El domingo, vota a tu vecino…

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VOTA A TU VECINO.

Como ya he dicho alguna vez, las primeras elecciones municipales de la democracia fueron mi primera experiencia como “Ciudadano político”. Con todo lo bueno y malo que eso conlleva…

Aprendí que tu vecino (un maestro de EGB de mis hermanos) podía ser Alcalde, pero también que, en cuatro años, lo que parecía una fiesta ciudadana se convirtió en el esperpento de la burocracia y el distanciamiento de la primera autoridad municipal de la realidad…

Eso lo compruebas cuando al primer edil le hacen las compras, el séquito le lleva a su casa las bombonas de butano, no paga en los bares y restaurantes que visita y le salen dos acompañantes perpetuos que se encargan de que no te acerques a él más de dos minutos.

Hoy, cuarenta años después, nadie conoce a los Alcaldes y menos a los candidatos a la alcaldía (con posibilidades ciertas). Esos ya son casta.

Como decía Agustín Belmonte en su magnífico artículo EL ÍNCLITO (2):” En Almería, nuestro ínclito alcalde cobra más que el Presidente del Gobierno, es un personaje sin carisma, poco conocido y ajeno a los barrios y a la inmensa mayoría de los vecinos. No es cercano, no se le conoce por su nombre de pila como insinúa en sus carteles y esconde con vergüenza las siglas de su partido”.

Y es totalmente cierto. Yo no he visto a Don Ramón comprando en el DIA de Pescadería, no me lo he encontrado en la Plaza Pavía comprando calcetines a tres euros o pidiendo número en el puesto del pescado. No ha visitados Los Patios para ver si están oxidados los puntales, ni ha hecho una visita guiada, con José Campoy, a las murallas antiguas de la ciudad. No sabemos dónde se corta el pelo, pero lo que tengo claro es que no va a la peluquería de la calle La Reina que regenta Miguel Bisbal, no ha colgado fotos del calamitoso estado del barranco caballar (ese río de mierda y basura que divide La Chanca de Pescadería), ni de la famosa “remodelación de la pasarela” que ha sido un lavado de cara, una mano de pintura y seguimos con los problemas de alumbrado y accesibilidad.

Por supuesto Don Ramón, no compra agua embotellada a mi amigo musulmán porque en el barrio donde vive ni cortan el agua, ni tampoco la luz…

Pero vamos que casi lo mismo pasa con Doña Adriana y Don Miguel (el eterno Cazorla). Así que habrá que mirar en otras candidaturas para ver a nuestros vecinos, esos que vemos de vez en cuando por los barrios pisando la mierda de los perros y preguntando por los espacios culturales, históricos o de los jóvenes…

Me importa un rábano lo que digan las encuestas (bien pagadas), todo está en manos de los vecinos…

Como dijo aquel Registrador de la Propiedad que leía mucho el MARCA: “Al Alcalde lo votan los vecinos, y son los vecinos…” y no sigo porque me lío, y acabamos “vecinos, y mucho vecinos…”

Por tanto, el domingo vota a tu vecino, al que conoces, al que sabes que cuando lo veas por la calle, lo vas a poder parar y decirle con tranquilidad y confianza: “Mi calle tiene más mierda que la cocina de la Potitos del Chicote…”

Y si a los dos días, tu calle no está limpia, te vas a verlo al consistorio y que no te cuente la milonga de que tiene que pedir un informe a su gabinete, porque como es tu vecino, siempre podrás decirle en confianza: “Tu gabinete, que me agarre el paquete…”

Sin maldad ninguna.

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camen PODEMOS

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176 AÑOS DEL NACIMIENTO DE GALDÓS.

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UN PELLIZCO GALDOSIANO.

Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843-Madrid, 4 de enero de 1920) Novelista, dramaturgo, cronista, político y pieza fundamental del pueblo español.

