SIN ALZAR LA VOZ…

Homenaje a mi abuelo y a un buen amigo.

ABUELO EN LA GUERRA MARRUECOS

SIN ALZAR LA VOZ…

Inicié el estudio de la teórica meses antes de cumplir los 18 años, y en cuanto los cumplí me presenté a los exámenes de la Dirección General de Tráfico. Los exámenes prácticos los aprobé a la segunda, pero eso en España, nadie lo reconoce… Todos somos de primera…

Empecé la presión sobre mis padres, ambos funcionarios, para que me comprasen un coche… En principio aceptaba hasta uno de segunda mano… Pero, ese verano nuestro ambiente familiar saltó por los aires… Mi abuela, la madre de mi padre, falleció en un pueblo de Almería… Mis padres, se fueron al entierro, dejándome a cargo de mi hermana menor, y volvieron cinco días después, con una sorpresa que lo cambiaría todo…

Mi abuelo, con mas de ochenta años de edad, llegó a nuestra casa… Según mis padres, era un hombre acostumbrado a que mi abuela le dirigiera la vida, y en estos momentos, sin ella, estaba en estado de shock… Un anciano sin referencias, que necesitaba a su familia…

La verdad es que yo apenas conocía a mi abuelo, su nombre era igual al mío, Javier Andrade, pero los recuerdos escasos que tenía de él, se diluían bajo los besos y mimos que mi abuela me dio, en la pocas visitas que le hicimos a Almería. Mis padres, nunca tuvieron una relación fluida con esa ciudad andaluza… Para su progresismo de la nueva era, aquella urbe se había quedado anclada en un pasado casposo al que ellos no le tenían ningún aprecio.

Mi abuelo ocupó el cuarto de mi hermana mayor que estaba estudiando en Londres, y yo pronto empecé a pergeñar una estrategia que aprovechase la estancia del nuevo familiar en mi propio beneficio… Muy serio, les expliqué a mis padres que yo me encargaría de mi abuelo por las mañanas, cuando ellos trabajaban, y que me matricularía en los cursos de tarde de la Complutense… Lo único era que, al salir tarde de la facultad en la ciudad universitaria, lo mismo era mejor tener un vehículo para desplazarme…

Mi padre que es profesor de Ciencias exactas, se dio cuenta de por donde iban mis intenciones y convenció a mi reticente progenitora, para que aceptase mi planteamiento… Cada vez estoy más seguro que mi padre quiso darme una lección, nunca sabrá que el tiro le salió por la culata…

Mi relación con mi abuelo era fría, apenas había hablado con él, y para mí era un gran desconocido… Pero gracias a ese gran desconocido me compraron un Opel Corsa básico del concesionario… Desde ese momento mi abuelo y tocayo, empezó a caerme mucho mejor… Era un hombre callado, que siempre estaba levantado cuando mis padres despertaban, y que preparaba café en una vieja cafetera italiana Orbegozo que había echado en su maleta. Se negaba a utilizar la cafetera eléctrica de cápsulas… Con el tiempo, nos acostumbramos a saborear el olor que llenaba la casa a las seis y media de la mañana, no había color, aquel aroma a café recién hecho no lo consigue ninguna máquina eléctrica… “Algún día te enseñaré a hacer café de pucherete, el café de toda la vida…”, me decía mi abuelo cuando me veía aparecer en la cocina en calzoncillos, medio legañoso, con la taza en la mano, en busca de aquel mejunje oloroso que me llamaba…

– ¿De verdad sabes conducir ese chisme…?

Era como yo, no solo en el nombre… Tiraba la piedra y escondía la mano.

– Por supuesto que sé conducir… ¿A dónde quieres ir, abuelo…?

Esa fue la primera sorpresa, mi abuelo me pidió que lo llevase a Toledo. Lo tenía todo preparado, dejaríamos a mi hermana en su escuela, y saldríamos por la autovía, en una hora estaríamos en la vieja ciudad, capital de la antigua España Visigoda… He de reconocer que nunca había estado en aquella vieja ciudad, mi abuelo era como un GPS, me iba indicando hasta los nombres de las calles, y en quince minutos desde la entrada en la ciudad, ya estábamos justo al lado del impresionante Alcázar. Yo creía que mi abuelo iba a ver a algún amigo, me dejó de piedra cuando me dijo que aparcase en el parking público del centro, que nuestro destino era el Museo del Ejercito.

