfermo… ¡No te escondas en tus mierdas y termínala! ¡Ten cojones por una vez en la vida! -me gritaba, agarrando la sábana de la camilla con desesperación.- Si no estuviese enganchado a estos sueros, me levantaba ahora mismo y te daba dos hostias.

  • Seguro que me las merezco…

  • Cada vez que algo no te sale bien, sales por patas, cabrón, eres un cagao de mierda…

  • Insultarme, no va a servir de nada…

  • Ya lo sé mariconazo, contigo no se puede discutir. Tú estás por encima de todo esto, ¿verdad?- me gritaba clavándome su ojos acuosos- Tú eres el intelectual educado, el que nunca pierde los estribos. El eterno escritor – dijo eso con retintín histriónico- ¡Un plumilla de mierda, eso es lo que eres!

  • Un contador de historias, diría yo…

  • Pues cuenta nuestra película, cabrón, que tú la has escrito.

  • Escribir es una cosa, dirigir…

  • Vete a la mierda, mamón, llevas conmigo tanto tiempo que te sabes mejor que nadie todos los trucos del oficio. Lo que pasa es que eres un mierda, y me vas a dejar tirado… como todo en tu vida…

  • Qué bien me conoces…

  • Como si te hubiera parido, mamón, tú eres mi mejor amigo…

  • Dirás el único que te soporta…

  • Eso también – y al reír, una tos oscura le anegó los bronquios.

Isabel, su sombra de tantos años, le secó la boca, y pude observar como intentaba ocultarnos la gasa con la sangre. Mal asunto. Me miró con ojos de ira, gritándome de forma sorda, para que él no se diese cuenta de nada.

  • Si te vas a poner así… cojo la puerta…

  • Como siempre, no esperaría otra cosa de ti… ¿Dónde mierda estás viviendo ahora?

  • En Almería.

  • ¿Y qué carajo se te ha perdido a ti en Almería? Otra vez huyendo, ¿no?

  • Almería es una ciudad de cine…

  • Que cabrón, a otro perro con ese hueso. Tú sabes que nuestra película se tiene que rodar aquí en Málaga.

  • Tu película se rodará aquí cuando tu salgas… – no me dejó acabar

Se incorporó, arrastrando los sueros, y me agarró del brazo, fuerte, clavándome la uñas con rabia.

  • Sabes perfectamente que yo no voy a salir de aquí con vida…

No debería haber venido. No quiero pasar por esto otra vez, no me lo merezco. Lloraba como un niño, de forma silenciosa y apagada, con los ojos cerrados, sabiendo que su mano seguía aferrada a mi brazo. No tenía fuerzas para mirarlo. Entonces lo escuché, sus hipidos sordos, como de viejo asmático, estaba llorando también… como un moribundo aferrado a una tabla. Yo era esa tabla, no podía fallarle… A mí que me cuesta dios y ayuda mantenerme a flote.

Dos amigos llorando en una habitación de Hospital. Que buena historia. Que mierda de vida.

Suavemente le cogí la mano, lo ayudé a recostarse, y empecé a mentirle. No creo que un dios que mata a una persona con un cáncer, tenga que perdonar a un mentiroso.

  • No te preocupes, yo haré la película… De hecho, estoy trabajando en la búsqueda de los exteriores, ya casi tengo todas las localizaciones…

  • Aquí, en Málaga…

  • Por supuesto, solo habrá varias tomas que las grabaremos en la Alpujarra granadina, en Órgiva… (escenas oníricas de su niñez)… como ves lo tengo todo bastante adelantado…

  • Y el final, ¿cómo lo has resuelto?- dijo más tranquilo, apretándome la mano.

  • Bueno, lo tengo todo previsto, los dos amigos se encontrarán en el cementerio, junto a la tumba de Laura, y allí, se explicarán todo.

  • ¿Por qué en el cementerio?- su mano apretaba, con menos fuerza, y su respiración era más tranquila.

