De las cenizas de los miserables…

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LAS MALDITAS CENIZAS DE LOS MISERABLES.

Una buena amiga me indicó que escribiese sobre ese mito del ave Fenix, se trataba de ahondar en el sentido existencial de esa ave fabulosa que se consumía por acción del fuego cada 500 años, para luego resurgir de sus cenizas.

Nacida en el Templo del Sol Egipcio, pasó a la mitología greco-romana y más tarde aparece en la Biblia cristiana, recogida en una Epístola a los Corintios, de Clemente de Roma.

Renacer de las propias cenizas… Lo siento, pero es imposible…

Creo que ya se ha escrito demasiado sobre ese tema y es difícil mejorar lo escrito…

Además, cada vez que pienso en ese mito, me viene a la mente la figura de un personaje gigantesco, que es la recreación más perfecta del renacer de los hombres. Me refiero a Jean Valjean, que es el personaje principal de la novela Los miserables del escritor romántico francés Víctor Hugo.

Condenado a presidio por robar pan para comer, va sumando condenas por intentar escapar de su maldito destino. Era un ladrón estigmatizado por la sociedad, que le niega cualquier posibilidad de redimirse, generando en este personaje gigantesco, un odio recalcitrante contra la sociedad que lo ha condenado “quinientos” años…

Cambiando de nombre, de vida, se acerca a la felicidad prohibida a los miserables, de la mano de una huérfana violentada, a la que salva y adopta, intentando ser justo y honesto con sus conciudadanos…

La epifanía, la caída del caballo, le llega ayudando a los demás, dando trabajo a los miserables, que llegan a convertirlo en su alcalde… Pero los pecados del pasado nunca prescriben… Y todo aquel que quiere renacer de sus cenizas, encuentra a un policía (funcionario del sistema, siervo perruno del Imperio de la Ley) que le persigue implacablemente, para señalarle con el dedo y recordarle que es ceniza miserable… Un ladrón de pan de la mesa del rico… No hay mayor delito…

Al final nuestro gigante es abandonado por todos… Hasta por sus enemigos… Y muere esperando la visita tardía de su hija adoptiva…

No hay derecho a renacer para los miserables… Señalado desde la cuna por el sistema, nunca hay paz para los proscritos… Oasis de paz, que duran un suspiro, como pompas de jabón que estallan al rozarlas…

Si un gigante como Jean Valjean no pudo renacer de sus cenizas, que maldita suerte nos puede quedar a los enanos que no hemos sido creados por Víctor Hugo, sino por un Dios autista, o un demiurgo tuerto…

Ningún hombre solo puede atacar este sistema vertical, pétreo e inquebrantable… Somos cenizas malditas de miserables…

Tal vez por eso, para que no nos hagamos ilusiones, la gran obra de Victor Hugo, ha sido traducida para “tontos”, y convertida en un monumental musical de los que triunfan en Broadway…

No hay nada mejor que matar toda esperanza…

Pero que canciones tan bonitas…

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La Taberna de los poetas pragmáticos…

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LA TABERNA DE LOS POETAS PRAGMÁTICOS.

Hace unos días me comentaba un buen amigo, que Almería es una ciudad partida en dos por la rambla central. Un ciudad bipolar, según vivas a un lado u otro de la rambla…

Yo creo que a esas dos Almerías, hay que añadirles dos campos de refugiados. Dos grandes guetos invisibles y abandonados, que son El Puche y La Chanca-Pescadería… Pero esa es una división propia, muy subjetiva…

La verdad es que en la rambla central y el Paseo se encuentran los buenos almerienses… La casta hegemónica que dirige los destinos de esta ciudad, que de espaldas a su historia y su vieja cultura, se ha echado en brazos de la tecnología agrícola intensiva y la corrupción político-inmobiliaria…

En ese páramo del pragmatismo cultural existe una Taberna, parida de los bobos solemnes hijos de la alianza de las civilizaciones, donde beben gin-tonic de pepino y otros brebajes de moda, vestidos con sus mejores galas, toda una jarca de poetas nihilistas cargados de bellas palabras, engendradas del abuso etílico mezclado con té moruno, y esa hierba romántica que la progresía utiliza para curar sus dolores y glaucomas…