Es considerado como uno de los mejores representantes de la novela realista del siglo XIX no solo en España y un narrador capital en la historia de la literatura en lengua española, ha sido propuesto por numerosos especialistas literarios y estudiosos de su obra como el mayor novelista español después de Cervantes.​

Galdós transformó el panorama narrativo español de su época, apartándose de la corriente romanticista en pos del naturalismo y aportando a la narrativa una gran expresividad y hondura psicológica. Creando su estilo propio el Realismo Galdosiano. ​En palabras de Max Aub, Galdós, como Lope de Vega, asumió el espectáculo del pueblo llano y con «su intuición serena, profunda y total de la realidad», se lo devolvió, como Cervantes, rehecho, «artísticamente transformado». De ahí que «desde Lope ningún escritor fue tan popular, ninguno tan universal desde Cervantes»

Su llegada a Madrid se describe en su obra “Memorias de un desmemoriado”, donde nos deja claro su gusto por la realidad cotidiana: “Entré en la Universidad, donde me distinguí por los frecuentes novillos que hacía, como he referido en otro lugar. Escapándome de las cátedras, ganduleaba por las calles, plazas y callejuelas, gozando en observar la vida bulliciosa de esta ingente y abigarrada capital. Mi vocación literaria se iniciaba con el prurito dramático, y si mis días se me iban en “flanear” por las calles, invertía parte de las noches en emborronar dramas y comedias. Frecuentaba el Teatro Real y un café de la Puerta del Sol, donde se reunía buen golpe de mis paisanos”.

Allí conoció a Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza, que le alentó a escribir y le abrió las puertas del Ateneo de Madrid.

Con la ayuda económica de su familia inició su carrera como escritor en 1867, con La Fontana de Oro, para después empezar los Episodios Nacionales, y dar un golpe de realismo natural, sobre la romanticona mesa donde discurrían las letras españolas de ese tiempo.

Como algunos le echaron en cara, era capaz de dedicar quinientas páginas a la historia de una prostituta, mientras seguía tejiendo las distintas series de sus Episodios sobre la historia de España, sin abandonar su amor por las comedias teatrales y la vida de la gente de la calle.

Diputado despistado, pasó sin pena ni gloria por la vida política, en 1910 apoyó la Conjunción Republicano-Socialista, formada por partidos republicanos y el PSOE, que hicieron diputado a Pablo Iglesias (fundador del PSOE y que tiene cartas a su “querido amigo” Don Benito, reclamándole cuotas impagadas del Partido), el cual, se apartó pronto de las luchas «por el acta y la farsa» dirigiendo sus ya menguadas energías a la novela y al teatro.

Aunque en su quinta serie de Episodios Nacionales, hace una preclara descripción de la vida política española: “Los dos partidos que se han concordado para turnar pacíficamente en el poder, son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado les mueve, no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que de fijo ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos...”

Sus últimos años fueron muy duros, medio ciego, abandonado de todos sus “ilustres” amigos y acuciado por sus mil deudas, llegó a un estado de penuria física. Mientras los periodistas y escritores de la época, le echaban en cara “su vida mujeriega, sus múltiples gabelas a usureros y prestamistas, y su licenciosa forma de malgastar sus pocos dineros en dádivas a fulleros y pordioseros, que acudían a su casa a por limosna…”

Murió en una fría noche de enero de 1920, y el pueblo llano de Madrid, se echó a la calle para acompañar su féretro hasta el Cementerio de la Almudena, más de treinta mil personas… Pero como denunció muy bien José Ortega y Gasset: «La España oficial, fría, seca y protocolaria, ha estado ausente en la unánime demostración de pena provocada por la muerte de Galdós. La visita del ministro de Instrucción Pública no basta… Son otros los que han faltado… El pueblo, con su fina y certera perspicacia, ha advertido esa ausencia… Sabe que se le ha muerto el más alto y peregrino de sus príncipes»

Qué decir, Galdós es el pueblo español, y no se puede entender al pueblo español sin Galdós…

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DE LO PEQUEÑO A LO MINÚSCULO.

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DE LO PEQUEÑO A LO MINÚSCULO. 

Hace unos días se hizo público el acuerdo mercantil por el que el gigantesco grupo Penguin Random House (PRH) tomaba el control de la editorial barcelonesa Salamandra. La última de las editoriales con algo de peso, fuera de los dos grandes mastodontes que controlan el mundo de libro en España.

Con los años hemos visto como PLANETA y PRH iban devorando con avidez y glotonería cuanto sello editorial se les ponía a tiro.

Tanto es así que fuera de estos dos grupos reina la enorme dispersión que caracteriza a la multitud de sellos surgidos este siglo, que van de lo pequeño a lo minúsculo.

