Nuestro hombre en Barcelona.

No me gustan demasiado las novelas de espías. Sobre todo, aquellas de narrativa cavernosa que justifican el fin, no escatimando los horrores de los medios. Siempre he puesto reparos a los tecnócratas de este tipo de ficciones, pero, por otro lado, siento debilidad por el macerado Graham Greene, curtido por el alcohol y el desapego... Leer más →

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