El bar modernista está lleno de espejos curvos, donde los tecnócratas de la lírica, que se asoman a ellos como la madrastra de Blancanieves, con la manida pregunta: “¿Soy yo la más bella del reino…?” Reciben del vidrio trucado la imagen distorsionada que los reafirma en su métrica pragmática y los absuelve de su “yoismo” egoísta, individual e insolidario… Hijos de la nómina del Estado Moderno, no sufren ni padecen los giros del fatal destino de los guetos… Solo acuden a ellos para comprar la verde fruta de la planta del cáñamo, que tanto les ayuda en sus dolores burocráticos… Eso sí, mientras despotrican de los enganches ilegales de las plantaciones del terapéutico cannabis, que producen graves perjuicios a las empresas eléctricas, nacidas de la corrupción política, para jubilación de los viejos sementales del sistema…

En ese sórdido ambiente tabernario (no tabarnés…) lo mismo se abrazan que se acuchillan a navaja, daga o estilete, mientras se besan con el ósculo lenguaraz de la vieja mafia siciliana, con la misma doblez de Judas hacia su maestro…

Pero claro entre funcionarios ninguno se pisa demasiado la manguera, son escupitajos al aire, que van lloviendo sobre los mismos obstinados bardos paraplégicos, borrachos del mejunje de ginebra y pepino, y vacíos ripios repetidos, con forma de guijarros negros, siempre los mismos, con sus mismos cantos… Cantos rodados, pedruscos y chinarros que servirán para adornar sus tumbas o para lapidarlos…

En las mesas del fondo, escondidas en la cargada nebulosidad del antro, se parapetan los literatos fariseos, que pagan el blanqueo de sus tumbas, con la auto-edición mercantilizada, mientras esperan el falso reconocimiento de la tribu de rapsodas de la nada… Dispuestos siempre a escribir un prólogo por treinta monedas de plata… Mientras las meretrices de las editoriales de literatura onanista, con sus mejores galas, enseñan sus pechos de silicona e intentan ocultar, en sus ceñidos vestidos, sus poderosos falos…

Hoy hay presentación de un libro de auto-edición de un literato al que se la había pasado el arroz, bajo sus gafas de culo de vaso… Comida y bebida gratis… Rejoneo de calidad, con bellas puntillas, que alardean coloridas sobre el lomo sangriento del narrador morlaco… Que con el paso de las horas va buscando las tablas, donde algún poeta compasivo, funcionario por supuesto, vestido de alguacilillo, va colocando al burel con los cuartos delanteros parejos, para que se abra y no pinche en hueso; asegurando así una pragmática estocada, tal como se describe en los anales de la tauromaquia…

Hoy comeremos rabo de toro…

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PROHIBIDO PENSAR.

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PROHIBIDO PENSAR.

En una de las obras más completas de Gabriel García Márquez, desde mi humilde punto de vista, que es “El otoño de Patriarca”, se hace una radiografía esperpéntica de una dictadura. No quiero adjetivarla como “bananera”, puesto que las dictaduras nacieron en la vieja Roma y sus ejemplos más cutres y cochambrosos, han salpicado las áridas tierras de la vieja Europa…

En esa rocambolesca autocracia totalitaria, es signo de realismo mágico del maestro colombiano, que en todas las barberías del país, existan unos carteles, colocados por la autoridad, que ordenan: “PROHIBIDO HABLAR DE POLÍTICA”.

El taller de un barbero es el club privado de los pobres, donde se puede leer gratuitamente la prensa, y escuchar la conversaciones y diatribas de los ciudadanos de pelo hirsuto, siempre moderados por la tijera cortante del maestro peluquero.

Es normal que un dictador le tenga miedo a lo que se hable en las barberías… Es peligroso que el pueblo hable, pues esto indica que el pueblo puede pensar… Y el autoritarismo basa su estrategia en el miedo y en el pensamiento único del líder… Incuestionable, inquebrantable, vertical e impermeable…

Hoy las franquicias peluqueras han convertido a las barberías en salones de té de la egolatría, donde diez o doce personas son atendidas por jóvenes con trabajos precarios, que se limitan a desarrollar su recién aprendida labor con fluidez y desparpajo, para que les renueven el contrato otro seis meses…

Nunca he visto cabezas más bien rapadas, sin nada dentro…

Ya no hacen falta carteles, tenemos tan poco tiempo, que pasamos la vida mirando la pantalla táctil de nuestro celular, mientras pasa la vida al rededor, como si no fuera con nosotros…

