“BIENVENIDA A LA VIDA” Historia de Navidad.

Colaboración especial de la escritora y amiga   MIA.  

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BIENVENIDA A LA VIDA”                Historia de Navidad.

Era la noche de fin de año y una vez más estaba sola y sin planes. Me había prometido que tenía que estar despierta hasta la media noche para tomar las uvas con las doce campanadas. No como el año anterior, había que despedir el ciclo del año y dar la bienvenida al año nuevo.

No me iba a tumbar a ver la televisión porque seguro me dormiría. Tomé un baño de espuma y abrí una botella de cava, que porras, a ver si conseguía sorprenderme a mí misma. Con la copa en la mano puse música, “Saturday Night Fever” Bee Gees y me transporté a mi época de sueños e ilusiones. Subí el volumen y decidí vestirme según me sugería la música… Fui sacando una medias negras con liga, unas braguitas negras de encaje, regalo de las amigas que nunca te pones porque son muy delicadas y un sujetador “push-up” de fondo de armario, que siempre te da vergüenza ponerte. Di otro sorbito y me observé en el espejo con mirada picaresca. No hay nadie, así que puedo atreverme a más y es mi momento, le falta un collar largo de perlas y el antifaz que se dejó mi sobrinita le vendrá perfecto.

Cuando me subí a los tacones de infarto vi en el espejo como éstos daban paso a una piernas enfundadas en unas medias finas de seda negra que terminaban a medio muslo, con unas ligas de encaje frontera con el blanco de la piel. Ascendiendo se llegaba a unas braguitas casi transparentes que moldeaban una curva de verdad, de la cintura a las caderas. El collar juguetón llegaba al inicio del encaje de la braguita y decoraba el sujetador que mostraban unos pechos subidos y cerrándose en un “canalillo” la mar de sugerente. Y viéndome con el antifaz me pregunté: ¿Dónde está ahora la pazguata y tonta clásica ? ¿Eh? ¿Dónde?

Un gran foco desde el balcón del dormitorio iluminó toda la habitación y seguidamente entraron dos bomberos. La puerta del dormitorio se abrió de golpe y entraron dos policías. Fueron segundos de estupor, Laura no daba crédito a lo que pasaba, ella que siempre estaba sola en su casa. Los policías y los bomberos en segundos la miraron de arriba a abajo y reaccionaron con normalidad profesional. “Rápido, debemos entrar a la casa de sus vecinos por el patio común, le han entrado a robar al matrimonio anciano y han apuñalado al marido. Nos ha avisado su mujer pero algo ha pasado porque no contesta a las llamadas y no sabemos si están los ladrones dentro”. Todo fue rápido, saltaron por el patio a la ventana de los vecinos. Gritos de “Policía”… No hubo disparos… Pronto llegó una ambulancia.

El señor mayor tenía un corte en el brazo y su mujer estaba desmayada encima de él, los dos estaban muy delicados y gracias a la rapidez se los llevaron al hospital.

Una vez pasado todo el movimiento, Laura no sabía como reaccionar, tuvo que quitarse el antifaz e identificarse. Se hicieron todos los trámites y tuvo que explicar que no oyó nada por la música. No, no iba a ninguna parte, ni esperaba que viniera nadie. Sí, vivía sola. Ningún comentario sobre el vestuario. El que llevaba el interrogatorio, echó un vistazo y se fue haciendo una ligera idea.

Le desearon un Feliz Año y el autor del interrogatorio, mientras ella iba subiendo el color de la cara de rojo a intenso rojo, con mucha dulzura le dejo una nota:

” Siempre hay un momento en la vida que debemos atrevernos con una locura, es signo de vida, y tu lo has hecho. Bienvenida a vivir”

Y un número de móvil en que se añadía

En una hora termino el servicio, por si quieres empezar este año conociéndome.

MIA. Diciembre de 2016.

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LA PAJA NEGRA.

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LA PAJA NEGRA. ( CUENTO DE NAVIDAD)

Eran las dos de la mañana del seis de enero (noche de reyes) y tenían que llamarlo a él.

Aparcó el coche donde pudo. Almería para aparcar es un asco, tuvo que poner sobre aviso a los municipales. No era la primera vez que su coche se lo intentaba llevar la grúa mientras atendía un servicio.

En la entrada del portal se veían las luces de cuatro coches de los suyos, más dos de los locales. Solo faltaban la guardia civil y la legión.

– ¿Qué mierda pasa Martínez, que siempre me tocan a mí los culebrones?

– Perdone, inspector Ocaña, pero cómo usted, está divorciado y no tiene niños… Los demás están todos poniendo los regalos debajo de los abetos…

– Me partes el corazón, Martínez – dijo el viejo inspector con guasa – Por esa regla de tres, ¿me tengo que comer yo estos marrones…? Te juro que yo me jubilo en febrero, pero con el informe que voy a mandar a la Dirección, tu no vas a ascender en tu puta vida… ¡Mamón!

– No se me ponga así inspector, encima que le hemos guardado unos caramelos de la cabalgata…

Intervino con retintín Manuel Jiménez, un sargento que se creía muy gracioso, con sus pelitos largos y un gorrito de papanoel.

