Ilustres cobardes…

El catedratico 00010_0

EL SILLÓN GIRATORIO DE LOS COBARDES.

La sombra del águila, es un relato breve publicado en el diario El País en agosto de 1993, por un aún reportero, Arturo Pérez-Reverte, que nos narra una historia ficticia basada en un hecho real: Durante la campaña de Rusia de 1812, en un combate adverso para las tropas napoleónicas, un batallón de antiguos prisioneros españoles, enrolados a la fuerza en el ejército francés, intenta desertar, pasándose a los rusos. Interpretando erróneamente el movimiento, el Emperador lo toma por un acto de heroísmo y ordena en su auxilio una carga de caballería que tendrá imprevisibles consecuencias.

La ironía que destila el relato, lo hace grande aun siendo breve…

Es la grandeza mentirosa de la historia, que convierte a cobardes en héroes, en dos segundos. Gestos vergonzantes que son interpretados por los profesionales de la historia (sin fuentes) como audacias ejemplares.

La historia está llena de ilustres cobardes…

Y la vida diaria, de cagones y gallinas, en sillones giratorios e ilustres cargos académicos, que, tras su rebuscado progre aliño indumentario, esconden a “Bradomines” carlistas, gerifaltes de antaño…

Reconozco a este tipo de apocado cagueta en cuanto lo veo actuar, siempre guardando su culo de catedrático con mando en plaza, empotrador de alumnas que no dejan de pasar por su despacho…

¡Cuántas han pasado por aquí…! Nos dijo, una vez, una conserje de universidad, que se ocupaba de apagar las luces de los despachos de los infatigables investigadores…

Perros de hortelano, que ni comen, ni dejan comer… Ni estudian, ni trabajan, solo medran en sus carguillos, mientras se dedican, en sus horas libres, a coleccionar coches antiguos o a dar clase (sin mancharse) a los míseros negritos de centro-áfrica, que les sirven de obra de caridad, con la que asegurarse una entrada gloriosa en el cielo de brazaletes verdes de sus fascistas abuelos…

Pavos reales, que solo muestran sus coloridas y poéticas colas a veinteañeras impresionables, y a divorciadas depresivas con picores uterinos y sofocos hormonales…

¿Dónde están sus obras…? ¿Dónde sus gestas…? ¿Quién localizará sus Tesis e investigaciones…?

Hete aquí, que hasta cuando huyen en cobarde abandono de sus funciones, parecen que atacan al desinformado y asombrado enemigo… Atolondrados pusilánimes hijos de la guerra de Gila, que nunca dejan de llamar al oponente atildado, para preguntar a qué hora les viene mejor la retirada…

Dañinos engullidores de bebida de gorra (Echa vino, montañés, que lo paga Luis de Vargas…), heraldos bien subvencionados que esconden sus dietas (como sus ancestros) tras los patronatos de coros y danzas del antiguo caudillo…

Bellos en su impostura, siguen la enseñanza de los jesuitas, todo vale para hacerse con el patrimonio de un inocente, con el legado de un noble abandonado por sus herederos, manteniendo, orgullosos, los blasones de grandeza de sus nobles apellidos, su “nazimachista” derecho de pernada…

Como dice la publicidad de profilácticos: “Es Antonio, guapo, alto y funcionario… Pero tiene sífilis, aunque él no lo sabe…”

holocausto

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