No nos han prohibido pensar… No les hace falta…

Pensar conlleva un circunspección moral, una valoración crítica de nuestros conocimientos… Una búsqueda de la verdad o sus múltiples caras, en una dialéctica simbiótica con los otros seres humanos que conforman nuestro entorno. Hoy, incluso tenemos la posibilidad de que ese entorno, gracias a las nuevas tecnologías, sea planetario, y sin embargo, nos limitamos a mandar caritas sonrientes o memes y chistes que nos llegan en cadena…

El nihilismo moral nos ha vencido, el Patriarca ya no tiene que ordenar que no hablemos de política… Hoy ya no es “in” hablar de política, conocer historia o discutir de filosofía… Somos tan listos que no soportamos que nadie nos de lecciones morales, somos superhombres que estamos muy por encima de las viejas ideas caducas… No tememos ni a Dios, vamos a temer a otros hombres…

Esta mañana he bajado a la calle, y he visto la realidad, todo el mundo lleva el pelo naranja, largo y cardado, al estilo del gran patriarca americano… Todos con su móvil, sus cascos y chateando en foros… Al cruzar hacia la entrada del puerto he escuchado a unos señores en ropa de deporte, con su pelo naranja, que veían como salían de la dársena los magrebís que acababan de bajar del “melillero”; como se miraban entre ellos y escupían: “¿Cómo dejamos entrar a esta gente de países de mierda…?”

Un fantasma recorre Europa… Y tiene el pelo naranja…

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La paradoja del agua…

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LA ZAFA DE PILATO

Tuvo que ver morir a su padre,

para saber que nuestras vidas son los ríos

que van a dar en la mar…

¿Y el agua estancada…?

¿Es un una vida cegada…?

¿Un suicidio…?

¿Un pozo de lodo…?

“Ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces,

porque ni el hombre ni el agua serán los mismos.”

Los griegos y sus paradojas…

¿Quién tenía razón Heráclito o Teseo…?

¿Cuándo deja un barco de ser el mismo barco…?

Si su quilla y su timón son de madera nueva…

¿Navegará ese bajel reparado, el mismo piélago…?

¿Y un barco de papel en un charco…?

Hay vidas que son aguas empantanadas,

desagües de un mismo destino,

pestilentes estanques de inmundicia,

paradojas de agua muerta…

No puedes ser cristiano sin el agua de la pila bautismal,

ni un buen musulmán si no te lavas antes de rezar…

Ese agua estancada purifica,

y es el mismo agua de la zafa de Pilato…

El agua de la alberca que da vida a los campos,

se emponzoña creando la miasma,

donde crece la larva del mosquito del dengue,

la paradoja del agua…

Las células de un hombre tardan en renovarse totalmente siete años…

¿Y sigue siendo el mismo hombre…?

El agua que utilizas para el té,

¿es el mismo de la zafa de Pilato…?

Por eso aunque te duches mil veces,

sigues siendo responsable de aquel juicio…

Pasan los días, los años, los siglos…

Y te pasas la vida gritando al populacho,

¿a quién queréis…?

El agua de la zafa de Pilato sigue contestando…

A él…al ladrón…a Barrabás…

Y te lavas las manos y miras para otro lado…

Aunque en la cruz, esta vez, esté tu hermano…

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¿Qué modernos somos…?

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EL BOFETÓN DE LOS PROGRES…

Hace unas semanas vimos como un policía español tumbaba a una joven de un bofetón… Había insultado a la “autoridad” y se llevó un buen revolcón.. Al final con la Ley Mordaza, si toses mucho, eso te pasa…

Por esas fechas se hicieron públicos unos whatsapp de unos policías urbanos de Madrid, que atacaban y amenazaban de muerte a la Alcaldesa, a varios periodistas y a compañeros “progresistas”… Un bofetón al Imperio de la Ley…

Todavía recordábamos las cargas policiales del 1 de octubre en Catalunya, donde nuestros piolines, al grito de “a por ellos..” quedaron retratados como el nuevo remedo de los “grises franquistas”, toneladas de amor y golpes, del Estado Social y Democrático de Derecho…