Algunos barruntan que el destino es digital y que ante eso no hay más barricada que la autoedición…

Otros apuestan todavía por la editoriales pequeñas o minúsculas, con el alto riesgo que esto supone…

“Somos un equipo…” Te suelen decir los minúsculos, lo que quiere decir, que tú tienes que hacer todo el trabajo y no dar muchos problemas. Al final escribir en provincias es apostar por el onanismo editorial o por las meretrices de club de carretera, donde además de la cama, pagas las toallas y el condón.

Supongo que por eso escritores profundos quedan pocos, y si muchos “nuevos poetas” alarifes de cachivaches literarios mitad sudokus y mitad retahíla de frases de azucarillos (de 80 a 100 páginas, que salga baratica la edición).

Me imagino a Don Miguel de Cervantes saliendo de la Cárcel Real de Sevilla con el manuscrito del Quijote, pero en estas fechas. Y por supuesto, los dos grandes grupos, tanto Planeta como PRH, valorando la extraña y coral novela de aquel reo de apropiación de dinero público, el veto de ambos sellos a gastar un céntimo de euro en una aventura narrativa tan lejana de lo políticamente correcto, y crítica además de las trilogías de magos, caballeros y tronos de hierro, que tanto venden ahora…

Pobre Don Miguel, seguro que acaba en un minúsculo lupanar mitad chiringuito empresarial y mitad taller de imprenta, que sacaría una edición de: “El viejo que embestía a los molinos”, con un número elevadísimo de erratas, solo comparable a la edición de 1604, de una novela parecida, de un loco robagarbanzos titulada: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

A que al final Don Mariano José de Larra va a tener razón…

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REGRESO AL PASADO.

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REGRESO AL PASADO.

Todo está preparado. Los grandes grupos económicos y financieros que dirigen el “mercado” y, por ende, el sistema político basado en el orden y el Derecho, se han cansado de esa murga de Estado Social y Democrático, y ya no esconden su querencia franquista al sistema corrupto que dejó bien atado el viejo Caudillo.

Nos metieron en vena el consumismo y el individualismo, con todos los valores capitalistas del triunfador hecho así mismo, como el sueño americano, que solo con libertinaje, fuerza y esclavos, puede hacerse realidad.

Todo vale para llegar a ser un triunfador, aunque solo te conviertas en una máquina de trabajo a la que le faltan horas para hacer dinero, que otros disfrutan.

Vemos con buenos ojos que el Estado salve a las Entidades Bancarias, pero no entendemos que se pueda aplicar una Renta Básica, recogida en nuestras leyes de forma nominal.

Creemos a pies juntillas que los ricos crean trabajo, cuando su riqueza se basa en ratios de productividad que en el siglo XVIII eran consideradas esclavitud, frente a los monopolios imperialistas, y que hoy se llaman globalización del mercado.

El golpe está listo, el próximo día 28 de abril, los mismos de siempre, quieren recuperar ese trozo de poder que, con la transición democrática, habían cedido transitoriamente, para demostrar, como decía Juan de Mairena, que en este país las alpargatas no son capaces de organizar nada, y que tienen que venir las botas (militares, por supuesto) a ponernos en nuestro sitio…

El regreso al pasado está totalmente preparado, y cuenta con la desmotivación, la abstención y los votos nulos.

El 28 de abril, si no somos consecuentes con nuestras obligaciones democráticas y creemos en el Estado Social, volveremos al pasado… Al Fuero Juzgo visigodo, parcheado por las Leyes Fundamentales del Reino, que el Jefe del Estado que mora en el Valle de los Caídos, entretejió con los años para convertir a una tierra de esperanzas, en un cuartel donde a las dos, se escuchaba el parte por un solo medio nacional de comunicación…

Espero equivocarme y que al final haya gente con dos dedos de luces que no se quede el domingo en casa como si esto no fuera con ellos…

O paramos el golpe, o el 28 de abril de 2019, regresaremos al 28 de abril de 1939, el día que Hitler decidió invadir Polonia…

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El Buscón no entra en la RAE.

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EL SIGLO DE LATA OXIDADA.

