EL CUENTO DEL SHERPA…

sherpas

LA MENTIRA DEL SHERPA.

Que conste que uno es muy viejo y ha visto cosas indescriptibles, sobre todo en el devenir político de este acuartelamiento chusquero llamado España.

Tuve la suerte (o la desgracia), cuando era joven e indocumentado, de asistir a uno de esos cónclaves políticos que fueron claves en el desarrollo de nuestra malograda transición.

Era una reunión de una fuerza “progresista” (maldita palabra que desde entonces abomino) que, gracias al ruido de sables, la manipulación de las masas y el apoyo financiero del “lado oscuro”, había conseguido “asaltar los cielos” con una mayoría absoluta tan incontestable que podía haber cambiado al Estado español, como se da la vuelta a un calcetín.

A aquella convención llegaba un carismático charlatán sevillano, rodeado de toda una cohorte de adláteres serviles dirigidos por un flaco “goebbelsliano”, que dirigió la función teatral de tal manera, que lo que debía ser una asamblea, se constituyó en un culto al amado líder tragasables.

Entre vítores y abrazos, subió a la tribuna aquel engreído y felón “tribuno de la plebe” a contarnos una fábula hueca que solo algunos entendimos. Empezó por poner distancia con aquellos que le habían votado, indicando que ahora gobernaría para todos, y que, y ahí utilizó por primera vez la maldita palabra, “una fuerza progresista que llegaba al poder con un apoyo tan importante, debía seguir la doctrina de los sherpas nepalíes, a la hora de intentar hacer cumbre en la cima del Everest, su camino debía ser tan lento y seguro como el paso de un anciano de noventa años…”

Los aplausos, jaleados y dirigidos, sazonaron la vacía mentira del falaz sevillano, que, con el cuento del sherpa, nos alertaba que durante su gobierno no habría cambios relevantes, solo espurios alardes del folclore “progresista”.

Solo un viejo profesor, de vuelta ya en ese agrio mar de los sargazos que eran aquellos momentos históricos y políticos, aprovechando que era el alcalde de la ciudad que daba cobijo a aquel circo de fieles romanos, fue capaz de alzar la voz ante la mentira del sherpa. “Hoy, desde la dirección de esta organización se nos invita a seguir el camino lento y pausado de un nonagenario, con el peligro que conlleva, qué ante tan larga y penosa travesía, se nos olvide hacia dónde íbamos, cual era nuestro destino, y, sobre todo, para qué y para quién, habíamos iniciado aquella peligrosa expedición…”

Hubo apagados aplausos y algunos silbidos… Los menos entendimos que el viejo profesor, que sería relegado a una “larga travesía por el desierto” había intentado advertirnos de la advenediza mentira del sherpa, y que, como Unamuno en su día, defendía la inteligencia, ante los gritos de aquellos mutilados intelectuales, compromisarios comprados por la púrpura del poder del joven César, que, desde sus nuevos despachos, empezaban a desgañitarse implorando la muerte de cualquier tipo de inteligencia ajena a la doctrina del sherpa.

Parafraseando al gordo fumador inglés: “Nunca tan pocos engañaron a tantos…”

Desde aquel día, cuando escucho la palabra “progresista” me echo a temblar…

Cuantas felonías, desmanes y corrupciones, se han propiciado en su nombre…

Pero como dije al principio, soy demasiado viejo, tal vez algo raro, por eso cuando veo a esas cuadrillas carnavalescas de intelectuales “progres” a sueldo del erario público, no me creo nada…

El cielo nunca lo asaltarán los funcionarios, puesto que ellos son los esbirros que atizan las calderas de Pedro Botero…

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