Qué difícil es ser “progre” en Europa… Cabalgando contradicciones…

Por eso el nuevo “Mester de Progresía” se ha buscado una heroína rubia y de ojos verdes (pura raza aria) que en su furia fundamentalista, abofetea a los soldados judíos… Que como buenos hebreos de tierra santa, deben poner la otra mejilla, para que la militante del grupo terrorista Hamás (Movimiento de Resistencia Islámico, primo hermano del Movimiento Nacional Español, mezcla de autoritarismo militar con ortodoxia religiosa) les parta la cara, por defender un Estado Democrático, acosado por la barbarie islamista…

La rubia activista Ahed Tamimi es la niñita de los ojos del sátrapa Erdogán, el del autogolpe islamista, que intenta convertir un Estado laico en una semi-república islámica radicalizada… Gran amigo del desconocido M.Rajoy, que apoyó su campaña… El gendarme corrupto al que paga la Unión Europea, para que haga desaparecer a los refugiados sirios, y no lleguen hasta nuestras tierras de bienestar limitado…

Es difícil ser “progre” y pensar que la niña Tamimi le pegara dos tortas y empujones a varios Mossos d’Esquadra… ¿Qué haría nuestro Estado de Derecho…? ¿Qué haría la República Catalana…?

Sería la heroína de Falange… Y sin embargo, aquí, en este país de bobos solemnes, de revolucionarios que cabalgan contradicciones, pedimos la libertad de la menor…

Somos hijos de nuestro tiempo… De doble y triple moral… No cabalgamos contradicciones, hacemos surf sobre el fascismo, con el arte de mojarnos lo menos posible… La banalidad moral…

Construimos héroes con pies de barro, sin sentido crítico, y al final nos llegan los palos…

Los amigos de Tamimi venden personas en Libia, pero eso no nos gusta recordarlo, puesto que nosotros fuimos parte de las fuerzas que derrocaron al sátrapa Gadafi (el que regalaba caballos a Aznar y plantaba su jaima en el Pardo, visitado oficialmente por Campechano I y por el bobo Zapatero…) en aquellas “primaveras árabes” que solo han florecido en más muertos, más desigualdades, más refugiados y más venta de armas…

Armas españolas que hacen subir el IBEX…

Qué difícil es ser “progre” en estos tiempos extraños…

Lo único que tenemos claro es que los judíos pueden ser abofeteados por miembros de la raza aria…

Qué modernos somos…

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amed tamimi

COLABORACIÓN ESPECIAL: Comenzamos el año con la Escritora MIA, y su relato EL ENTRENADOR.

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EL ENTRENADOR

Fuensanta siempre había querido ser madre y lo había conseguido hacía un año. Una preciosa joya llamada María, la alegría de toda la familia. La satisfacción y la felicidad habían llamado a su puerta y por nada del mundo cambiaría nada, ni el parto.

Pero, su cuerpo había cambiado, sus pechos, sus caderas, los muslos y sobre todo el peso; no conseguía adelgazar y ella había sido mujer de quitar el hipo. Había probado dietas, ejercicios en casa y pastillas para adelgazar, pero nada, incluso había cogido peso y volumen. Ya le estaba preocupando, aparte no se sentía sexy con su marido, le daba vergüenza que la viera desnuda, no era la misma. Su marido y su familia le repetían que estaba preciosa pero su espejo le preguntaba. “¿Dónde está el tipazo, sexy y femenino que eras hace nada?” Decidió empezar a nadar

Fran, no tuvo la culpa, sencillamente en un triatlón se le cruzó una piedra cuando iba en bicicleta y salió volando rompiéndose la clavícula. No le operaron por indicación médica y estuvo dos meses inmovilizado, la recuperación fue lenta y ya al cabo de seis meses estaba como nuevo. Bueno, como nuevo no, los músculos por el tiempo transcurrido estaban deteriorados y lo peor, la mente de Fran había cambiado, su médico le aseguraba que su cuerpo estaba preparado para volver al ejercicio poco a poco; él creía a pie juntillas que era imposible. Donde antes había fuerza y vigor ahora solo un recuerdo de lo que fue. Decidió que al menos nadaría para activar los músculos.