  • Quiero cerrar el círculo. La película se inicia en el cementerio, con los funcionarios sacando fotos de los nichos rotos, las fotos en dónde Ricardo, el Alcalde, reconocerá a su amigo que creía muerto desde hace años. Las fotografías recogerán de forma fortuita a Pablo tocando la imagen de Laura en su nicho, y allí tengo previsto que acabe la película, se encontrarán frente al mismo nicho, y allí Pablo le contará como fingió su muerte y creó una nueva vida, para vengarse de todos los que tuvieron algo que ver con la muerte de su novia…

  • ¿Pero y el accidente?, la película se iniciaba con el accidente de Pablo, como su coche salía volando por el puente de la autovía…- su voz era un susurro y sus ojos cerrados, era como si estuviesen viendo las imágenes que yo le relataba.

  • Lo tengo todo previsto el accidente serán las primeras imágenes, cincuenta o sesenta segundos, los que se requieran para los títulos de crédito y la música inicial, los actores no empezarán a hablar hasta la escena de las fotos de cementerio. Ya te digo, un círculo, empezar y terminar en el mismo sitio…

  • Eres bueno, cabrón… realmente bueno… – su respiración era cada vez más tranquila y su voz, un susurro. – Sabía que solo tú podías acabar nuestra historia como se merece… gracias…- susurró

  • Espera porque hay algo que no te va a gustar…

Ni siquiera abrió los ojos, solo hizo una mueca, y me apretó la mano, que ya casi estaba helada…

  • Cuéntame… – apenas exclamó en un suspiro.

  • No me gusta el Cementerio de Málaga… La verdad, no veo el sitio. Me he pasado días en él y no he visto posibilidades para lo que buscamos, es un cementerio demasiado impersonal y nuevo, necesitamos algo más histórico, con más posibilidades… además trabajar allí con un equipo de grabación lo veo casi imposible…

Ya no me contestó solo apretó de nuevo mi mano. Isabel lloraba calladamente mirándonos con ira. La persona que más quería en este mundo se estaba apagando y ésta, solo quería apretar la mano de un amigo mentiroso y mezquino. Que mierda de vida.

  • Creo que podríamos grabar las escenas en el cementerio de San José, en Granada… Ya sé que la historia es de Málaga, pero te juro que en abril tuve que pasar por allí, y el cementerio de Granada tiene unos patios antiguos amplios con una luz estupenda para grabar, y allí podemos meter hasta dos equipos de grabación, por espacio no va ser… Además, los cipreses son centenarios y para lo que nosotros buscamos, es el ambiente adecuado…Vamos, eso pienso yo, ¿si tu no lo ves mal?

  • Ahora es tu película – susurró, mientras dos lágrimas caían por sus mejillas cetrinas.

  • No Miguel… tu eres el Director, tu eres el maestro, tu… – no pude continuar, estaba llorando como un niño.

Sentí como su mano fría resbalaba y entre lágrimas pude observar como Isabel gritaba para que viniesen los médicos. En un momento me vi empujado por el personal sanitario que me sacó a empellones de la habitación mientras iniciaban las maniobras de reanimación.

Fue un minuto escaso. Un enjambre de sanitarios corría entrando y saliendo de la habitación mientras yo esperaba de pie en la puerta sin saber qué hacer. De pronto, todo se paró, se hizo un silencio roto solo por el llanto desvalido de una mujer viuda. El personal sanitario fue saliendo calladamente de la habitación mirando al suelo, sin fijarse siquiera en mí, solo un doctor mayor, que salió de los últimos, se vino hasta mí y me apretó la mano.

  • No hemos podido hacer nada, lo siento.

No sabía qué hacer. Hay momentos en la vida, que por muchas veces que pasen hacen el mismo daño. Rompen los mismos velos, y rasgan las entrañas como si te picotease un carroñero.

De pronto Isabel salió de la habitación llorando. Me acerqué para abrazarla, pero se me encaró y me dio dos bofetadas que resonaron en todo el pasillo, no entendía nada…

  • Tú eras su mejor amigo… su cuenta historias, ¡espero no verte más, bastardo!… me has robado hasta su último suspiro, tú y tus historias de mierda. Eres Sherezade, cuentas un cuento cada día, para que el sultán no te corte la cabeza. Una mentira por día. Una furcia mentirosa… Pues bien, el sultán ha muerto, ya eres libre…

Se abalanzó sobre mí y siguió golpeando mientras lloraba, cada vez golpeaba menos, y lloraba más, hasta que se me abrazó gritando.

  • ¿Qué vamos a hacer sin Miguel? Dime, ¿Qué vamos a hacer?

