LAS ALMAS DEL PESCADOR

Relatos de Pablo Torres.

Después de varios años, sin dejar de escribir, tachar y descartar, vuelvo al proceloso mundo editorial de la mano de un libro de relatos, paridos antes, durante y después de arrostrar la temida pandemia, y sin contar con ella en ninguno.

Sobrevivir a una hecatombe infecciosa ataca las raíces de los valores del propio escritor. Endurece su piel, empercude su alma y acartona su resiliencia. Varios proyectos narrativos fueron atacados por el inmisericorde virus y quedaron agostados, como aquellos proyectos de hombres en los bancales de “Amanece, que no es poco”.

Todo intento de novela de trama, más o menos, jacarandosa, ante la ferocidad e insensibilidad de la amenaza vírica, queda achaflanada y deslucida por la proximidad del peligro de mortandad. Y, aunque el maestro ucraniano nos asegura que “los manuscritos no arden”, se congelan e hibernan esperando que escampe el aguacero.

Como, a falta de pan, buenas son tortas, no me quedaba otra que escribir relatos. Comprimiendo la realidad negra como el grafito, para intentar crear diamantes sintéticos literarios. Como todo lo alumbrado en las frías retortas de un laboratorio, de escaso valor en comparación con las gemas naturales.

Estos relatos nos muestran una serie de hombres en derribo, sepulcros sin cal, donde solo quedan sombras de almas perdidas en el desierto de la doliente realidad…”, nos cuenta el prólogo del texto.

Pequeños juegos florales de un pescador incrédulo y receloso, más escéptico que un matemático en una merienda de obispos.

<< Así he calado el trasmallo, intentando atrapar la mayor variedad de almas desportilladas. Teniendo siempre presente dos premisas literarias: “La verdad es un pescado muerto en la cubierta de una barca…” y “Expirando el contrato, empieza el infierno…”>>

Atisbos de sueños, pesadillas y espejismos, pintados al vuelo con un bisoño estilo impresionista. Bosquejos diminutos de ilusiones enfermas, vanas y abortadas. “Las esperanzas las guardan las personas, pero el destino lo reparte el diablo”.

Ya esperan en cualquier librería al inocente lector que los atrape.

Malaventurados sean aquellos cuyos sueños están forjados de papel y tinta, pues suyo será el purgatorio de las vanidades y los desengaños…

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