No paraban las sorpresas, al llegar Museo, no sé que carnet enseñó en la entrada, pero nos dejaron pasar, sin pagar nada… Mi abuelo era una caja de sorpresas, callada pero efectiva… Visitamos todas las salas, he de decir que nunca me interesó nada que tuviese que ver con lo militar, y mis padres nunca me habían comprado ni siquiera una pistola de plástico de niño… Allí estaba yo, rodeado de armas, escuchando a mi abuelo que conocía al dedillo como se utilizaban… Mi sorpresa mayor fue cuando llegamos a una sala donde están expuestos los detalles, banderas y equipos que se utilizaron el “la Guerra del Ifni”, de la que yo no tenía ni idea… Mis libros de historia, habían obviado aquella guerra en la que los españoles fuimos parte decisiva… A mi abuelo se le vidriaron los ojos, y noté que le temblaban las manos…

Me enseñó una foto en blanco y negro de un grupo de soldados españoles de aquella guerra y me quedé helado, allí estaba yo, con el pelo más moreno y la cara sucia de la batalla…

– Eramos unos locos, luchando en una tierra extraña, contra unos enemigos que nos odiaban simplemente por ser extranjeros… Y sin embargo luchábamos por España… Por un trozo de tierra que a la sombra de la bandera española, es España, sea Cádiz, Fernando Po o Filipinas…

Sentí que mi abuelo se emocionaba, y el resto de la visita estuvo callado.

Cuando abandonamos el museo me sorprendió que uno de los soldados que había en la puerta, se cuadró ante mi abuelo y le saludo militarmente… Yo no entendía nada…

En el coche, mientras volvíamos a Madrid, mi abuelo salió de su silencio. Primero me preguntó qué si era posible que mis padres no se enteraran de aquella excursión… Yo le dije que no había problema, aquello quedaba entre Andrades… Mi abuelo sonrió, y me tocó el hombro con camaradería. Sí, los dos nos llamábamos Javier Andrade, y ahora compartíamos una aventura secreta…

En cuanto llegué a casa, como buen hijo de mi tiempo, entré en San Google para saber algo más sobre la Guerra de Ifni, me sorprendió mi total desconocimiento del tema, y sentí vergüenza como español, sobre todo cuando leí el artículo de ABC, sobre historia militar de título “Ifni: la guerra que España libró con Marruecos a sangre y fuego.”

Nunca entenderé como español, lo que nos cuesta reconocer que estuvimos en guerra con otros países, no hace siglos, cuando España era el imperio de los Austrias… Luego hubo muchas guerras, con Estados Unidos, con Marruecos y con otros países que nos cuesta horrores reconocer… Cómo si hubiésemos hecho algo malo, cuando la mitad de Europa se repartió el mundo a su conveniencia… Nosotros eramos unos invitados no deseados, desde el punto geoestratégico, prescindible… Por eso nos echaron a patadas de todos sitios… Y esa patadas las recibieron culos españoles, ahora me estaba enterando, que uno de aquellos que sufrieron en silencio aquellas patadas era mi abuelo.

Con los meses nuestra relación se fue haciendo cada vez más estrecha, pero había un muro alto, que yo no lograba escalar, cuando le preguntaba por los hechos de la Guerra de Ifni, apenas conseguía respuestas… Frases sueltas, cargadas de resquemor… Nunca, desde luego habló mal de nadie, simplemente quería olvidar…

En octubre de ese año, recibimos una llamada telefónica para mi abuelo, al parecer un viejo amigo suyo había fallecido… Mi abuelo actuó con frialdad, pero al día siguiente, les dijo a mis padres que él y yo nos íbamos a Melilla, así de golpe, iríamos de Madrid a Málaga en el AVE, y luego embarcaríamos hasta la ciudad autónoma.