  • Contar su historia Isabel… contar su historia…

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Mariposa, cuento completo — Blog de Jesght

I Todo empezó una noche, ocultos entre laberintos de calles sin salidas, de pasillos estrechos, de susurros furtivos. Dos figuras que apenas alcanzan a vislumbrarse entre las luces de faroles lejanos conversan entre murmullos. La conversación, de repente, se anima. Insultos inesperados incendian los ánimos. La noche se corta con el sonido de un…

a través de Mariposa, cuento completo — Blog de Jesght

UN AGUJERO NEGRO.

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UN AGUJERO NEGRO.

En el espacio infinito,

los árboles caminan en fila hasta el Ocaso,

los hombres lloran por las piedras

y los muertos renacen de las cenizas.

En el espacio infinito,

el tiempo se dobla por su centro

y las nubes se duermen en los cielos.

Los ángeles lloran,

y la verdad amanece bajo tierra.

En el espacio infinito,

las mujeres trabajan sus cerebros

y los hombres cultivan su destino.

Los barcos se pierden en la niebla

y el pescador arroja su sedal.

En el espacio infinito,

a veces escucho los gritos de los niños

que mueren por la bombas

que la ciencia ha creado.

Y se pudren sus huesos,

quemados por el odio.

En el espacio infinito,

el listo escribe mapas con bolitas de queso,

el pobre rebusca en la basura

y el poeta habla solo,

esperando a un Dios,

que nunca llega.

En el espacio infinito,

somos polvo gris encima de un piano,

un futuro sin niños

un planeta de viejos.

No quiero morir solo,

sin mis libros,

palabras de otros hombres

en el espacio infinito.

Un agujero negro es un lugar invisible de espacio cósmico que, según la teoría de la relatividad, absorbe por completo cualquier materia o energía situada en su campo gravitatorio.”

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“UNA GRAN RESPONSABILIDAD”

Un pellizco imaginativo de la Escritora MIA.

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COLABORACIÓN ESPECIAL DE MIA

“Una gran responsabilidad”

Su padre no se portaba bien con su madre y él se refugiaba en los comics. Un día un conductor borracho dejó a su madre viuda y a él huérfano. A él no le picó un bicho para adquirir fortaleza pero el deporte, escalada, boxeo, travesías, bicicleta e incluso artes marciales se lo dio. Si que también tenía una inteligencia superior a la media y se inclinó por la física y química en su último año antes de la Universidad. A él también le costaba relacionarse con sus compañeros de estudios y trabajaba para ayudar económicamente a su madre a pagar el alquiler; daba clases particulares a los dos hijos del alcalde, dos mellizos, Carla y Alex, dos cursos por debajo del suyo.

La primera vez que entró en la casa no dudó que significaba el término mansión. En la misma entrada partía a un lado una larga, amplia y enroscada escalera de mármol blanca que te transportaba a la zona superior de los dormitorios. Junto a la escalinata la zona se repartía en varias dependencias; la cocina con un pequeño comedor con una superficie de cincuenta metros cuadrados se quedaba pequeña ante las estancias de biblioteca, salón , jardín cerrado y sala de masaje y entrenamiento. Las superficies resaltaban por su suelo de mármol y por la amplitud de espacio despejado. Hacía que la casa fuera más majestuosa.

Lucas no esperaba que la primera impresión que le dio la casa se transformara en un clima familiar con los dos hermanos y su madre; las clases las daban en la cocina y mientras daba las lecciones y corregía ejercicios a Matilde le gustaba cocinar algún bizcocho o galletas para terminar en una cálida merienda con sus hijos y él, el profesor. Ella cocinaba y escuchaba el avance de sus hijos, asimilaban con risas y algún que otro acertijo que siempre sacaba de la chistera Lucas. El olor del bizcocho y del chocolate recién hecho anunciaba que la clase estaba a punto de finalizar. Recordaba que esas tertulias eran reñidas por los distintos puntos de vista, no se ponían de acuerdo pero siempre descubrían una nueva versión de ver las cosas y de la mejor forma, con el estomago lleno.

Durante el primer trimestre solo vio al alcalde un par de veces que se lo cruzó en la entrada. Amable, educado y escueto en palabras halagaba los buenos resultados de sus hijos y le animaba a seguir en ese camino. Nunca entraba en la cocina, siempre estaba de reuniones o comidas de trabajo como buen político.

