El domingo, vota a tu vecino…

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VOTA A TU VECINO.

Como ya he dicho alguna vez, las primeras elecciones municipales de la democracia fueron mi primera experiencia como “Ciudadano político”. Con todo lo bueno y malo que eso conlleva…

Aprendí que tu vecino (un maestro de EGB de mis hermanos) podía ser Alcalde, pero también que, en cuatro años, lo que parecía una fiesta ciudadana se convirtió en el esperpento de la burocracia y el distanciamiento de la primera autoridad municipal de la realidad…

Eso lo compruebas cuando al primer edil le hacen las compras, el séquito le lleva a su casa las bombonas de butano, no paga en los bares y restaurantes que visita y le salen dos acompañantes perpetuos que se encargan de que no te acerques a él más de dos minutos.

Hoy, cuarenta años después, nadie conoce a los Alcaldes y menos a los candidatos a la alcaldía (con posibilidades ciertas). Esos ya son casta.

Como decía Agustín Belmonte en su magnífico artículo EL ÍNCLITO (2):” En Almería, nuestro ínclito alcalde cobra más que el Presidente del Gobierno, es un personaje sin carisma, poco conocido y ajeno a los barrios y a la inmensa mayoría de los vecinos. No es cercano, no se le conoce por su nombre de pila como insinúa en sus carteles y esconde con vergüenza las siglas de su partido”.

Y es totalmente cierto. Yo no he visto a Don Ramón comprando en el DIA de Pescadería, no me lo he encontrado en la Plaza Pavía comprando calcetines a tres euros o pidiendo número en el puesto del pescado. No ha visitados Los Patios para ver si están oxidados los puntales, ni ha hecho una visita guiada, con José Campoy, a las murallas antiguas de la ciudad. No sabemos dónde se corta el pelo, pero lo que tengo claro es que no va a la peluquería de la calle La Reina que regenta Miguel Bisbal, no ha colgado fotos del calamitoso estado del barranco caballar (ese río de mierda y basura que divide La Chanca de Pescadería), ni de la famosa “remodelación de la pasarela” que ha sido un lavado de cara, una mano de pintura y seguimos con los problemas de alumbrado y accesibilidad.

Por supuesto Don Ramón, no compra agua embotellada a mi amigo musulmán porque en el barrio donde vive ni cortan el agua, ni tampoco la luz…

Pero vamos que casi lo mismo pasa con Doña Adriana y Don Miguel (el eterno Cazorla). Así que habrá que mirar en otras candidaturas para ver a nuestros vecinos, esos que vemos de vez en cuando por los barrios pisando la mierda de los perros y preguntando por los espacios culturales, históricos o de los jóvenes…

Me importa un rábano lo que digan las encuestas (bien pagadas), todo está en manos de los vecinos…

Como dijo aquel Registrador de la Propiedad que leía mucho el MARCA: “Al Alcalde lo votan los vecinos, y son los vecinos…” y no sigo porque me lío, y acabamos “vecinos, y mucho vecinos…”

Por tanto, el domingo vota a tu vecino, al que conoces, al que sabes que cuando lo veas por la calle, lo vas a poder parar y decirle con tranquilidad y confianza: “Mi calle tiene más mierda que la cocina de la Potitos del Chicote…”

Y si a los dos días, tu calle no está limpia, te vas a verlo al consistorio y que no te cuente la milonga de que tiene que pedir un informe a su gabinete, porque como es tu vecino, siempre podrás decirle en confianza: “Tu gabinete, que me agarre el paquete…”

Sin maldad ninguna.

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camen PODEMOS

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176 AÑOS DEL NACIMIENTO DE GALDÓS.

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UN PELLIZCO GALDOSIANO.

Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843-Madrid, 4 de enero de 1920) Novelista, dramaturgo, cronista, político y pieza fundamental del pueblo español.

Es considerado como uno de los mejores representantes de la novela realista del siglo XIX no solo en España y un narrador capital en la historia de la literatura en lengua española, ha sido propuesto por numerosos especialistas literarios y estudiosos de su obra como el mayor novelista español después de Cervantes.​

Galdós transformó el panorama narrativo español de su época, apartándose de la corriente romanticista en pos del naturalismo y aportando a la narrativa una gran expresividad y hondura psicológica. Creando su estilo propio el Realismo Galdosiano. ​En palabras de Max Aub, Galdós, como Lope de Vega, asumió el espectáculo del pueblo llano y con «su intuición serena, profunda y total de la realidad», se lo devolvió, como Cervantes, rehecho, «artísticamente transformado». De ahí que «desde Lope ningún escritor fue tan popular, ninguno tan universal desde Cervantes»

Su llegada a Madrid se describe en su obra “Memorias de un desmemoriado”, donde nos deja claro su gusto por la realidad cotidiana: “Entré en la Universidad, donde me distinguí por los frecuentes novillos que hacía, como he referido en otro lugar. Escapándome de las cátedras, ganduleaba por las calles, plazas y callejuelas, gozando en observar la vida bulliciosa de esta ingente y abigarrada capital. Mi vocación literaria se iniciaba con el prurito dramático, y si mis días se me iban en “flanear” por las calles, invertía parte de las noches en emborronar dramas y comedias. Frecuentaba el Teatro Real y un café de la Puerta del Sol, donde se reunía buen golpe de mis paisanos”.

