NO ME LLAMES BOTIFLER…

BOTIFLER

NO ME LLAMES BOTIFLER, QUE ES UNA PALABRA TRISTE…

Me gusta el realismo mágico… Crecí acumulando obras de Gabriel García Márquez y otros autores latinoamericanos…

Un día, ero yo joven e indocumentado, una vendedora de hamburguesas de un puesto callejero anexo a una macrodiscoteca, me abrió los ojos a una nueva realidad… El realismo mágico nace de mentes privilegiadas que ante la imposibilidad de decir las cosas claras (ante el Imperio de la Ley del canario Piolín), tienen que inventar realidades mágicas que nos expliquen lo trasnochado y absurdo de nuestro Estado Moderno… Tan esperpéntico como las imágenes creadas por los espejos curvos del Callejón del Gato…

Y entonces todo cambió… Empecé a ver realidades mágicas en muchos autores, sobre todo en aquellos, que sutilmente jugaban con la censura del Estado WARNER y sus Legislaciones marca ACME…

Aquella joven vendedora callejera me propuso una cosa… Ella era rusa, y me indicó que leyera “El Maestro y Margarita”, de un autor que me era totalmente desconocido, Mijaíl Bulgákov, y allí descubrí que el realismo mágico nace de la burla inteligente de la censura.

Bulgákov nunca apoyó el régimen sovietico, y se mofó de sus deficiencias en varias de sus obras, lo que le supondría diez años de ostracismo. La mayor parte de sus escritos permaneció en los cajones de su escritorio durante varias décadas. En 1930 escribió una carta a Stalin solicitando permiso para emigrar de la Unión Soviética si es que ésta se negaba a valorarlo como escritor, se estaba muriendo de hambre. Como respuesta recibió una llamada personal del propio Stalin, pidiéndole explicaciones acerca de su petición, al tirano le gustaban sus obras de teatro, y quería que escribiese para el régimen… Bulgákov, entonces, quemó gran partes de sus manuscritos… Entre ellos los de “El maestro y Margarita”, que tuvo que reconstruir de memoria con los restos quemados que había salvado su mujer de la estufa… Desde entonces los escritores rusos acuñaron una frase demoledora “los manuscritos no arden”… Los dictadores tampoco, suelen morir en sus camas, sin que nadie sea capaz de reconocer que han muerto…

En España, hay realismo mágico en muchos escritores, pero pasa inadvertido para el lector cotidiano… Yo lo encontré en Galdós y sus Episodios Nacionales (y la figura extraña de la Señora Clío, que va urdiendo la trama de la historia española de siglo en siglo…)

Otros, como Juan Marsé, crearon una realidad entre mágica y satírica para contarnos la historia de las mentiras de la burguesía catalana, que ya andaba entonces reinventando su historia y creando sus dioses falsos… Nunca se lo perdonaron… Pero “los manuscritos no arden…”

Ahora, esa pandilla de alienados por una bandera estrellada, inventada como toda su macabra historia de mentiras y mártires corruptos, etiquetan a los autores con la cruz amarilla de BOTIFLER… Menudo palabro…

Botifler (pronunciado butiˈfɫé(r)) es la palabra catalana utilizada como apodo contra los felipistas o borbónicos, los partidarios de Felipe V durante la Guerra de Sucesión Española… La utilizaban los autracistas, que eran los partidarios del Archiduque Carlos de Austria, ese grán “demócrata” que era César, como Emperador del Sacro Imperio Romano y Germánico… Un catalán nacido en Viena, que fue el primer mártir del catalanismo mágico

El 1 de agosto de 1.708 contrajo matrimonio en la Basílica de Santa María del Mar, en Barcelona, España, con la princesa alemana Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel, hija mayor del Duque Luis Rodolfo de Brunswick.

Gran catalán adoptivo, luchó enconadamente contra los turcos en la Guerra austro-turca (1716-1718), conquistando la mayor parte de Valaquia y Serbia, pero luego perdió gran parte de estas conquistas en una guerra posterior (1735-1739).

En 1713 promulgó la Pragmática Sanción, que establecía que su reino no podía ser dividido y permitía que los herederos al trono pudieran ser mujeres.

Probablemente como consecuencia de sus años en España, introdujo el protocolo cortesano español (Spanisches Hofzeremoniell) en Viena y mandó construir la Escuela Española de Equitación (Spanische Hofreitschule), así como la Cancillería del Estado (Reichskanzlei).

Durante su reinado se construyeron la Biblioteca Nacional y las obras más importantes del barroco en Viena. También tuvo ambiciones musicales: hizo composiciones, tocaba el clave y dirigía la orquesta de la corte.

Lo que se dice “un gran catalán…”

Hoy nos toca vivir como las juventudes “austracistas” catalanas, hijos del imperio ario germánico, ya empiezan a señalar las casas de los Botifler y pronto, si los dejan, los meterán en campos de concentración donde el trabajo los haga libre, debidamente gaseados…

No me llames Botifler, que es una palabra triste, que nace de la intolerancia y el fanatismo excluyente…

Yo os hubiera apoyado en una autodeterminación… Pero nunca seré cómplice de un genocidio… Por mucha gente que salga a la calle con banderas inventadas… Nunca nadie sacó más gente a la calle con banderas de mentira que Adolfo Hitler… Y estáis siguiendo sus pasos, uno a uno, solo os queda meterle fuego al Parlament y echarle la culpa a Piolín el imbécil…

El día que vi BOTIFLER sobre las páginas de los libros de Juan Marsé, se acabaron mis dudas… Con los que queman libros, no voy a ningún sitio… “Podréis vencer, pero no convencer…”

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