Ya en el segundo trimestre se sentía parte de la familia, y él que nunca tuvo hermanos ni resto de familia que no fuera su madre a la que adoraba empezó a sentir que sus sentimientos se ampliaban a algo parecido.

Un día entró en la cocina el señor alcalde y el aire cambió radicalmente. Matilde nerviosa, no paraba de tocarse las manos y preguntarle que necesitaba, Carla y Alex no levantaron la mirada de los ejercicios y los pocos minutos que estuvo fueron como un cuchillo al deslizarse para cortar. Frio, seguro y mortal. Así se sintió en el ambiente.

Ya estaban cerca de los exámenes finales y en las clases no aparecía Matilde; no se encontraba bien, no más explicaciones. Carla y Alex estudiaban duro pero últimamente ya no había meriendas ni conversaciones en las que discrepar.

Y fue una tarde que al entrar salió Carla llorando pidiéndole ayuda porque no sabían que hacer ella y su hermano. Se encontró que Alex estaba recogiendo del suelo el cuerpo de su madre lleno de morados y la cara desfigurada, un ojo hinchado sin poder abrirlo y la boca llena de sangre. Matilde acariciaba la cabeza de su hijo mientras intentaba ayudarlo para que no cargara con todo el peso de su cuerpo. Entre los dos varones la llevaron a la cama mientras Carla entre sollozos empezó a limpiar las heridas y casi sin voz Lucas preguntó:

-¿Quién ha sido? . Vuestro padre , ¿Verdad?- con ira contenida…

-Sí, cuando se enfada…y nadie debe saberlo porque se enfadaría más – entre hipos y lagrimas iba contando Carla; su hermano lloraba en silencio mientras besaba la mano de su madre, la única parte sin morados o sangre -, la primera vez fue hace un par de años que delante de nosotros le pegó una bofetada y ante la sorpresa todos nos callamos mirándole incrédulos. Mamá lo miró y le dijo que ahí se había acabado ser su esposa. Esperábamos un arrepentimiento…y en vez de eso…cogió nuestra mascota, un conejito enano blanco…con voz neutra nos explicó que allí mandaba él y que si alguno intentaba desobedecer o hacer algo contra él podría pasarnos lo mismo que al conejito…y oímos crujir su cuello.

La reacción de Lucas fue hermética, se incorporó, calló unos segundos y pidió a Alex que le dejara entrar en su dormitorio, que necesitaba un poco de ropa y que tenía que salir. Carla y Alex entendieron que cada uno reacciona de distinta forma ante el dolor, no comprendían lo que buscaba Lucas pero accedieron y ya solo pensaron en su madre, en limpiar las heridas y en llorar.

Lucas sabía que Alex tenía muchos disfraces de fiestas, carnavales,…

* * * * *

Al día siguiente en primera página de los periódicos:

Spider-Man , ayer tarde, irrumpe en plena reunión del ayuntamiento y sin que la policía pudiera evitarlo levantó en peso al alcalde , lo lanzó a la pared y le estuvo golpeando en la cara hasta dejarle un amasijo de carne y sangre, tres costillas rotas y los testigos decían que solo paraba para hablarle al oído. Rodeado por la policía se escapó por la ventana escalando el edificio y a pulso por la cornisa desapareció. Al cierre de esta edición el alcalde se encuentra en coma con pronóstico reservado”.

Una semana más tarde, en el funeral del alcalde, al dar el pésame a la familia, Matilde lo abrazó y mientras recibía las condolencias acarició los nudillos desollados de éste sin articular palabra y con lagrimas en los ojos. Su cara tenía todavía morados de la caída de las escaleras según le dijeron.

Esa noche como cada noche desde hacía una semana le costaba conciliar el sueño y lo que se lo impedía era una semilla que empezaba a germinar dentro de él: repetía una y otra vez las imágenes de los golpes y la sangre que salía en explosión, un deleite y un disfrute como nunca había tenido por la propia crudeza. Recordó una frase:

“Un gran poder, conlleva una gran responsabilidad”

Septiembre de 2016.  MIA.

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La Familia y el Profeta.

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ENTENDER LA FAMILIA.

Llegó cerca de él su madre, y sus hermanos, pero no podían estar con él a causa de la gente. Se le avisó:

– Tu madre y tus hermanos están afuera, queriendo verte.