Candelaria había pasado un infierno, un verdadero infierno y había sobrevivido. No tenía hijos pero sí un marido que desde la boda le regaló una pesadilla y un miedo que casi la mata. Sobrevivió. Sí, lo había hecho, con ayuda de su familia, de los vecinos e incluso de los médicos y de la ley. Todos la felicitaban, ya había pasado y todos decían que tenía que coger las riendas de su vida y vivir. Genial. ¿Y eso cómo se hace? Decidió empezar a nadar.

¿Qué pasa a los sesenta? ¿Ya no servimos para nada? Reflexiones que se hacía Salvador, su empresa le había prejubilado y llevaba cinco años divorciado, sus hijos ya eran mayores y ni vivían en la misma ciudad. Pues él se sentía muy bien y sus amigos le intentaban convencer que ahora empezaba una etapa de resignación y aceptación. ¿Aceptación? ¿Resignación? ¿De qué carajo hablaban? Él siempre había luchado, trabajado… Decidió empezar a nadar.

La piscina era de cincuenta metros y se acababa de estrenar en el barrio. Todo el equipo era nuevo, incluso el entrenador. Eduardo. Un metro ochenta y cinco muy bien proporcionados en altura y músculos, rubio, ojos azules y unos hoyuelos que eran su carta de presentación al reír. Se presentó y presentó el curso al que se habían apuntado, personas que sabían nadar y que querían mejorar técnica y velocidad. Les indicó que como en el agua era difícil hacerse oír por los gorros y por la gente de las otras calles les enseñaría señas tanto para ellos como para indicarle a él, muy fáciles: parar, volver, ir más deprisa, ir más despacio, mejoras, mal, perfecto, ayuda, quiero preguntar, no me siento bien. Los miró, les preguntó sus nombres y su objetivo. Sus hoyuelos, su sonrisa y su gesto de simpatía esperaban respuesta. Fuensanta maldijo estar en bañador delante de ese cuerpazo pero fue capaz de decir su nombre y lo que quería conseguir. Fran no parecía muy optimista pero dijo que lo que le importaba era activar los músculos y que ya con eso estaba conforme aunque no hubiera terminado el curso. Candelaria ni siquiera levantó la mirada, susurró que por ella estaba todo bien, hacer el curso. Salvador fue el más explícito, quería sentirse fuerte, quería demostrar a los tontos de la sociedad que después de los sesenta hay vida y que se ponía en sus manos.

Eduardo no sabía si alegrarse o preocuparse. Allí estaba su grupo y él era su entrenador, las cartas estaban echadas y el juego acababa de empezar.

El primer día les dio las pautas del entrenamiento, en fila de uno irían nadando y les iría marcando quién iría tirando de la calle y los cambios de estilo. No nadaban mal. Sus formas de nadar decían mucho de ellos. Los fue presionando a ver qué tal reaccionaban; Fuensanta respiraba agitadamente pero seguía, se lo había tomado como un reto; Fran estaba acostumbrado a sufrir y ni se inmutó pero vio como se preocupaba por sus compañeros, cuando tiraba de la calle (nadar el primero, marcar el ritmo) iba despacio para que pudieran reponerse; Candelaria no podía, cuando paraba para descansar se quejaba y decía de dejarlo, curiosamente Fran y Fuensanta la animaron, era el primer día, normal que no pudiera pero había que conseguirlo, y la pobre se dejaba llevar por ese ánimo que no comprendía; Salvador disimulaba que estaba agotado, pero sufría hasta en las pestañas, sonreía como si no pasara nada…

Cada día antes y después de entrenar mientras estiraban comentaban los entrenos; alguno comentó que Eduardo, el entrenador, era despistado porque se concentraba tanto en la clase que no oía cuando lo llamaban si alguien entraba en la piscina, rieron al comprobar que pensaban todos igual. Comentaban sus dificultades por aprender ciertas técnicas o qué es lo que no entendían de los juegos que les enseñaban. Fran les ayudaba sobre todo en eso y se sentía como pez en el agua, necesitaba ayudar. Las clases eran muy divertidas. Siempre llegaba Eduardo con una pregunta desconcertante, como “¿qué sentían al ir a clase ese día?” por ejemplo, las chicas eran más expresivas y detallaban la ilusión con la que hacían la mochila, costaba pensar en cambiarse de ropa e irse al agua fría pero cada día la ilusión crecía y el momento se convertía en alegría. Candelaria casi dibujo una sonrisa pero inmediatamente la reprimió, le dio miedo esa sensación olvidada, no fuera a ser…

Uno de los días puso un ejercicio en parejas, nadar a espaldas, uno utilizaría los brazos y en sus piernas agarrado su compañero nadaría con las piernas como si fueran una sola persona nadando a espalda. Y añadió. Se hará una carrera.