– Usted se me calla, Jiménez y se quita el gorrito ese. Que somos el Cuerpo Nacional de Policía, no el ejercito de Pancho Villa. Y ya puestos váyase cortando esos pelitos, que aún no manda el coletas…

El sargento se quitó el gorro y se cuadró, sabía que el inspector Ocaña era el más viejo de toda la provincia, a punto de jubilarse y era granaíno. Total que en sus días buenos era un malafollá y hoy, no era precisamente uno de esos días. Mejor no tocarle las narices.

El viejo inspector subió al segundo piso donde estaba el dispositivo.

– ¿Qué tenemos Doctor?

Había preguntado el comisario, mientras se hizo el silencio en el piso, los varios agentes que estaban de cotilleo, rápidamente se quitaron de en medio. El forense, un joven doctor, miró a Ocaña, conocía su mal genio y no sabía como exponerle los detalles.

– Al parecer, tenemos un caso rarito esta noche.

– Déjese de coñas, que no está horno para bollos. – ladró el inspector acercándose a la cama – ¡Me cago en mi…! ¿Pero esto qué ha sido?

Martínez, que venía detrás y conocía los arranques del viejo inspector, ante el amago del joven médico, empezó a narrar:

– Inspector, al parecer, la esposa del sujeto… del finado… lo encontró así, según nos ha contado, cuando volvió de la Cabalgata de Reyes.

– ¿Dónde está la testigo, Martínez?

– Señor inspector, la hemos tenido que llevar a casa de la vecina. Está en estado de shock, la acompaña la cabo Marcial, de violencia de género.

– ¿Y eso?, ¿Es qué hubo movida entre el matrimonio? – preguntó mal encarado el inspector.

– No… Ya se lo encontró muerto… Y en ese estado… ¿Pero es que nos pareció que ante la escena…? Era mejor que otra mujer le tomara la primera declaración.

– Martínez, es usted un capullo integral. ¿Sabemos realmente lo que ha pasado?

El joven doctor, carraspeó e intentó realizar su informe.

– Señor inspector, la víctima no presenta signos de violencia. Está como ve desnudo, encima de su cama, con su mano derecha agarrada a su órgano genital y su brazo izquierdo sobre el pecho. Por su expresión y el rictus que tiene… Lo más probable es que nos encontremos con un caso de ataque cardíaco, a consecuencia del esfuerzo producido la finalización con éxito de su masturbación…

– ¡Total que se murió de una paja! – gritó el inspector.

Los agentes empezaron a reír, y el joven doctor, volvió la cabeza para que el viejo inspector no lo viese como sonreía.

– ¿No entiendo tanta risita?- dijo encorajinado el inspector – ¿Somos profesionales o una panda de boys scouts ? Un respeto para el muerto y para su esposa…

Estallaron más risas, más fuertes aún.

– ¡Martínez! ¿Se puede saber a qué viene tanto cachondeito?- ladró el inspector azul de ira.

– Lo siento inspector…

Martínez intentaba contestar pero no podía dejar de reír. Era un golpe de risa contagiosa que se había apoderado de todos los asistentes, menos del inspector y del muerto.

– ¡Les juro por mis muertos, que antes de jubilarme, los empapelo a todos por guasones!

El grito feroz del inspector fue callando las risas como la manguera de un bombero apaga una llama.

– ¿Alguien me puede explicar este ataque de histeria colectiva?

– Verá inspector, resulta que la mujer de la victima, participaba de la cabalgata de Reyes…

– ¿Y eso qué tiene que ver? – preguntó, cada vez más ofuscado el inspector.

– Es que iba acompañando al Rey negro…

Y volvieron las risas…

El inspector fuera de sus casillas, sacó su arma reglamentaria y apuntó a la cabeza a Martínez.

– ¿Qué clase de broma es esta?

Martínez, blanco como la pared, no sabía como responder.

El joven doctor, se acercó al enfurecido inspector y le agarró del brazo tranquilizándolo.

– Baje el arma inspector. No es una broma, es una maldita casualidad. Una broma macabra del destino.

– No lo entiendo. – acertó a decir el viejo balbuceante.

– Aquí, la señora del finado, iba vestida de paje del Rey negro.

– ¡Total, la paja negra…! – explotó Martínez.

Las risas esta vez fueron imposibles de parar ni por todos los gritos del inspector.

El viejo salió a descansillo con la pistola aún en la mano y se encendió un pitillo. Los agentes se escondían en las escaleras muertos de risa.

– Lo siento inspector… – dijo Martínez, intentando aguantarse la carcajada.

– ¡Eres un cabrón! A un mes escaso de jubilarme y me llamas para este caso… Treinta y cinco años trabajando en el Cuerpo Nacional de Policía de forma profesional… Todo a la mierda…. Ahora voy a ser recordado como el inspector de la PAJA NEGRA.

Dedicado a mis colegas de Taller.