Mi padre me miró buscando mi complicidad para parar al abuelo, pero los Javieres, ya estábamos en otra honda… Tardé quince minutos en alistar mi mochila, mi abuelo me dijo sonriente “Así me gusta, listo para salir zumbando en cuanto sea preciso, acudir siempre donde se oiga fuego, de día, de noche, siempre, siempre, aunque no se tenga orden para ello”. Aquello me sonó extraño, creo que no lo entendí hasta que llegué a Melilla.

En cuanto bajamos del barco, nos montamos en un taxi al que mi abuelo le indicó que nos llevase al Acuartelamiento de la Legión. Yo no entendía nada, siempre pensé que los legionarios eran hombres rudos de grandes bigotes y cargados de tatuajes, gritando a cada paso “VIVA ESPAÑA”… Mi abuelo era un hombre pacífico, siempre tranquilo ante cualquier situación, alejado de cualquier discusión baladí, y corto de palabras… No entraba en el estereotipo que yo tenía hecho del típico legionario…

Llegamos a cuartel, y a partir de ahí mi mundo empezó a tambalearse, cada vez que mi abuelo se presentaba ante un puesto de entrada, los soldados se ponían de pié de forma marcial y saludaban a mi abuelo como si fuese un oficial de servicio…

A rastras, siguiendo a mi abuelo que se movía por aquel Cuartel como Pedro por su casa, llegamos a la capilla ardiente donde reposaban los restos de su amigo fallecido. Debía de ser un militar de alta graduación puesto que su féretro estaba custodiado por una guardia de caballeros legionarios… Yo me quedé atrás, asustado, mientras mi abuelo iba saludando a todos los presentes, a los que conocía en su mayoría o eran informados de su nombre… Allí mi abuelo estaba entre compañeros, y su ropa de civil, no le hacían diferente al resto uniformado, es más, oficiales mucho más jóvenes al enterarse de su presencia vinieron a saludarlo expresamente… Yo estaba alejado en la misma entrada de la capilla, en una zona sombría, con los ojos como platos viendo como mi abuelo era reconocido afectuosamente por todos sus compañeros.

– ¿Tú eres Andrade… No puedes decir que no…? – Un alto oficial cargado de medallas se dirigía a mí como si me conociera de toda la vida, a mí se me secó la garganta – Eres idéntico a tu abuelo cuando servimos en Marruecos… Tal vez tu pelo sea más claro… Pero eres igualito…

– ¿Usted estuvo con mi abuelo…? Perdone – dije asustado – No sé que tratamiento debo darle…

– Respeto… Solo respeto, si eres nieto de Javier Andrade, eres nieto de un caballero legionario… Entre caballeros, respeto y educación…

Y me tendió la mano como si me conociera de toda la vida… A mí me temblaban las piernas…

– Tu abuelo es de los nuestros, hombre de pocas palabras, los caballeros legionarios hablamos donde tenemos que hablar… Supongo que no te ha contado nada de la batalla de Edchera, donde fuimos emboscados y perdimos a dos hombres… Tu abuelo tuvo la sangre fría de aguantar herido hasta la noche, y recuperar los cuerpos de los dos compañeros caídos… Esos dos compañeros fueron condecorados con la Laureada de San Fernando a título póstumo… Tu abuelo fue condecorado por su valor con la Medalla Militar, por sus servicios muy notorios y distinguidos realizados frente al enemigo… Esta es su medalla…

Aquel alto oficial se extrajo de la chaqueta una pequeña cajita y me la entregó…

– Cuando tu padre decidió estudiar medicina, tu abuelo no disponía del nivel económico suficiente… El Estado español siempre ha sido cicatero y despreocupado con sus héroes… Cuando dejas el servicio, eres totalmente olvidado… Solo nuestra Fundación de la Legión, mantiene el contacto con los viejos caballeros legionarios… Yo le ayudé a tu abuelo en aquella ocasión, pero para que no se sintiese ofendido… Entre caballeros eso es importante… Tu abuelo me entregó su medalla… Puede que en el rastro de Madrid encuentres alguna falsificación, pero esta es auténtica, con su nombre en el reverso… Se que nunca se atrevería a hablar de ella… Pues tuvo que deshacerse de ella por un motivo económico… Como buen caballero legionario, nunca más hemos hablado del tema… Pero, hoy esperaba que tu padre o tú, estuvieseis aquí, para devolveros los que es vuestro… Algunos creen que el espíritu de unión y socorro de nuestro credo, es solo para cuando se grita en alto ¡A mí la Legión!, a veces hay que acudir en auxilio de un compañero aunque este no grite… Tu abuelo nos dio una lección a todos en Edchera, pues nos demostró hasta donde llegaba su espíritu de compañerismo, con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo de batalla, hasta perecer todos.