Fuensanta con Salvador. Candelaria con Fran. Se pusieron en parejas y mientras se preparaban Fran le comentaba a Cande. Tú no te preocupes, tú preocúpate de los brazos que yo empujo batiendo los pies. Ya verás que rápido iremos. Y Candelaria toda preocupada le contestó. Fran, yo no tengo resistencia y la verdad es que no voy a aguantar, que es todo un largo de piscina, lo digo en serio. Fran, le sonrió. Yo tampoco tengo resistencia ya, pero por mi compañera, lucho hasta el último aliento, así que me debes lo mismo y no se hable más. Las dos parejas salieron nadando y curiosamente hasta los últimos metros no hubo una pequeña diferencia que se la llevó Candelaria y Fran.

Eduardo se acercó a chocar las manos y felicitar a todos. Habían respondido como buenos deportistas, dieron todo en la carrera y ahora se abrazaban. Candelaria no hacía nada más que votar de alegría y reír; Fran diciendo: Te lo dije, cogiendo aire del esfuerzo. Fuensanta doblada respiraba mientras decía: Esto no queda así, Salvador y yo os retamos a otra, ya veréis…y guiñó un ojo a su compañero que contestó. Claro que sí, no habéis visto que habéis ganado por suerte y además nos vamos a aplicar más en técnica. A eso Fuensanta reaccionó pidiendo a Eduardo que le enseñara mejorar su técnica, llevaba varios días que se daba cuenta que algo fallaba, no deslizaba bien y eso que practicaba en casa las brazadas y la coordinación.

Vale, los diez últimos minutos de la clase van a ser técnica para Fuensanta y también para Candelaria. Fran y Salvador harán velocidad, quiero que se piquen uno con el otro. Chicos me gusta vuestro avance. Os voy a hacer unos súper héroes

A Salvador esto le ilusionó, que él se tenía que picar con el joven triatleta Fran, sonaba muy bien. Los demás se quedaron perplejos de verlo haciendo flexiones después de la clase. Aunque a los cinco minutos ya se le unieron. Salvador gritó: Así me gusta grupo, uno para todos y todos para uno. Fuensanta no se quedó callada. ¿Qué te habías pensado? ¿Ser el más fuerte? Ni lo sueñes… A Eduardo le estaba gustando lo que estaba naciendo.

Cada semana había mejoras, las chicas habían cogido técnica, a Fuensanta se le había olvidado su objetivo de adelgazar, le preocupaba mejorar. A Candelaria entrar en la piscina y jugar le sacaba la sonrisa de lado a lado y ni se daba cuenta, solo al terminar se le oía decir, “¿ya está? pero si no ha dado tiempo…” A Fran le gustaba enseñar y en los tiempos antes y después de la clase hacía de profesor con lo que cada vez quedaban antes y se iban más tarde, era un acuerdo tácito entre todos. Y a Salvador le iban notando un cambio radical en vestimenta, vaqueros juveniles, camisetas de marca con dibujos y zapatillas de deporte, eso fue el principio porque como luego comentaron se iba tuneando en el corte de pelo, barba y complementos, se sentía vivo.

Llegó un día que Eduardo los puso en círculo, como siempre, para dar las pautas de clase y les soltó que los había inscrito en los próximos juegos municipales, en los que nadarían cada uno cien metros a los distintos estilos pero la gracia era que competirían en relevos con otro grupo de sus características que llevaban más tiempo que ellos nadando. Lo soltó y se calló. Aquello sonó como si tuvieran que ir a las olimpiadas y no se sabría si volverían…

Pero, ¿Nosotros damos la talla? No llevamos tanto tiempo. ¿Y no te vamos a dejar en mal lugar?

Dentro de nosotros siempre existe un pequeño héroe en espera de salir. Saldrá siempre que surjan en nosotros los valores de éstos. Nobleza, superación, compañerismo… Y esa es mi función, a eso quiero llegar con este curso, no es ganar, es encontrar ese espíritu que os garantizará afrontar los problemas de la vida, el entrenador no dijo más ni hizo falta.