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De mujer a mujer: Eileen Gray — Nina Peña

Si se busca a Eileen Gray en, por ejemplo, Wikipedia, nos encontramos con un enunciado tan simple como que era una artista de la laca. Luego ya especifican que fue diseñadora de interiores y de muebles y, en último lugar, que fue arquitecta. En realidad Eileen Gray fue una de las primeras mujeres reconocidas […]

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Piratas — Blog de Jesght

Ir al colegio es horrible. Todo el día sentado, amarrado a la silla, escuchando cosas aburridas y esperando, casi rogando, que venga el recreo, que suene la campana de salida. Y suena, pero el recreo es infinitamente corto, y ahora le temo a la campana, no quiero escucharla. Y sin embargo suena, suena tan fuerte…

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Novelas, memorias, autobiografías y «negritud editorial» — negritasycursivas

Del mismo modo que aún hay quien piensa que los niños vienen de París, hay quien da por sentado que el nombre de quien figura en la portada de una novela, una autobiografía o incluso unas memorias es siempre el de quien la puso por escrito. De ser así, la condición de escritor de best sellers […]

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ARRANCAR EL ALMA A ALMERÍA.

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ARRANCAR LAS PITAS

Que poquito me gusta la palabra ARRANCAR. Es una palabra fea que me recuerda a los viejos curas exorcistas con sus sotanas negras arrancando el demonio de pobres locos infelices que en la mayoría de los casos acababan muertos.

También me recuerda a los listos interesados de la ciencia, curas vestidos de blanco. Que con sus teorías interpretativas de la realidad, intentan arrancarnos a Dios de nuestras pobres mentes alienadas.

Con veintitantos años en la primera oficina en la que trabajé, habían instalado aire acondicionado y esto estuvo a punto de dejarme sordo. El especialista, privado por supuesto, que me curó, me explicó que todo se debía a que mi sistema respiratorio carecía de una barrera existente en todo hombre y que en mi caso me había sido arrancada de forma negligente. Me habían arrancado de crío las amígdalas que son una defensa del propio organismo contra la mayoría de microbios de transmisión aérea.

– No me toque lo cojones doctor- le dije muy campanudo- el que me arrancó las “vegetaciones” era un especialista privado igual que usted, y le cobró a mi madre un dinero que no tenía.

Aquel cura de bata blanca me miró como se mira a un cordero y me explicó que en la década de finales de los sesenta y principios de los setenta, muchos otorrinos se hicieron de oro arrancando esas masas de tejido linfoide, creadas por nuestro organismo para defender nuestras vías respiratorias de cualquier invasión bacteriana.

La ciencia, entre ellas la ciencia médica, está llena de curas con batas de distintos colores, dispuestos a arrancarnos lo que sea necesario en cada momento por la empresa o grupo de presión que les paga.

Y lo hacen con la misma devoción con la que los talibanes del ISIS destrozan las viejas ruinas persas o babilónicas. ARRANCAR es tan fácil.

Por eso ayer me hice eco, desde mi humilde pollete digital, de la noticia que indicaba el inicio de los trabajos para ARRANCAR LAS PITAS DE ALMERÍA. La Junta de Andalucía, ese ente tan querido en el oriente andaluz, que cada vez que se acuerda de nosotros es para sacarnos dinero o para arrancarnos algo, dice que las pitas son una especie invasora.

Perdone, Doña Susana, en Almería, la invasora es usted y su régimen de 35 años, que ya no hemos perdido… No sabemos por qué número vamos de modernización (llevan como cinco o así) y cada vez hay más paro, menos servicios y más diferencia social.

Rápidamente, me contestó un talibán de bata verde, diciendo que aquello era una actuación estudiada por especialistas. (Para echarse a temblar)

Mire Señor sesudo especialista, estamos en el sur de España, en una tierra en donde cada alcalde desde 1977 ha implantado en su pueblo las plantas que le convenían, las que le dejaban el 3%, o las del vivero de su primo. Se han traído palmeras de Valencia a precios de futbolistas argentinos para llenar nuestros paseos marítimos. Se han creado parques recogiendo especies de todos los países latinoamericanos (los famosos parques de las Américas, que hoy están de luto por el cura de bata roja, Fidel). ¿Dónde estaban ustedes entonces, cuándo tanto los necesité? Ah, ya, que era el momento de pillar una beca o una ayuda para estudiar al coyote y al correcaminos y su impacto en el medio andaluz. (Todo financiado por productos marca ACME).

Que harto estoy de los arrancadores, de los destrozadores, de los que nunca aportan nada.

Si la pita no es autóctona, pues que conviva con sus semejantes. Que se adapten.

Mire señor especialista, en Almería, vivimos gente de muchas clases, de muchos colores, de muchas religiones, de muchos pensamientos, de muchas tendencias sexuales… Cada uno de su padre y de su madre, somos, muchos conviviendo, VIVIENDO CON…

No empecemos a ARRANCAR las especies invasoras… Se suele empezar por las PITAS, y acabar con los PITOS.

Convivencia, adaptación, tolerancia… son palabras utilizables en todos los campos… Pero que no les gustan a los curas talibanes, sean del color que sean sus sotanas…

Amigo científico, amigo especialista, si en dos mil años, no habéis ARRANCADO el hambre del mundo, como se os ocurre ARRANCAR LAS PITAS…

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