ACCIDENTALISMO POLÍTICO ESPAÑOL.

constitucion pajarito

EL MALDITO ACCIDENTALISMO POLÍTICO ESPAÑOL.

Dios sabe que no quería escribir nada en esta bitácora, hasta no tener un Gobierno investido por una mayoría parlamentaria.

Era una simple respuesta “accidental”: Como pensionista, si el Gobierno en funciones congelaba las pensiones hasta que no hubiese una investidura, es normal, a mi parecer, que se congelasen las vidas de los sufridores jubilados hasta que nuestros tribunos se pusiesen de acuerdo en hacer su indolente y flácido trabajo…

Pero me veo obligado a romper el hielo, para criticar a todas las fuerzas políticas que se sientan en nuestro Congreso, por sus formas inoperantes y negligentes, a la hora de resolver los problemas reales de los ciudadanos que los votan.

Para nuestra desgracia, el cien por cien de los grupos políticos representados en el congreso salido de las urnas del 10 de noviembre, son fuerzas políticas “acidentalistas” en lo más estricto del término: Grupos, partidos o coaliciones que no creen en la legitimidad básica del régimen de gobierno o Estado, pero que participan de forma “accidental” en el parlamentarismo democrático para conseguir sus fines, ocultando a sus votantes, la realidad de sus ideas, si las tienen…

El “accidentalismo” es histórico en España, de hecho, así se autodenominaba la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) liderada por Gil Robles, desde su fundación en 1933, para aunar a todos los grupos católicos de derechas, que bajo el lema: «Religión, Patria, Familia, Orden, Trabajo y Propiedad» (excluyendo a la Monarquía dado el carácter accidental que tenían para la CEDA las formas de gobierno, lo que provocó la salida de la misma de los católicos alfonsinos encabezados por Antonio Goicoechea que fundaron el partido Renovación Española que buscó la alianza con los carlistas de la Comunión Tradicionalista). Siendo el primer punto de su programa político: Acatamiento del Poder constituido, según la enseñanza de la Iglesia. (Reconocían el Parlamentarismo Republicano, pero de una forma accidental).

Con los años, y la muerte del Dictador, llegó el momento de revisar los modelos de Estado y de Gobierno, pero las élites de Movimiento Nacional, ya tenían preparadas las cuerdas jurídicas que ataran (bien atado) la nueva reforma política (de la Ley a la Ley, desde la Ley). Así de rondón se nos coló una monarquía designada por el Dictador y un modelo de Estado tutelado por el águila imperial de los sublevados vencedores.

Con este aceite de ricino tuvieron que tragar todas las fuerzas políticas que querían ser legalizadas, y participar de unas Cortes que pasaron de procuradores nombrados a diputados votados, sin tocar los tres poderes básicos del Estado.

Convirtiendo, por el arte del trágala, a todas las fuerzas políticas que aceptaron los juegos del “tahúr del Mississippi”, como denominó en su momento Alfonso Guerra al Presidente “accidental” Adolfo Suárez. En aquellos enfrentamientos, bajo el ruido de sables, que fueron tan ingratos y salpicados de la sangre de los “tiempos de plomo” del terrorismo nacionalista y de Estado, y tan idealizados ahora, como si aquel tiempo hubiese sido un cuento de hadas…

Y traigo a este personaje, al que llamaban el flaco, mientras su hermano engordaba sus cuentas, porque el Señor Alfonso Guerra en 2013, con motivo de la celebración de los 35 años de la Constitución, realizó un análisis sobre su gestación muy interesante. En uno de ellos y a cuenta de la ambigüedad del PSOE sobre la forma del Estado, Guerra asegura que, en aquel momento, «el PSOE no era ni monárquico ni republicano sino accidentalista».

Pero es que, si miramos una por una las fuerzas representadas en el Congreso actual, todas son “accidentalistas”.

La derecha y ultraderecha, no creen en la Constitución, en su momento no la votaron, pero hoy, sus bloqueos jurídicos y sus definiciones accidentales se han convertido en “palabra de Dios”, intocable, hasta que ellos tengan mayoría…

La izquierda y ultraizquierda, no creen en la Constitución, la votaron accidentalmente para salir de la gris dictadura, teniendo que tragar con muchos términos y resguardos, que pensaron que cuando tuviesen mayoría cambiarían… Los socialdemócratas tuvieron mayoría suficiente para hacer cambios, pero en aquellos momentos estaban demasiado ocupados en subirse al caballo del Estado…

Los nacionalistas, no creen en la Constitución, algunos la votaron de forma transitoria para poder negociar con gobiernos democráticos una reformulación de las nacionalidades del Estado Español, e incluso introducir en su momento el “derecho de autodeterminación” de los territorios del Estado, modificando la Carta Magna…

Los regionalistas, son fuerzas accidentales de por sí, les importa poco si hay Rey o Presidente de la República, lo importante es que se vendan sus anchoas, que Teruel exista y que los canarios sigan con menos impuestos que el resto de España…

Pero hay algo aún peor, toda la maquinaria política está impregnada de «accidentalismo». Cuando hablamos de casos de corrupción en los que andan por medio falsificaciones de facturas o de justificantes, el «accidentalismo» está en quienes dudan de la simulación y manipulación de las facturas falsas de UGT, pero creen sin el menor titubeo en la veracidad de la falsedad de las facturas del PP pagadas a la red Gürtel. «Accidentalismo» hay también en quienes se creen sin vacilación que los papeles de Bárcenas son ciertos y reflejan la contabilidad B del PP y los sobresueldos de sus dirigentes, pero no admiten la autenticidad de las pruebas que demuestran que el jamón y los langostinos de la caseta de la Feria de Abril de UGT se le colaron a la Junta con cargo a los fondos de formación para parados.

El «accidentalismo» tiene además otra aplicación que tiene que ver con la incongruencia política de todos los partidos. Por ejemplo, a él se debe que el PP que tanto criticó y denostó el llamado cheque bebé de Zapatero, se dedicara a aplicar ese mismo cheque bebé -si bien con correcciones-, y que fue considerado como un timo por el PSOE, que tanto aplaudió cuando el «accidentalismo» del momento le llevó a ponerlo como ejemplo de política progresista.

Hay más puro “accidentalismo” que llegar al gobierno con un programa de bajada de impuestos (como hizo Rajoy) y subirlos en cuatro años hasta niveles que ni los programas de la autofumigada Izquierda Unida, no se atreverían a recoger…

O que un Ministro hable de retirar concertinas y anuncie una nueva política de migración, y más de 1200 personas hayan muerto en el último año atravesando el estrecho…

Como se ve, todo en la política actual es puro accidente, por lo que aprovechando al maestro Fígaro, con humilde intención voy a parafrasearlo: Buen Gobierno nos chupamos, pero buen dinero nos cuesta…

erc y psoe

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