El entrenador empezó a quedarse unos minutos más cada día; les enseñaba salidas en los relevos; a saltar sólo cuando el compañero tocaba la pared para no ser descalificados; a medir los tiempos de cada uno; se metía dentro de la piscina y observaba el agarre y desplazamiento del agua que cada uno hacía por debajo de ésta. Cuatro nadadores que se hacían relevo cada 50 metros a estilo libre, crol.

Y todos los días de clase les ponía juegos en los que olvidaran la competición, unas veces era un partido de waterpolo; otras les tiraba unos aros y tenían que bucear y recogerlos en parejas. No quería que se estresaran y lo principal, que se comunicaran y divirtieran. Sin darse cuenta, aquél objetivo que en su origen anhelaba Fuensanta iba apareciendo, sus cuerpos se iban estilizando, cogían musculatura y fuerza. Muchas veces les hablaba que cada uno por dentro llevaba un superhéroe

Y llegó el gran día. Desde primera hora la piscina era un bullicio de gente y el micrófono no paraba de decir la prueba que iba a empezar, desayunaron juntos.

Chicos, lo habéis conseguido, habéis sacado al superhéroe que lleváis dentro. Candelaria tu eres Jesse Quick, eres rápida y veloz, serás la primera en relevos. Fuensanta tu eres Wonder Woman, dominas la técnica y te dará el relevo Jesse Quick. Salvador tu eres Aquaman, dominas el agua y quiero verte haciéndolo, serás el tercero y le darás el relevo a nuestro Fran, Capitán América. Ya sabes que eres el último porque nos darás la victoria. Quiero a estos Super Héroes que salgan cuando entren en la piscina, ¿Me oís? Yo ya he demostrado que puedo entrenar siendo sordo.

Sí, soy sordo, hace unos años por una meningitis me quedé completamente sordo y creí que tenía que abandonar mi profesión, en el club que estaba me dieron unas palmaditas y un cheque. Toda la vida he sido un deportista y eso significa que estás preparado para superar pruebas por mucho dolor y sacrificio que signifiquen. Me apliqué y leo los labios. Utilizo los signos que os enseñé para las distancias y aquí me tenéis. Sorprendidos ¿Verdad? Pero es lo mejor para demostraros que todo se puede, ahora es vuestro turno.

Se anunció por los altavoces el comienzo de la competición de relevos.

En cada extremo de la piscina dos nadadores, cada equipo en una calle, el primer nadador ya subido en la plataforma y colocado para salir en espera del pistoletazo.

Jesse Quick, se ajustó el gorro y las gafas, tuvo mucho cuidado que quedaran bien ajustadas para que al entrar en el agua no salieran volando. Sonó el disparo y salieron. Jesse supo que su fuerte era la velocidad, se sentía fuerte y empezó a nadar como la superhéroe que era. Sacó ventaja a su contrincante. Wonder Woman subió y se preparó a que llegara su compañera. Voló por encima de Jesse cuando ésta tocó la pared. Y la técnica salió en estado puro, deslizaba y agarraba el agua como el héroe en que se había transformado. Aquaman, que estaba preparado, no le gustó ver el papel que le tocó jugar. Dominó el agua pero no pudo crear distancia y en los últimos metros… Capitán América se preparó y supo que lo tenían muy difícil. Aquaman le paso el relevo y empezó a nadar y a atravesar el agua como si no hubiera agua, hubo un momento en que consiguió una pequeña diferencia pero en los últimos metros algo le detuvo y tocó la pared dos segundos tarde. Dos segundos.

En el periódico del día siguiente se publicó una foto y un comentario sobre el comportamiento del equipo perdedor de relevos, que celebró que habían perdido como si hubieran ganado, cogieron a su entrenador y lo subieron a hombros; le aplaudieron e incluso cogieron el micrófono y dieron las gracias al mejor entrenador del mundo. Que estaban allí y habían conseguido ser lo que eran, gracias a él. El juez tuvo que acercarse y dejarles claro que el equipo ganador era otro, aunque fuera por dos segundos. Pero lo siguieron celebrando e incluso se tiraron al agua con entrenador y todo. Era una locura, una bendita locura… Eso es el deporte.

MIA. Enero de 2.017.

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