Él les respondió así:

Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica.

Lucas, 8, 19 -21

Esta tarde se han incendiado las redes con los mensajes cruzados entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, sobre las distintas maneras de acercarse a la gente. Uno, él profeta, basando su mensaje en el miedo, el otro, el discípulo, entendiendo que hay que asustar menos para llegar a más.

Pablo, que siempre tiene que tener la última palabra, ha señalado, con muy mala baba, que el discurso paniaguado les hizo perder un millón de votos en Junio. Señalando con su dedo pantocrátor al jefe de campaña, de unas elecciones, las segundas, que él solo perdió.

Cuando se está en todo lo alto, rodeado de gente que siempre te ríe tus chanzas, a veces te olvidas de quién es tu verdadera familia. Es más, de quienes serán, los que estén a los pies de la cruz, cuando seas colgado en el Golgota. Por que aunque te reciban con palmas y olivos, cuando entres en la gran ciudad de Jerusalén, el Sanedrín del Templo, ya están preparando tu detención.

Nunca he escuchado al amado líder hablar con cariño, con solidaridad, de la gente que sufre, esa gente, que según su doctrina, por miedo tienen que votarle.

La seducción política es complicada, y si no, que se lo pregunten al “Pitufo Gruñón” (señalado por el líder), al que todo el mundo quería pero nadie votaba.

Podemos es un proyecto nuevo, nacido de la gente que sufre, no de los trucos de feria de un mago de academia. Si todavía no lo ha entendido Pablo, en Diciembre, lo aprenderá de golpe.

La transversalidad es algo básico en este proyecto, algo, que ya solo recuerda, el atacado discípulo. La gente está harta de profetas mesiánicos, si vendes miedo, solo recoges desconfianza.

Yo creo, como buen cristiano, “no hay árbol bueno que produzca fruto malo, ni hay, por otra parte, árbol malo que produzca fruto bueno; pues cada árbol se conoce por su propio fruto: que ni de los espinos se cosechan higos, ni de las zarzas se vendimian uvas.”

Si este proyecto nuevo, nacido del sufrimiento de la gente, no sabe que tipo de árbol es, entonces, es hora de cambiar de jardinero.

Nadie es imprescindible, y por mucha gente que tenga a su lado en este momento, que sepa, que cuando los romanos le coloquen la corona de espinas, siempre habrá un Pedro que reniegue de él. “Yo no conozco a ese hombre, yo nunca lo he seguido…”

Que importante es saber quién es tu familia, y no olvidar nunca, cual es tu destino.

Hay que ser menos profeta y ser más humano.

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Burkas que no son de tela.

Colaboración especial de la Escritora y Mujer Carmen Mingorance Cazorla

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Burkas que no son de Tela

Carmen Mingorance Cazorla

No hace mucho recibí a través de grupos de WhatsApp unos mensajes que pretendían ensalzar a la mujer, me parecieron sospechosos y no entendí el por qué. Hubo mujeres que agradecieron los mensajes, veladas, como tantas, por el engaño acumulado de tantos años, menos mal que hubo una que de un plumazo quitó los velos.

¿Cuántas barreras nos han sido impuestas en nuestras decisiones?

Tendemos a creer que los burkas de tela son las barreras más grandes que a las mujeres se les puede imponer, pero existen otras más grandes que por no ser visibles las dejamos estar.

La tela es visible, más obvia. Los otros burkas se ven a través de sus ojos, su forma de hablar, miedos y comportamientos. Hijos que no permiten que su madre viuda tenga pareja, tener que casarse o vivir junto a la persona de la que estás enamorada para convertirte en una “pseudo-versión” de su madre, mensajes engañosos …

Burkas mentales impuestos por la costumbre y la sociedad. Tienen miles de formas y colores. Saber identificarlos y cortarlos desde su raíz es nuestra misión como mujeres y hombres que deseen la libertad.

Me gustan las mujeres (también hay hombres) que son capaces de ver los mensajes engañosos. Tengo la suerte de contar con mi hermana María José que los ve al vuelo y a la cual agradezco que haya terminado este artículo, ya que fue la que se encargó de quitar los velos de los mensajes recibidos.