Cuando éramos un Imperio o la Monarquía Universal Española, todo nos parecía de oro, hasta nuestra cultura, nació así el grandilocuente Siglo de Oro de las letras españolas. El Siglo de Oro no se enmarca en fechas concretas, aunque generalmente se considera que duró más de un siglo, entre 1492, año de la conquista del Reino de Granada, el Descubrimiento de América, y la publicación de la Gramática castellana de Antonio de Nebrija, y el año 1659, en que España y Francia firmaron el Tratado de los Pirineos. El último gran escritor del Siglo de Oro, Pedro Calderón de la Barca, murió en 1681, año también considerado como fin del Siglo de Oro español.

Entre tanta lumbrera del noble elemento áureo, hubo muchos oropeles de menor cuantía, como bisutería de fino adorno, y mucha cuenta de Rosario de pompa, ornamento y relumbrón místico, y demasiado éxtasis, por unión contemplativa con el Creador, o por la suspensión de los sentidos por algún elixir afrodisiaco…

De ahí la cita del Quijote: “No ha de ser oro cuanto reluce”.

De esa mediocridad en tiempos de lujo, da cuenta Don Francisco Gómez de Quevedo Villegas, en su sátira picaresca “Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños

No pretende Quevedo, en esta obra, destacar que ciertas acciones son éticamente condenables y que traen como consecuencia el castigo sino, en primer lugar, reír y hacer reír con ellas. Aparecen muchas malas acciones que quedan sin castigo. No hay digresiones moralizadoras, salvo la moraleja final: «nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres». Así, principalmente, pretende demostrar la imposibilidad de ascenso social por la parte de los que no dejan de tener una moralidad defectuosa. Pablos quiere subir socialmente, “pica más alto”, y así se lo dice a don Diego: “más alto pico, y más autoridad me importa tener”. Quiere borrar sus orígenes y apartarse de la casta ignominiosa de sus parientes. En carta a su tío, el verdugo, le advierte: “No pregunte por mí, ni me nombre, porque me importa negar la sangre que tenemos”.

El autor habla desde una mentalidad nobiliaria ante el afán de las clases bajas de ascender. Quevedo nunca se pone en el lugar de don Pablos, cuyo deseo de ascenso social rechaza. Tiene, en definitiva, una perspectiva “brutalmente clasista”. La sátira se exagera en esta obra hasta el punto de ser una caricatura sangrienta.

“-Quien no hurta en el mundo, no vive. ¿Por qué piensas que los alguaciles y jueces nos aborrecen tanto? Unas veces nos destierran, otras nos azotan y otras nos cuelgan…, no lo puedo decir sin lágrimas (lloraba como un niño el buen viejo, acordándose de las que le habían batanado las costillas). Porque no querrían que donde están hubiese otros ladrones sino ellos y sus ministros. Mas de todo nos libró la buena astucia. En mi mocedad siempre andaba por las iglesias, y no de puro buen cristiano. Muchas veces me hubieran llorado en el asno si hubiera cantado en el potro. Nunca confesé sino cuando lo mandaba la Santa Madre Iglesia. Preso estuve por pedigüeño en caminos y a pique de que me esteraran el tragar y de acabar todos mis negocios con diez y seis maravedís: diez de soga y seis de cáñamo. Mas de todo me ha sacado el punto en boca, el chitón y los nones. Y con esto y mi oficio, he sustentado a tu madre lo más honradamente que he podido.

Parece sacado de las declaraciones de alguno de los testigos, o cooperador necesario, de las investigaciones sobre corrupción política de los grandes partidos de nuestro tiempo.

Hoy, la caricatura se exagera hasta el punto de ser una picaresca sangrienta, con su rastro de fiambres extraños, capaces todos, de levantar algo de la podrida manta que todo lo tapa.

Lástima que no tengamos hoy plumas con un alto dominio del lenguaje, que sepan desplegar en sus paletas lo ilimitado de su vocabulario, pacatos sin habilidad para jugar con él, forzando dobles significados y retorciéndolo.

En este maldito siglo que amanece, siglo de lata oxidada de las letras españolas, bajo el cuñadismo, lo políticamente correcto, el interés general, el leguaje inclusivo y los funcionarios grises de academia, ya nadie escribe filigranas (o si las escribe se las traga) y es imposible escribir una obra ahíta de chistes macabros, de groserías, de juegos de palabras y dobles sentidos.