Yo no sabía que hacer con el paquete, y aquel oficial, me ayudó a guardarlo en mi cazadora… Luego se cuadró y me estrechó de nuevo la mano.

– Ha sido un placer… Veo que los Andrades, seguís siendo poco habladores… Pero buenos caballeros legionarios…

Cuando volvimos a la Península, mi abuelo me habló de su tiempo en la Legión y de su servicio en Marruecos, nunca dijo nada de la batalla de Edchera…

A veces en mi cuarto a solas, miro la medalla y releo su reverso… A veces me pregunto porque nos cuesta tanto reconocer nuestra propia historia, que entre 1.957 y 1.958, más de cincuenta españoles dejaron su vida en una guerra que casi nadie conoce… Nadie recuerda sus nombres…

La bandera española estuvo hondeando en Sidi Ifni hasta 1.969, y la Legión la defendió en el Sahara Español hasta 1.976…

Hoy solo se habla de la Legión, cuando en Málaga desfila acompañando al Cristo de la Buena Muerte, pero nadie habla de sus misiones en Bosnia, en Kosovo, en Macedonia, en Irak, en Afganistán, en la República Democrática del Congo y en el Líbano.

Como mi abuelo, los legionarios no alzan la voz, hablan donde tienen que hacerlo… Como Caballeros…

LEGION LIBANO

GUILLERMO DE JORGE DE MILITAR

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DUDAS DE VIEJO…

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Crónica de una muerte anunciada…

Comienza la Semana Santa para los católicos, un puente vacacional para los ateos y una crónica de una muerte anunciada para los cobardes seguidores del agnosticismo…

Cobardes, sin maldad ninguna, medio seducidos por el método científico, somos como el apóstol Tomás, el mellizo, que como cuenta el Evangelio de Juan, aunque se le anunció la resurrección de Jesús, se negó a admitirla: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré.” Ocho días después, Tomás toca con sus propias manos las heridas de Jesús en las manos y en su costado. Jesús le recrimina haber necesitado ver para creer. Es el más conocido de todos los episodios evangélicos relacionados con el apóstol Tomás.

Podemos decir que Tomás fue el primer agnóstico, por lo menos, el primero que planteó dudas…

Con los años, y las vivencias, la incertidumbre crece dentro de uno…

No hay mayor cobarde que un viejo que duda, pues se asoma a un abismo, en una caída anunciada, sin red…

Yo grito cada primavera, como Machado en su saeta, pidiendo una escalera, para subir a la cruz e intentar salvar al nazareno…

No me interesa el paseo glorioso del cadáver de Cristo, por mucha pompa fanática que le pongan las hermandades de fariseos con sus oropeles y fanfarrias… No me apasiona o alegra, la dudosa victoria del Hijo del Hombre, sobre la muerte… Yo siempre espero, al último minuto, rezando, para que esta vez, el Padre, escuche el llanto de su hijo, sus dudas, y evite su muerte…

El llanto de Jesús, eran gotas de sangre sobre la seca tierra de Getsemaní… ¿Qué padre deja a su hijo sudar gotas de sangre…? ¿Es ése el Juez que ha de juzgar nuestra existencia…? ¿Si es así, abandonad toda esperanza…?

Cada año que pasa, lo entiendo menos… Y dudo más… Y rezo para que la crónica de esa muerte anunciada y escrita, no se cumpla… Cada vez entiendo más al maestro Machado:
“¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!”

