MOSCAS Y VIRUS…

MOSCAS

ESE MONSTRUO QUE CASI NOS MATA…

Persisten, como la mala hierba, los buscadores de teorías conspiratorias de ese virus monstruoso que ha diezmado a millones de seres humanos…

El miedo y la desinformación intencionada ponen alas a nuestros atávicos instintos que buscan un culpable o chivo expiatorio…

He aprovechado el confinamiento para releer “El señor de las moscas” de William Golding, una obra maestra sobre los dilemas morales y las reacciones de las personas cuando son sometidas a situaciones extremas, así como sobre la crueldad innata en el ser humano.

El escritor inglés, en sus novelas más reconocidas cultiva un estilo de ficción alegórica en el que alude frecuentemente a la literatura clásica, la mitología y el simbolismo cristiano. Sus obras no siguen una línea argumental única y la técnica de composición varía, pero en todas destaca la violencia inherente al ser humano y la respuesta sensata y cívica contra la barbarie y la guerra, mostrando las ambigüedades y fragilidades de la civilización occidental.

En “El señor de las moscas” Golding explora dos temas en particular: la civilización contra la barbarie y la pérdida de la inocencia infantil. Al ser una alegoría de la naturaleza humana, cada personaje representa diferentes aspectos de las personas. Ralph, el orden y la civilización. Piggy, la razón y cordura de la sociedad. Jack, el deseo de poder y la maldad. Roger, la crueldad y el sadismo en su mayor escala. Simón, la bondad natural del hombre.

También es posible identificar en el texto una representación de las tendencias democrática y autoritaria si analizamos las figuras de los dos líderes. Ralph representa el líder democrático que, bajo el símbolo de la caracola, llama a organizarse al grupo en torno al uso de la palabra. Jack representa al líder autoritario, cuyo poder se basa en la organización marcial, la superioridad física, la superstición y el miedo.

Los críticos coinciden en señalar la gran originalidad de Golding como novelista. Se atreve a experimentar con sus personajes temas polémicos y fundamentales de una forma indirecta, con símbolos del bien, del mal, de la moral, del orden y de la destrucción evidentes pero raramente clarificados. En este sentido se aparta de la literatura contemporánea al enfrentar al lector a sus propias debilidades y miedos, al salvaje que subyace bajo la fachada del comportamiento civilizado y que se destapa con violencia cuando las circunstancias extremas lo requieren.

La maldad suele buscar en sus novelas un chivo expiatorio sobre el cual hacer recaer las culpas de la humanidad. Puede ser imaginario, como el monstruo de “El señor de las moscas”, pero finalmente se encarna el papel de chivo expiatorio en una persona, bien sea un niño, como Simon o un monstruo asesino, un virus…

El título de la propia novela alude a la maldad humana, representada por Belcebú, deidad filistea y posteriormente también perteneciente a la iconografía cristiana, que es conocido por este sobrenombre de Señor de las Moscas.

En nuestra realidad hemos comprobado como cuando Belcebú se aburre mata a millones de personas con el rabo, arrancando de cada sujeto los valores más ancestrales y recurrentes. Pocos son los civilizados fuera de la estricta disciplina social impuesta por el orden legal democrático y sí muchos los que aprovechan cualquier fragilidad del sistema para echarse en manos de la brutalidad de los sistemas destructores de derechos y dirigidos por una élite dictatorial edificada sobre el miedo y la violencia.

El argumento general de esta inmensa novela es esquemático, sazonado como un relato de aventuras, pero en el sustrato de su obra se oculta el patrón universal del mito del mal. En sus obras se desmarca de la utopía racional de H. G. Wells y de los que piensan que el origen del mal se encuentra en las estructuras y sistemas políticos. La violencia brota de las profundidades del hombre y es siempre la creadora de los modelos sociales destructores, como el nazismo. El ansia de poder y de autoafirmación es el que causa en los personajes de Golding la caída al estado de barbarie. Por eso la fuente de la violencia social es, para el autor, la propia naturaleza humana y las elecciones que hagan los hombres con su libertad.

Y en esas estamos nosotros, en las decisiones y elecciones sobre nuestra libertad…

Seremos capaces de ser reflexivos y mejorar nuestro sistema social para que no sea permisivo a los monstruos de Belcebú, o nos pintaremos la cara de ceniza, convertidos en salvajes a la caza del chivo expiatorio…

Que ustedes elijan bien…

 

VOX CARAVANLIBRO MOSCAS

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