Uno de los mensajes engañosos decía “Ser mujer es llorar callada los dolores de la vida y sonreír en apenas un segundo…” Ser mujer no es llorar callada, ya ha habido suficiente silencio entre las mujeres. Muchas mujeres siguen callando por miedo, dependencia o desconocimiento, y ese silencio es uno de sus principales enemigos.

Otro mensaje indicaba “Ser mujer es ser elegida para traer vida al mundo…” El objetivo de la vida de una mujer no es tener hijos, es vivirla como le dé la gana. He visto a muchas mujeres, entre las que me incluyo, que nos hemos sentido presionadas por tener que ser madres antes de que “se nos pase el arroz”, como si hubiera que hacer caso al reloj biológico, que son hormonas, en definitiva, y quizás la vida que queramos dar no sea a través de tener hijos, sino de ayudar a otros, a nosotras mismas, plantar árboles o danzar desnudas bajo la luna.

Un tercer burka disfrazado de mensaje manifestaba “La mujer salió de la costilla del hombre…para ser protegida…” La mujer salió de otra mujer, de nuestra madre y lo que necesitamos es que no nos pongan en peligro y nos respeten, para protegernos están los abrigos, que nos resguardan del frío.

Resumiendo, podemos ver como en tres mensajes se ponen tres cadenas, burkas, obligaciones o principios que las mujeres deberíamos seguir:

  • Llorar callada, callar aquello que nos duele.

  • Ser madres.

  • Ser protegidas por los hombres, como si necesitáramos un hombre para ser protegidas, sabemos protegernos nosotras mismas, y lo que necesitamos de los hombres es que nos respeten.

Septiembre de 2016.

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A VECES…

 

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A VECES...

A veces la vida nos da una segunda oportunidad. A veces.

Se tomó el café como todas las mañanas en aquella máquina infernal que había comprado. 17 bares anunciaba la caja. El ruido desde luego era el de doce o trece establecimientos cafeteros. Pero el mejunje que exhalaba no valía ni para enjuagarse las tripas. Un líquido negro y caliente sin aroma ninguno. Pero tenía que aguantarse. Había sido su elección, aquel fatídico día que compró la cafetera, después de obligar a la dúctil empleada de Alcampo, a que le mostrara todas las máquinas de café que tenían expuestas.

Miró por la ventana. Era un día soporífero y espeso de claridad andaluza.

Pensó, la vida a veces nos da una segunda oportunidad. A veces.

Cerró la puerta de su casa, y sopesó el llavero que empuñaba. Las llaves de su casa, de su oficina, del mundo… un espeso llavero carcelario, y en un instante, como un ictus, sintió un insonoro clic en su cerebro.

Buscó entre las muchas revueltas del viejo maletín negro y ajado. Encontró la llave del coche, se aferró a ella mirándola como si fuera la primera vez que la viera en su vida. No necesitaba el coche para ir al trabajo, apenas quinientos metros andando. Sin embargo, tomó la llave del vehículo como si fuera la última tabla de salvación de un buque que se hunde.

Sonrió recordando a Leonardo DiCaprio agarrado a la tabla del Titanic. Y aquella gorda meliflua, que recostada sobre la madera flotante le decía “La vida a veces nos da una segunda oportunidad…”

Que cojones, Leonardo DiCaprio se hundió en las gélidas aguas atlánticas, con la triste música de la banda sonora, y las dulces y azules imágenes rodadas por Cameron. La tabla fue para la gorda.

Se sentó al volante del automóvil, lo arrancó, e inició la marcha sin saber muy bien a donde iba. Lejos, pensó, al fin del mundo.

Pero qué mundo, a veces el mundo son cuatro paredes que no te dejan ver lo que hay detrás. Y a veces, no queremos ver más.

Pensaba en su mundo, su gris océano, e inició la marcha, sin rumbo, sin otra idea que alejarse, escapar. Sintió algo de alivio cuando dejó atrás las señales que indicaban el final de su ciudad. Y sin pensarlo, apretó el acelerador con rabia. Ya no había marcha atrás. Al fondo del océano.

Solo se sentía bien haciendo kilómetros de autovía, carreteras impersonales, venas de asfalto gris. Descubriendo nombres ignotos en letreros azules que apenas percibía.

Voló a ciento treinta por los tramos más rápidos, y sintió vértigo ante la idea de ser multado.