Pobre Don Pablos…

PLENO RAE

PROSA BARROCA

La larga sombra de IGNACIO ALDECOA.

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EL GRAN SOL.

El refranero hispano está lleno de finas muestras de ironía, una de ellas es esa frase tan manida: “Unos tienen la fama, y otros cardan la lana”, que más que una injusticia material, determina una cierta iniquidad moral…

Siempre me ha parecido, que con el serio escritor vasco Ignacio Aldecoa, la narrativa de los 50 tiene una deuda que jamás podrá pagar, por mucho homenaje, gris de funcionarios, se haga de su obra…

Esos funcionarios de la literatura que catalogan a Aldecoa como “un personajillo gris” dentro del nuevo realismo de la “Liga de la Justicia” que es la mezcla de autores denominada Generación de los 50, olvidan su virtuosismo, su seriedad y su cercanía mimética con los personajes de sus historias.

Yo soy marengo, hijo de un pescador, y considero que la novela “GRAN SOL”, es uno de los acercamientos más reales y bellos a la vida de los trabajadores de mar (sería de obligada lectura para aquellos pescadores que tienen que sacarse la Libreta de Inscripción Marítima, la antigua Cartilla de Embarque, de mis tiempos), solo comparable a las obras de los pescadores de garrucha del autor almeriense Manuel Siles (la voz que brama en el desierto del olvido).

Resulta que ese maniqueísmo gris y falsamente “académico” que determina la notoriedad de algunos escritores, se ceba con aquellos autores que basan su obra narrativa en una justa visión literaria de los desfavorecidos y desamparados, de esa clase trabajadora repleta de gente humilde, cuya cotidianeidad exponen con ternura, dejando que el contenido social se deduzca naturalmente de la humanidad de su propia visión.

Sus cuentos rebosan ejemplos de seres arrinconados en una vida miserable a los que el escritor sorprende en un momento, a veces excepcional. Hay cazadores furtivos de víboras, maquinistas atrapados en un túnel, boxeadores al límite, pescadores de mareas titánicas. Donde otros no verían nada, Aldecoa daba con el quid oculto que le permitía montar un relato y contar una historia redonda.

Pero hay escritores tan grandes como el sol, y a los pequeños enanos mortales no se nos permite mirar directamente al gran astro, sin quedar, de resultas, ciegos o con la vista dañada…

Por eso en esta feria literaria de vanidades, el tuerto es el Rey.

Nadie duda de que Aldecoa es uno de los grandes narradores del siglo XX, sus relatos y novelas, son historias redondas, donde no sobra una coma, ni falta el corazón de un personaje.

Por eso los periodistas de su época, tan agudos, le vaticinaron que tal vez no alcanzaría gran éxito… Otros, compañeros, con más ironía que vergüenza simplemente opinan: “La pena fue que murió cuando su carrera estaba en ascenso. Es uno de los grandes cuentistas de la posguerra”.

Su hija, Susana Aldecoa, nos indica con claridad meridiana: “No era un funcionario, que escribía todos los días. Se encerraba a escribir compulsivamente por la tarde cuando tenía algo que contar”

Fue uno de los grandes, un gran sol, que cubrió con su larga sombra, a mucho pinturero. amigo de experimentos narrativos malabares, que no perdonan nunca estar en la penumbra, y que buscan los focos y los medios, para quitarse sus zapatos nuevos de suela inmaculada y gritar a los cuatro vientos: “Yo he venido a hablar de mi libro…”

Se fue con cuarenta años el maestro Aldecoa, cuando preparaba un ensayo sobre los personajes de su generación, aquella obra que no pudo terminar por el infarto fulminante, era toda una declaración de intenciones, se iba a llamar “Años de crisálida”, y le sirvió como su mejor epitafio: «Hemos vivido inmersos en unos años de crisálida».

Nada nuevo bajo el sol.

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ESCRIBIR CONTRA EL SISTEMA.

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NO ME QUIERAS TANTO…

Hay escritores malditos desde su nacimiento.

Mijaíl Bulgákoj es uno de esos autores condenados, que ni siquiera tienen la suerte de tener una patria fija.