Allí conoció a Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza, que le alentó a escribir y le abrió las puertas del Ateneo de Madrid.

Con la ayuda económica de su familia inició su carrera como escritor en 1867, con La Fontana de Oro, para después empezar los Episodios Nacionales, y dar un golpe de realismo natural, sobre la romanticona mesa donde discurrían las letras españolas de ese tiempo.

Como algunos le echaron en cara, era capaz de dedicar quinientas páginas a la historia de una prostituta, mientras seguía tejiendo las distintas series de sus Episodios sobre la historia de España, sin abandonar su amor por las comedias teatrales y la vida de la gente de la calle.

Diputado despistado, pasó sin pena ni gloria por la vida política, en 1910 apoyó la Conjunción Republicano-Socialista, formada por partidos republicanos y el PSOE, que hicieron diputado a Pablo Iglesias (fundador del PSOE y que tiene cartas a su “querido amigo” Don Benito, reclamándole cuotas impagadas del Partido), el cual, se apartó pronto de las luchas «por el acta y la farsa» dirigiendo sus ya menguadas energías a la novela y al teatro.

Aunque en su quinta serie de Episodios Nacionales, hace una preclara descripción de la vida política española: “Los dos partidos que se han concordado para turnar pacíficamente en el poder, son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado les mueve, no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que de fijo ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos...”

Sus últimos años fueron muy duros, medio ciego, abandonado de todos sus “ilustres” amigos y acuciado por sus mil deudas, llegó a un estado de penuria física. Mientras los periodistas y escritores de la época, le echaban en cara “su vida mujeriega, sus múltiples gabelas a usureros y prestamistas, y su licenciosa forma de malgastar sus pocos dineros en dádivas a fulleros y pordioseros, que acudían a su casa a por limosna…”

Murió en una fría noche de enero de 1920, y el pueblo llano de Madrid, se echó a la calle para acompañar su féretro hasta el Cementerio de la Almudena, más de treinta mil personas… Pero como denunció muy bien José Ortega y Gasset: «La España oficial, fría, seca y protocolaria, ha estado ausente en la unánime demostración de pena provocada por la muerte de Galdós. La visita del ministro de Instrucción Pública no basta… Son otros los que han faltado… El pueblo, con su fina y certera perspicacia, ha advertido esa ausencia… Sabe que se le ha muerto el más alto y peregrino de sus príncipes»

Qué decir, Galdós es el pueblo español, y no se puede entender al pueblo español sin Galdós…

Perez-Galdos

DE LO PEQUEÑO A LO MINÚSCULO.

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DE LO PEQUEÑO A LO MINÚSCULO. 

Hace unos días se hizo público el acuerdo mercantil por el que el gigantesco grupo Penguin Random House (PRH) tomaba el control de la editorial barcelonesa Salamandra. La última de las editoriales con algo de peso, fuera de los dos grandes mastodontes que controlan el mundo de libro en España.

Con los años hemos visto como PLANETA y PRH iban devorando con avidez y glotonería cuanto sello editorial se les ponía a tiro.

Tanto es así que fuera de estos dos grupos reina la enorme dispersión que caracteriza a la multitud de sellos surgidos este siglo, que van de lo pequeño a lo minúsculo.

Algunos barruntan que el destino es digital y que ante eso no hay más barricada que la autoedición…

Otros apuestan todavía por la editoriales pequeñas o minúsculas, con el alto riesgo que esto supone…

“Somos un equipo…” Te suelen decir los minúsculos, lo que quiere decir, que tú tienes que hacer todo el trabajo y no dar muchos problemas. Al final escribir en provincias es apostar por el onanismo editorial o por las meretrices de club de carretera, donde además de la cama, pagas las toallas y el condón.

Supongo que por eso escritores profundos quedan pocos, y si muchos “nuevos poetas” alarifes de cachivaches literarios mitad sudokus y mitad retahíla de frases de azucarillos (de 80 a 100 páginas, que salga baratica la edición).

Me imagino a Don Miguel de Cervantes saliendo de la Cárcel Real de Sevilla con el manuscrito del Quijote, pero en estas fechas. Y por supuesto, los dos grandes grupos, tanto Planeta como PRH, valorando la extraña y coral novela de aquel reo de apropiación de dinero público, el veto de ambos sellos a gastar un céntimo de euro en una aventura narrativa tan lejana de lo políticamente correcto, y crítica además de las trilogías de magos, caballeros y tronos de hierro, que tanto venden ahora…

Pobre Don Miguel, seguro que acaba en un minúsculo lupanar mitad chiringuito empresarial y mitad taller de imprenta, que sacaría una edición de: “El viejo que embestía a los molinos”, con un número elevadísimo de erratas, solo comparable a la edición de 1604, de una novela parecida, de un loco robagarbanzos titulada: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

A que al final Don Mariano José de Larra va a tener razón…

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