Tengo miedo y dudas, y tú no me las resuelves… Y la ciencia no las calma, y la filosofía me engaña y la metafísica me tortura, y los charlatanes de túnicas de colores me encabronan…

Solo me queda escudriñar el enigmático misterio de tus Siete Palabras durante tu crucifixión en el calvario… Las últimas palabras de un inocente ajusticiado por los poderosos de su tiempo, los jerarcas del Estado…

Tengo miedo y dudas, y tú no las resuelves… No soporto escucharte clamar al cielo, entre ladrones y soldados romanos, pidiendo la ayuda de tu padre… “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?” – “¡Elí, Elí! ¿lama sabactani?” – Deus meus Deus meus ut quid dereliquisti me (Mateo, 27: 46 y Marcos, 15: 34).

Yo sigo sentado, sobre mi calabaza, esperando una respuesta…

“De vez en cuando la vida, nos gasta una broma, y nos despertamos sin saber que pasa, chupando un palo sentados, sobre una calabaza…”

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FEMINISMO ES IGUALDAD.

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REJUVENECER LA VAGINA.

Basta un día en la calle, de menos de un tercio de las mujeres españolas, para que todo el mundo reconozca que es algo feminista…

Lo que, según los nuevos conversos de la liberación de la mujer, supone dejar a la élite de las mujeres, que lleven a cabo, los mismo errores que han estigmatizado a la gran mayoría de los hombres en machistas por omisión…

Nunca entendemos lo que es IGUALDAD… Es una palabra que no debe tener una raíz latina o griega, pues nadie la entiende…

Si una minoría ha sido avasallada, hay que dejarla que se tome su justa revancha, apoyando políticas que supongan una discriminación positiva…

En los Estados Unidos, el resultado de la discriminación positiva ha sido exitoso en relación a la equiparación progresiva de las mujeres y las personas de origen asiático en el mercado laboral.

En España, tierra del esperpento y la picaresca, la discriminación positiva, deviene en el revanchismo cainita, que supone arrancar de nuestra cultura a todos los escritores, pintores y poetas, que de una forma u otra, por acción u omisión, se rascaron la bragueta…

Pobres Galdós, Valle-Inclán, Blasco Ibáñez, Paco Umbral, Cela y García Márquez… Pobres, digo, por ser hombres y hablar con claridad de las gracias y desgracias de heteropatriarcado…

Pronto serán vetados, puestos bajo cuarentena, por tener debilidad por la belleza femenina, y describir con claridad diáfana, el uso mercenario y mercantil de esa belleza, atreviéndose, los muy desalmados, incluso a detallar la sordidez humana de los lupanares, mancebías, burdeles, prostíbulos y casas de lenocinio… Tachados de viejos puteros, desnortados…

Lo mejor de esta discriminación negativa revanchista tan española, es que la suelen llevar a cabo la generación que, antes de quemar el sujetador, se ha operado los pechos, y antes de salir a la manifestación del 8M, se han rejuvenecido la vagina…

Chocho joven, con ideas viejas, imposible entender lo que significa la palabra IGUALDAD…

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PUTA DE GALDOS

EL GATO CONSPIRANOICO…

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OTRA VUELTA DE TUERCA…

Cada cierto tiempo la oligarquía instalada en el poder crea un estado de crisis que nos arrastra al terror y abre el suelo bajo nuestros pies.

Es la vieja ideología del miedo, perfeccionada desde Maquivelo hasta nuestros días, por los jerarcas, sátrapas y sus tecnócratas…

El 23 de febrero de 1.981, nos enseñaron que sin ellos, lo podíamos perder todo… Y el 11 de marzo de 2.004, nos ilustraron, en que solo sus fuerzas represivas y su justicia a dedo, nos salvan de los bárbaros que quieren matarnos…

Y es verdad, los bárbaros quieren matarnos… Pero no los bárbaros de lejanos países, tez morena y religión agreste… No, son los bárbaros que se sublevaron el 18 de julio de 1.936, que siguen mandando, que siguen manteniendo su sistema de Democracia Interna, y sus Tribunales de Orden Público… Los que ya mataron a la mitad de España, y siguen echando tierra y mierda sobre sus fosas…

Estos bárbaros, cada cierto tiempo, dan una vuelta de tuerca al sistema del miedo… Pronto nos propondrán la entrada en vigor de una nueva Ley sobre vagos y maleantes, para que nadie se pueda agrupar en la calle… Calles llenas de bolardos por seguridad…