Conocido como uno de los mejores escritores rusos del periodo soviético, hoy se disputan su legado dos países, la República Rusa, donde vivió, y la República de Ucrania, donde nació… Hay amores que matan…

Nacido en Kiev (Ucrania), en una familia acomodada de firmes convicciones religiosas (su padre fue predicador y profesor asistente en la Academia de Teología de Kiev, y su madre profesora), vivió rodeado de un ambiente cultural muy cuidado. Amante del teatro, la ópera y, sobre todo, la literatura (Gógol, Pushkin, Dostoyevski, Saltykov-Schedrín y Dickens, son sus autores favoritos).

La muerte prematura de su padre le impulsaron a ingresar en la Facultad de Medicina, donde acabó la carrera con una mención especial, y un puesto en el Hospital Militar de Kiev.

Voluntario, se alistó con sus hermanos en el Ejército Blanco, que luchaba contra la revolución soviética, y en 1919 fue enviado al norte del Cáucaso. Allí terminó trabajando de periodista, y al finalizar la guerra, sus hermanos se exiliaron a París, pero él no pudo, pues como médico, tuvo que hacerse cargo de los graves brotes de tifus que la miseria y la guerra habían generalizado.

Su primer libro fue un almanaque de folletines llamado Perspectivas Futuras, escrito y publicado ese mismo año. En 1921, Bulgákov se mudó a Moscú con su esposa, sin dinero y donde probablemente pudieron sobrevivir a su primer invierno gracias a poder alojarse en una habitación que el marido de su hermana Nadia tenía alquilada en un piso comunal. Vivió cerca de los Estanques del Patriarca, lugar donde se situaría gran parte de su posterior novela El maestro y Margarita.

Tuvo la “suerte” de no poder publicar su libro La Guardia Blanca, (por razones estrictamente políticas), e hizo de éste, una obra de teatro, en forma de comedia, a la que tituló: Los días de los Turbín, de gran éxito de público, y que se ganó la admiración del camarada Iósif Stalin.

Con lo que su maldición se volvió un esperpento: no podía ser tocado por orden expresa del líder soviético, que lo agregó al grupo de dramaturgos del pueblo, pero sus obras eran todas censuradas por parte del NKVD, que llegó a registrar su domicilio y a detenerle en más de una ocasión.

Era una cobaya corriendo en una rueda que nunca paraba…

Solo aquellos que hayan tenido la suerte de haber leído su obra Corazón de perro, podrán entender totalmente la situación, puesto que el pilar maestro del argumento es mostrar todas las inconsistencias del sistema, en el cual Sharikov, un hombre con la inteligencia de un perro, podía llegar a ser un importante dirigente del partido en el Gobierno.

Muriendo literalmente de hambre, y con el registro semanal de su vivienda por el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos (NKVD), se atrevió a dirigir una carta al amado líder, el Camarada Stalin, solicitando permiso para emigrar de la Unión Soviética si es que ésta se negaba a valorarlo como escritor, a lo que el líder supremo resolvió con una llamada telefónica exigiendo explicaciones, y condenándolo al trabajo (de tejer como Penélope) de escribir comedias para el Teatro del Arte de Moscú.

El “maldito” Bulgákov, al borde de la locura y la inanición, intentó quemar todas sus obras, entre ellas el manuscrito de El Maestro y Margarita, que salvado de las llamas por su esposa, fue escondido para suerte de los lectores…

Bulgákov murió a causa de un problema renal hereditario en 1940 y fue enterrado en el cementerio moscovita de Novodévichi.

La novela satírica El maestro y Margarita (Мастер и Маргарита), publicada por su esposa veintiséis años después de su muerte, en 1966, es la que ha otorgado la inmortalidad literaria a Bulgákov. Se publicó, censurada, en la revista Moksva por entregas, la primera con una tirada de 150.000 ejemplares que se agotó en unas pocas horas. La censura había eliminado unas sesenta páginas mecanografiadas, que pronto se distribuyeron clandestinamente en Moscú. En 1973, treinta y tres años después de la muerte de Bulgákov, se publicó íntegra. En opinión de muchos, El maestro y Margarita es una de las mejores novelas del período soviético. La novela contribuyó a crear varias frases hechas en lengua rusa, como por ejemplo, “los manuscritos no arden”. Un manuscrito del maestro, destruido, constituye un importante elemento de la trama y, de hecho, Bulgákov tuvo que volver a escribir la novela de memoria, tras haber quemado el manuscrito él mismo.

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