Que cojones, estaba huyendo, cayendo por un precipicio hasta el centro del infierno y seguía pensando en las notificaciones que llegarían a una casa donde no quería volver. Donde no volvería nunca.

Pensó otra vez en DiCaprio y se sonrió. Imaginaba su imagen, azul y lenta, mientras se hundía en las gélidas aguas del océano pesando “Demonios, he dejado el dibujo de la gorda sin firmar”.

Apretó más el acelerador, sin compasión, aliviado…

Buscó a tientas un paquete de tabaco en la guantera, encendió un pitillo y se relajó. Era la primera vez que fumaba conduciendo. La primera vez y se sintió bien. La vida a veces nos da una segunda oportunidad. A veces.

No miró el reloj hasta que estuvo lejos, muy lejos, a millares de metros de su mundo. A kilómetros luz, pensó. Dos paquetes de tabaco de autovía.

De golpe avistó una señal azul que anunciaba una gran ciudad. Una ciudad desconocida, pero grande.

Se desvió, tomó la salida y cuando quiso darse cuenta, estaba en el centro urbano de aquella ciudad gris y desconocida.

Buscó alguna referencia, algo que no le fuera ajeno, algo conocido. Pero solo descubrió los carteles publicitarios de El Corte Inglés.

Entró en el aparcamiento del centro comercial, aparcó con miedo a no saber dónde dejaba el coche. Era su vía de escape, temía perderla. Estudió el sótano habilitado como garaje, dio varias vueltas y buscó un aparcamiento cercano a la salida. Así será más fácil volver a escapar, pensó.

Subió las escaleras mecánicas y entró en los grandes almacenes. Estaban repletos de bulliciosa gente, seres desconocidos, ajenos, hablando un lenguaje que le sonaba extraño. Era como si al emerger de las escaleras mecánicas hubiese entrado en mundo irreal y paralelo. Sintió un pescozón en el estómago, empezó a sudar, las imágenes de extraños rodeándole le mareaban, y se notó mal, enfermo, al borde de la náusea.

Tanta gente a su alrededor, con sus bolsas, con sus mundos, con sus vidas. Y él allí, saliendo de las escalerillas del vacío, sin nada. Sólo.

Le faltaba el aire, no podía respirar, y buscó con desesperación la puerta de salida. La calle. Pero aquel maldito centro era interminable, lleno de boutiques de marcas de perfumes y señoritas con ajadas sonrisas y la brillante plaquita de El Corte Inglés en el pecho.

Al fin dio con la puerta. Al borde del vómito. Salió a la calle, al aire de la calle. Un aire calentón, viciado, pero aire.

Anduvo sin rumbo hasta que logro tranquilizarse. Logró llegar a una parquecillo viejo y desvencijado, lleno de críos histéricos y madres parlanchinas (habladoras procaces de frases ininteligibles).

Tomó aire, respiró a fondo e intentó tranquilizarse. Tenía que resguardarse, ya caía la tarde y llevaba conduciendo desde primera hora de la mañana, sin comer, sin parar. Solo haciendo kilómetro de distancia y fumando. Necesitaba parapetarse, buscar refugio.

Pensó en buscar un hotel y así lo hizo, localizó el más cercano, el Hesperia. Cogió una habitación individual, pequeña y fea. Cutre como todo en ese mundo paralelo.

Al fin pudo quitarse los zapatos, desabrocharse la camisa y respirar. Se tumbó en la cama medio a oscuras y miles de fantasmas de su vida anterior vinieron a atacarle. Se levantó asustado. ¿Qué estaba haciendo? ¿Dónde estaba? ¿Quién era?

Saltó de la cama y entró a empellones al diminuto cuarto de baño. Se aferró a la losa del lavabo, y miró fijamente al espejo. Se asustó, la cara que le miraba le era ligeramente conocida, pero a la vez, era un extraño, un ser repulsivo con un rictus hipócrita y burlón que le marcaba el rostro. Ese brabucón miserable del espejo lo estaba retando. No sabía con quién se la estaba jugando, él ya no tenía nada que perder. Se había hundido en el océano, y aquel extraño del espejo con mirada de escualo lo retaba. Tenía que matarlo.

De pronto, como todo en ese día, tomó una decisión, llevaba en el maletín una receta de un médico particular que le había recetado tranquilizantes para el estrés (su profesión era una sartén que quemaba lentamente al ser humano). Buscaría una farmacia y compraría los medicamentos. No tendría problemas. Te vas a enterar brabucón.