Ahora toca subir el sueldo a sus correas de transmisión del sistema, esos funcionarios, que ni ven, ni oyen, ni hablan y por supuesto, ni trabajan… Lo suyo es mantener los muros de sistema fuertes contra el enemigo exterior…

El enemigo exterior es el que muere en los trenes… El que muere en los guetos… El que muere en accidentes laborales… El viejo dependiente sin ayuda, condenado a morir… Las mujeres asesinadas por la violencia hecha circo desde el propio sistema… Los jóvenes que se enganchan a la heroína, que es una droga moneda de cambio de los servicios secretos de inteligencia… Los sin papeles de los CIE… Y tú, que aún no te has enterado de que eres prescindible… Que ya hay máquinas que hacen tu trabajo, mejor que tú…

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el gato conspiranoico

 

Ande yo caliente…

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EL CHAKRA DE LOS COJONES…

En esta sociedad moderna vacía de contenidos, insolidaria y amante nihilista de la belleza, se ha impuesto la modernidad de los cultos oscuros orientales…

Y digo oscuros, no porque en su verdadero fin no sea la luz, sino porque nuestra ignorancia moderna, necesita explicaciones que quepan el 140 caracteres, con lo que nos tragamos las píldoras de gurús de tres al cuarto, que lo mismo te mezclan el budismo con el hinduismo, el camino noble del alma, la reencarnación hindú, el karma (causa y efecto), el poder de los chakras como centros de poder, y la rueda de la fortuna…

Nos encanta pensar en ese Buda gordo y bonachón, que no es tal, y en su búsqueda interior, que justifica nuestro autismo social y la incapacidad para sufrir por las miserias ajenas…

El año pasado, la película SILENCIO, la última de Martin Scorsese, ya nos enseñó lo buena gente que eran los jerarcas budistas del Japón, y sus búsqueda de la perfección, torturando y matando a sacerdotes cristianos, y crucificando en los acantilados a los nipones tocados por las enseñanzas del nazareno… Toda religión que sustenta a un sistema político determinado, no es más que una muleta del poder, para crear esclavos adoctrinados… TODAS…

Ahora nos está llegando, de medio tapadillo, el genocidio que los budistas de la antigua Birmania (hoy Myanmar) están llevando a cabo contra la minoría musulmana del país, los denominados rohingyas. Unas 800.000 personas, expulsadas a machetazos a Bangladesh, como dicen en mi pueblo, sin maldad ninguna…

Que los budistas, la religión de la paz, masacren a los musulmanes (el gran satán de occidente) no entra en nuestro pensamiento moderno, creado de clichés, patrocinados por Coca-Cola y Toyota…

Se nos cruzan los cables, y no podemos volver a mirar con los mismos ojos, al gurú que nos cobra cincuenta euros por enseñarnos el camino noble del alma a base de yoga, y poniendo en orden nuestros revoltosos chakras europeos, desnortados por las sotanas de los curas…

Algún día el hombre no necesitará muletas, andará por sí mismo y no harán falta curas, gurús o trileros del ego…

Mientras, nosotros, a intentar poner nuestros chakras en orden, intentando que nuestros cuerpos mortales, se enreden en extrañas posturas de yoga, encima de una sudada colchoneta…

Ya lo dijo Góngora, en la edad de oro…

Ándeme yo caliente
y ríase la gente.

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno,
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente,
y ríase la gente.

Coma en dorada vajilla
el príncipe mil cuidados,
como píldoras dorados,
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador reviente,
y ríase la gente.

Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el enero,
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas,
y quien las dulces patrañas
del rey que rabió me cuente,
y ríase la gente.

Busque muy en hora buena
el mercader nuevos soles;
yo, conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena
sobre el chopo de la fuente,
y ríase la gente.

Pase a media noche el mar,
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama,
que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar
la blanca o roja corriente,
y ríase la gente.

Pues Amor es tan crüel,
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada,
do se junten ella y él,
sea mi Tisbe un pastel,
y la espada sea mi diente,
y ríase la gente.

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