LAS COLAS DEL HAMBRE Y LA DESIGUALDAD…

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LAS COLAS DEL HAMBRE Y LA SANTA DESIGUALDAD…

Cuando cayeron las murallas de la roja Jericó dimos por hecho que el pueblo elegido eral liberal, consumista y su ágora el Mercado…

La alienación fue tan perfectamente pergeñada que aquella máxima ilustrada del Emilio “pobre, pero honrado…”, dio paso al alegre egoísmo racional de orden natural, que solo puede ser dirigido por la libre competencia y la “mano invisible” del sistema, a la mayor gloria de San Adam Smith y el nuevo orden social…

Lo que nunca nos contaron (y suprimieron de la educación de las nuevas generaciones) es que la tesis de la “mano invisible” no puede garantizar la distribución equitativa de la prosperidad económica de acuerdo con algún criterio moral de recompensa al esfuerzo o a la capacidad individual. Una economía de mercado retribuye a los individuos solo de acuerdo con su capacidad para producir cosas que otros están dispuestos a pagar. El mejor jugador de fútbol del mundo gana más que el mejor cirujano cardiovascular del mundo simplemente porque la gente está dispuesta a pagar más por ver un partido de fútbol que por ver una operación de corazón, no porque el fútbol o el esfuerzo dedicado a perfeccionarse en él sea inherentemente más virtuoso que el dedicado a dominar la técnica de vanguardia de la cirugía del corazón, aunque esta permita salvar miles de vidas y su beneficio social sea infinitamente mayor que el último gol de Iniesta…

E incluso, como bomba de racimo ideológico, se extendió entre nuestra población, personas de buena voluntad y progresistas con asesores fiscales y financieros: el odio, miedo y rechazo a las personas pobres… Nació la epidemia de la aporofobia, esa animosidad, hostilidad y aversión, respecto de las zonas o barrios carenciados y respecto de las personas pobres, o sea, frente a aquellas personas que se encuentran desamparadas y con muy pocos recursos.

El repudio a los desamparados hasta convertirlos en seres invisibles y al margen del sistema. Constituyendo la pobreza no como una característica circunstancial en la vida de los seres humanos y en ningún caso como forma de su identidad. La pobreza no es una condición permanente de las personas, sino una situación indeseable e injusta, pero superable. La posibilidad de que las personas puedan salir de la situación de pobreza y abandonar la exclusión social tiene un efecto de culpabilización individual de las personas de su situación de pobreza, ya que no se tienen en cuenta las circunstancias sociales, políticas y/o económicas que influyen en los procesos de exclusión. Las creencias y mitos generados en este proceso de culpabilización son las ideas que subyacen a la aporofobia («están en la calle porque quieren», «tendrían que ponerse a trabajar», «son unos vagos», etc.)

Y en esas, nos llegó la plaga bíblica del coronavirus, para mostrarnos por las malas las grandes debilidades del Mercado Libre y su “mano invisible” y virtuosa, que solo nos lleva a la acumulación de papel higiénico, la selección de los que tienen derecho a vivir en un sistema mercantilista, y, sobre todo, que el dinero siempre está por encima de la salud, aunque se lleve por delante algún potentado algo cascado…

En todas las ciudades del mundo crecen como setas las colas del hambre, los pobres y la exclusión social…

Pero solo vemos en nuestras pantallas alienadoras las protestas de los bien comidos gritando libertad para comprar en las tiendas de lujo y recuperar sus elitistas clubs…

Esta pandemia nos va a hundir en un pozo de desigualdad infinita, donde más del 50% de los españoles vamos a estar a las puertas del riesgo de pobreza (en 2018 un 20,8 % de los españoles se encontraba en una situación de pobreza relativa o riesgo de pobreza, según los datos de la UE), y si bien es importante salvaguardarnos del virus de la COVID-19 con responsabilidad y esfuerzo, no es menor la necesidad de una reconstrucción de nuestro sistema social que no deje tirados a los viejos, a los discapacitados, a los pobres y a los invisibles…

Para este viaje hacia la nueva realidad no nos valen manos invisibles, solo la solidaridad y las manos reales de todos, harán posible que nuestro paso por la cola del hambre sea solo temporal y sin estigmas…

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