Localizó la farmacia más cercana al hotel, ya era casi de noche, y se sintió a la vez seguro de la decisión que había tomado y frágil ante la noche y la ciudad ignota. Estaba en mitad de una pesadilla, y solo tenía conciencia de lo que le era tangible. Todo lo que no podía tocar, podría no ser verdad.

Volvió al hotel con prontitud y desesperación. Necesitaba el refugio, la oscuridad, ahora tenía un objetivo: matar a aquel extraño del espejo y por fin se sintió aliviado. Sí, todo acabaría allí, en un hotel desconocido y viejo de una ciudad vetusta y fea.

¡Maldita sea mi estampa, esta mierda de hotel no tiene minibar! … Era un hotel de segunda en una ciudad mediocre y sucia. ¿Y ahora qué?… le temblaron las piernas, volvió el sudor frío, tendría que volver a la calle buscar un establecimiento abierto y comprar bebidas. Seguro que el pollo del espejo se estaba riendo a carcajadas en el aseo. Te vas a enterar, iluso.

Se frotó los brazos, se insufló fuerzas, convicción. Tenía un objetivo: matar. Eso era lo importante.

Salió del hotel con resuelta ilusión, hay que matar con dignidad, así que se encaminó hacia un Mercadona cercano que había visto cuando buscó la farmacia. Compró dos botellas de agua de litro y medio, que no fuera por falta de líquido, y tres botellines de Cola-Cao (Te vas a enterar chulito te voy a matar dulcemente con el desayuno de los campeones).

Y de golpe, como un gusano en una manzana madura, empezó a horadarle el cerebro una idea obsesiva, malsana. ¡No tenía peine!

Su padre había muerto meses antes de una larga enfermedad que se lo había ido comiendo por dentro. Su padre murió despeinado. Lo recordaba perfectamente, porque cuando dio su último suspiro, se acercó a él, atusó aquel pelo ralo y despeinado y lo besó.

Él no sería un muerto despeinado. Le molestó muchísimo que en la funeraria hubieran peinado a su padre de una forma rutinaria, impersonal, sin alma, con una imagen que no quería recordar. A él no le peinaría ningún desconocido. Compraría un peine.

Volvió al supermercado ofuscado y nervioso, y tuvo que esperar en una interminable y tediosa cola de compradores ajenos. Pero por fin tuvo su peine.

Salió a la calle, y ya era noche cerrada, lo sintió como un mazazo, como un puñetazo en el vientre. Era la hora de la acción, había llegado el momento, regresaría al hotel, se peinaría y se tomaría todos los medicamentos de un golpe. Todo terminaría allí. Ese era el fin.

Se le aceleró el corazón, sintió la emoción del momento, la adrenalina le cegaba. Titubeante se dirigió al hotel, pero en su desesperación, se equivocó de calle. Entró en callejones vacíos y sucios, patios traseros de una ciudad vieja. Solo veía portones sucios y bolsas de basura acumuladas.

Entre medio de aquellas basuras vislumbró un movimiento. Se puso en tensión, le atropelló el miedo. Estaba perdido, en el patio trasero del infierno, y entonces escucho un ruido. Una bolsa que caía, una lata rodando, y un lamento, como un gruñido extraño.

De detrás de la bolsa apareció un gato. Un gato negro, transeúnte, sin dueño, oscuro y sucio. Maulló con desesperación, como con rabia. Era un maullido irritante y hambriento.

Se acercó con precaución, con miedo, y sin embargo el gato lo miró con curiosidad y fiereza. Le maulló, dirigiéndose hacia él. ¿Qué cojones quería aquel gato?

Se acercó, solo y desvalido, como el gato, y los dos se miraron fijamente y entonces, sin pensarlo, el gato en un acto de absurda osadía, se frotó lastimoso contra sus zapatos, y los perniles sucios de sus pantalones. Volvió a maullar, con un maullido triste que rompió la noche en mil pedazos.

Eran dos seres solos, atraídos por la supervivencia.

El felino lo miró fijamente y volvió a maullar. El hombre comprendió en ese momento, en medio de un llanto sordo y ahogado, que la vida a veces nos da una segunda oportunidad. A veces.

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